El lugar común, en la perspectiva de las reflexiones de Molina Giraldo, está dado por el hecho de que los públicos de estos tres líderes, a partir de la construcción “de lógicas simbólicas, imaginarias y reales“, se enganchan en ese goce político capaz de sembrarles una satisfacción ilusoria, aún a costa de ellos mismos…
Por Alberto Morales Gutiérrez
Esa adhesión extrema que no admite la más mínima reflexión, la que se ejerce con total ausencia de pensamiento crítico, y en la que se asume una causa, una religión, o un personaje específico, como la representación única de la verdad total e indiscutible, es el tipo de conexión que define el comportamiento del fanático. Se ha dicho que la obnubilación en la que se sumerge el incondicional, adquiere unas dimensiones tales, que sus acciones terminan desafiando el sentido común.
Hay, tanto en nuestro país como en el mundo de hoy, una especie de conjunción de hechos que, aunque toman forma desde diferentes perspectivas, no puede negarse que en todos ellos el fanatismo opera como factor común. Hablo de hechos políticos y sociales en los que el nivel de involucramiento masivo de diferentes sectores de la sociedad es creciente, y en los que la agitación mediática y la movilización de opinión pública es innegable. En ellos, la ciudadanía ha adquirido un valor relevante y, en esa conjunción de la que hablo, su protagonismo no admite dudas en este momento.
Conocí un texto del profesor Jesús María Molina Giraldo elaborado en el 2012, para optar al título de Magister en Psicoanálisis, Subjetividad y Cultura, de la Universidad Nacional de Colombia y, aunque no comparto muchos aspectos de su reflexión, encuentro unas aristas valiosas que ayudan mucho a lo que quiero plantear para usted, hoy.
Comparto su idea en el sentido de que las ciencias políticas son dadas a explicar el discurso partidario desde la perspectiva de los intereses económicos y de clase, de las contradicciones existentes, de la ideología (todo eso es cierto), pero tienden de igual manera a minusvalorar las pulsiones afectivas, las subjetividades, que deben ser motivo de análisis y que, tales ciencias, consideran propias del territorio de la anécdota, pero no de la cientificidad que su análisis reclama.
Tomo de esa conjunción de hechos, tres en particular: el juicio a Álvaro Uribe Vélez, el estilo de liderazgo de Gustavo Petro y las narrativas y comportamientos de Donald Trump.
Me parece fascinante esclarecer cómo en estos tres personajes y sus actos, no solo se reafirma el axioma de la visión holística: “todo tiene que ver con todo” (los tres, de alguna manera, están relacionados) sino que con los tres se repita un ingrediente de sinergia con grupos importantes de sus seguidores, que impactan y contagian el estilo de su liderazgo y las servidumbres que cada uno de los tres desencadenan. Es preciso nombrar también las secuelas de intolerancia, violencia e irracionalidad de los fanáticos que los acompañan.
Los tres, por ejemplo, coinciden en la adopción de una narrativa que impacta a grupos significativos de las poblaciones con las que se interrelacionan, situándose “al nivel de las creencias e ilusiones colectivas” de cada uno de esos grupos y aludiendo “la trama compleja de dislocaciones, fracasos e incertidumbres del pasado/presente histórico” de los escenarios en los que han actuado o actúan. Ellos son respuesta inicial a los anhelos colectivos. Así, se construyen en la subjetividad de los tres líderes y sus seguidores, muchas intensidades afectivas.
En la perspectiva del planteamiento general de Molina Giraldo, se activan en esa “identificación” entre el líder y sus seguidores unas “fuerzas de cohesión” que, desde el punto de vista freudiano desencadena la repetición constante del fenómeno que protagonizaban los esclavos romanos, quienes merced a “la idealización e identificación sostenida con sus amos, participaban imaginariamente del goce de hacer parte de la grandeza romana” , lo que les hacía posible sobrellevar “la opresión y explotación a la que eran sometidos por su condición plebeya”
Tal cual.
