¿Quién recuerda, a estas alturas de la “civilización”, ese predicamento sobre la imaginación y la creatividad que eran propios de la especie humana? Irracionalmente aferrados a la idea de que la ciencia es el dato y que el algoritmo es la sabiduría, hemos resignado en esas dos variables la “explicación” de todo lo que es posible en el universo. No hay manera de concebir más imbecilidad que la que estamos protagonizando en los tiempos presentes.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Es muy probable que usted no sepa quién fue Stéphane Fréderic Hessel, el diplomático, escritor y activista de origen judío nacido en Berlín en 1917, nacionalizado en Francia en 1935 y quien falleciera en París en el 2013. Tuvo Fréderic Hessel gran resonancia en los años 2011 y 12, a raíz de la publicación en las navidades de 2010 de su ensayo “¡Indignaos!”.
Stéphane, un francés en el estricto sentido de la palabra, perteneció a una familia acomodada y de gran actividad intelectual. Fue miembro de las fuerzas de resistencia de ese país; capturado por los alemanes, torturado y confinado en el campo de concentración de Buchenwald. Se salvó de la ejecución al cambiar su identidad por la de otro recluso que había muerto de tifus.
Cuenta en su autobiografía (“Mi baile con el siglo”. Planeta 2011) que aprendió a jugar al ajedrez con el muy célebre Marcel Duchamp, quien al lado de personalidades tales como Le Corbusier, Breton o Picasso, eran asiduos en su casa.
Fue un intelectual notable. Hizo parte de la comisión que, al terminar la Segunda Guerra Mundial, se encargó de redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Político, diplomático (embajador de Francia ante las Naciones Unidas) se destacó por su crítica a las atrocidades cometidas en la franja de Gaza y su defensa de la causa palestina. Su declaración es contundente: “Que los propios judíos puedan perpetrar crímenes de guerra es insoportable”.
¡Indignaos! fue publicado cuando