Es evidente que Álvaro Uribe ha ingresado en una fase de decadencia personal y existencial, en la que su vulnerabilidad fue expuesta con la ineludible acusación formal por los delitos de soborno, fraude procesal y soborno de testigos, en los que fue comprometido. Este juicio hizo evidente también, el patético universo de las sombras que lo invaden, pues sus testigos, su abogados y las artimañas exhibidas para dilatar el tiempo, están impregnados todos de un halo delincuencial que resulta vergonzoso. Ya en ese escenario, no pudo recurrir a la frase emblemática que caracterizó la prepotencia desatada en su período de gloria, cuando quiera que le hacían cuestionamientos incómodos que jamás respondía: ¡siguiente pregunta! Una afirmación que sus seguidores, enajenados, aplaudían como una expresión de su hombría, su poder, su “jerarquía”. Era tan contundente su imposibilidad de responder, que ya no operaban sus artilugios retóricos, en los que se hizo experto para la confusión. Es de la antología del cinismo, su frase en este juicio: “yo no busqué testigos, pedí verificaciones”.
El último artilugio, que sus seguidores creen con fe ciega, es que este juicio es una conspiración del actual gobierno, cuando fue en el mandato de Duque, su elegido, que se formalizó el proceso.
Tiene aún reservas de su influencia, de la red protectora que ha construido, de relaciones con los poderosos, y es por ello que se escuchan voces que expresan ese “vínculo afectivo”, ese “goce”, esa identificación con lo que ellos creen que Uribe representa: “el gran colombiano”, el patriota”, “el héroe de la seguridad democrática”. Y entonces dicen: “Dios está contigo, adelante siempre, el Señor te bendiga”/ “Usted ama nuestro país y somos más lo que creemos en su integridad”/ “fuerza doctor Uribe, Dios y la patria te necesitan”. También amenazan: el senador estadounidense Bernie Moreno sentenció: “Colombia necesita parar el uso de la justicia contra el expresidente”/ “Colombia se encenderá” dicen sus seguidores en las redes.
Gustavo Petro, por su parte, está instalado en la narrativa de que se trata del líder de un “cambio revolucionario” que la derecha se ha empeñado en boicotear y que no lo deja gobernar. Todos los males que le han ocurrido, los torcidos de sus cuadros más cercanos, la corrupción de sus socios y amigos, son explicados como un “mal necesario” y son producto de una estrategia “brillante” con la que pretenden lograr el objetivo de una vida sabrosa para todos y para todas. La verdad es que las incoherencias de Petro son emblemáticas, borra con el codo lo que hace con las manos y viceversa. El predicamento de su “política del amor”, encaja como anillo al dedo en la lógica freudiana de los “lazos amorosos” que configuran esta variable en la identificación grupal con su liderazgo. Este ser amado está revestido de perfección y, desde luego, no se parece a nadie.
Uribe negoció con los paramilitares y el país vio a Mancuso y a los otros hablando en el congreso, sí, pero lo que Petro hizo con la oficina de Envigado al llevarlos a su tarima en el evento de la plaza pública es distinto, porque Petro quiere negociar con ellos para que dejen de delinquir por fin y cuenten la verdad.
Los hijos de Uribe hicieron todo tipo de negociados turbios, pero el caso de las andanzas delincuenciales de Nicolás Petro se deben a que Petro “no lo crio”, que es una cosa muy diferente.
Uribe se la jugó toda al TLC con Estados Unidos, pero Petro no ha impulsado ningún cambio en el TLC con ese país porque es producto de una estrategia más inteligente. Uribe se enriqueció con sus dádivas a las multinacionales, pero Petro al autorizar negocios de utilidades fabulosas para el español Grupo Ortíz, el tándem Argos-Odinsa- Mcquarie – Asset Management, tanto como para el Grupo Wallemberg (estos son unos pocos ejemplos) no son verdad y obedecen a calumnias de la derecha. Acusar a Israel de genocidio y seguir negociando con Elbit Systems (grupo israelí) y llevarlos a la feria aeronáutica de la semana pasada en Rionegro, es una cosa muy distinta. No estamos preparados para entender al más inteligente, más capaz de los estadistas que ha tenido Colombia en los últimos 150 años. Punto. ¿Improvisación, mesianismo? ¡Respete!
Trump, por su lado, es un truchimán transparente que transita por la vida como un tanque de guerra sin conductor. Es puro instinto, total ausencia de reflexión, habita en la actividad desmedida, tiene ideas obsesivas y apuesta todas las fichas a esa idea. No hay estrategia y no hay táctica, solo hechos diarios, frases diarias, pataletas diarias. No le teme al ridículo, es un adulto maleducado, terriblemente inculto, arbitrario, procaz y ordinario. Un patán. Acertó en proponer una América para los americanos (que grandes sectores de la ciudadanía necesitaban escuchar) y se enredó en las espuelas.
Y aún así, sus seguidores tienen la certeza de que “Trump lo va a arreglar todo” , lo que hace que emerja el mismo delirante raciocinio en el sentido de que el Señor de los cielos está de su lado, como está del lado de Uribe: “Con Trump, Dios pondrá todo en orden”. Trump es “el titán”, su lugar está en el Olimpo. Las últimas intervenciones en reuniones del gabinete han mostrado a un Trump que, como Petro, divaga incoherencias. La semana pasada empezó contando la anécdota de una visita que hizo a la casa de Marco Rubio y se fue yendo a narrar el vuelo de los patos y cómo estos se encuentran con la luz…
El lugar común, en la perspectiva de las reflexiones de Molina Giraldo, está dado por el hecho de que los públicos de estos tres líderes, a partir de la construcción “de lógicas simbólicas, imaginarias y reales“, se enganchan en ese goce político capaz de sembrarles una satisfacción ilusoria, aún a costa de ellos mismos…

18 respuestas a «Siguiente pregunta…»
Alberto miró con extrañeza que a lo largo de sus columnas no le reconoce ni un solo mérito o logro a Petro y al contrario lo compara con Uribe y Trump sus antípodas. Ese antipetrismo cerril no será también un fanatismo no confesado? Un abrazo y espero que podamos reencontrarnos
Hola Aparicio. Me gusta mucho verte por aquí. Creo que todo es cuestión de perspectiva. De verdad, no creo que haya una condición de antípodas entre los tres personajes, pero esa es, desde luego, mi creencia. Instalarse en una creencia tiene riesgos, no lo dudo. El riesgo de estar equivocado. Pero, ¿ qué sería de nosotros sin ideas ni ceencias? Me gusta mucho la idea del reencuentro. Muy bueno sería organizarlo. Abrazo.
Excelente observación periodística. Toca el fondo del “oximoron actual” desde Neron , Calígula y hasta Cosiaca; cada uno se ufanó hasta ver incendiar a la vieja casa con su perorata crapular….
Gracias Juan por tu lectura y comentario. Es cierto…todo se está incendiando.
En conclusión estamos jodidos. A nivel nacional no veo quien pueda enderezar este entierro, y a nivel internacional todavía menos.
Hola Eduardo. Gracias por pasar por aquí y comentar. Creo que las condiciones del mundo actual, el desafuero de las redes y la ausencia de pensamiento crítico han desencadenado un fenómeno de protagonismo desaforado a personajes cuyas capacidades son discutibles y eso construye el peor de los escenarios. Abrazo
Bueno, Dr. Uribe; usted ya fue juzgado y encontrado falto por algunos esclarecidos juristas que bajaron desde la nube en qué se encontraban apoltronados y opinaron en esta columna que usted era culpable y por ende, dictaron su fallo: Culpable. Así pues, mi doctor, que a pagar su pena y que mi Dios lo acompañe. ¿Contentos mis queridos mamertos?
Hola Eduardo. Gracias por leer y por opinar. El mensaje que, con muy buen humor, envías al doctor Uribe tiene dos imprecisiones que me parece razonable expresarte. La primera es que no hay en la columna presencia, ni tácita ni expresa, de juristas que dicten fallo. Son los jueces quienes deben hacerlo. Desde luego que entiendo la intención de tu respuesta y no asumo que estés hablando literalmente. La segunda es que el juicio al doctor Uribe es, en el sentido estricto de la palabra, un j u i c i o legal que se ha desarrollado públicamente y en el que se ha brindado la oportunidad de que tanto sus abogados como él mismo presenten sus alegatos, por lo que la “contentura” no es una expectativa de quienes vemos críticamente la vida y hechos del enjuiciado, sino la expectativa de justicia. No está por demás recordarte que esta es una columna de opinión, sólo de opinión, nada más que de opinión, y que no todas las opiniones que emite tienen que coincidir con las de lectores. Lo emocionante y decididamente inteligente es que todos disfrutemos de esa diversidad de ideas y de argumentos. ¿No te parece? Un abrazo.
Gracias, Alberto. Cuando digo “jurista”, me refiero al abogado que es nombrado Juez. Y el juicio al Dr. Uribe será todo lo que los opinadores, de está y otras columnas digan, menos ecuánime. Nuevamente gracias por tu extensa respuesta, Pero en ningún momento quiero entrar en un debate contigo, la llevaría perdida.
Hombre Eduardo, ni más faltaba. Como habrás notado, este espacio de opinión es abierto a todas las ideas. Creo que un mundo en el que todos pensáramos igual sería bastante aburridor. Tengo la certeza de que un mundo en paz solo puede concebirse desde el respeto a la diferencia.Abrazo
Este entuerto
Eso es, ¡un gran entuerto!
Conclusion quienes han manejado el mundo y lo siguen manejando cometieron y sigeuen cometiendo toda claes de barbaries, corrupcion hechos abominables por que su pder esta basado en la ignorancia y estupidez de sus gobernados (pan y circo)
No dudo Jesús, que la ignorancia,la ausencia de pensamiento crítico, la vocación de “tragar entero”, hace parte de los componentes cognitivos que contribuyen a la propagación de la barbarie. Muchas gracias por leer y paticipar.
Las narraciones mitológicas constituyen una forma de aglutinar a grandes masa sin siquiera reflexionar un instante. Las narraciones mitológicas se legitiman en tanto la acojan y la hagan suya miles de “fieles”. Esto es así desde milenios y las religiones son muestra de ello. Esto y las luchas políticas han sido las causa de aglomeración y aún de guerras. Hay narraciones mitológicas globales y también, regionales y aún locales. Y esto es importante en la creación de naciones, estados y comunidades. Narración mitológica y luchas políticas van de la mano. Todo poder se conquista por luchas políticas y narraciones mitológicas. Detrás de las narraciones mitológica y la luchas políticas no está la verdad pero tampoco la mentira. !ojo¡ Tildar de ignorancia a las comunidades que siguen los mencionados discursos es riesgoso y -por decir lo menos- muy poco crítico. En la “amada” academia ha funcionado desde siempre la narración mitológica de que los griegos eran -y son- poseedores de eterna sapiencia. ¿Quieres saber la verdad? Lee a Platón. ¿Quieres saber el origen de todo? lee a los griegos. Y esto funciona. Quien no ha leído a Platón está en la olla. ¿?¿?¿?¿?
Hola Hugo. Muchas gracias por tu lectura y comentario. Pienso que el pensamiento crítico (que es lo que debemos alimentar) debe contribuir a poner en tela de juicio las “verdades” institucionalizadas.
Hola querido Alberto.
Disfruto mucho leer tus columnas.
Algunas rebasan mi conocimiento pero, sin duda, me encanta leerte y encontrar esas frases poderosas, a veces diabólicas, otras veces profundamente ciertas y ,en general, escritas con tantas ganas.
¿Los contenidos? De todo mi gusto. Me siento identificada la mayoría de las veces. Y cuando esto no ocurre, releo, pienso y desapruebo, pero al final concluyo que, me guste o no, sigo esperando tus escritos.
Un abrazo bien grande.
¡Esperanzaaaa!, ¡qué felicidad verte por aquí! muchas gracias por tu estimulante comentario. Un abrazo.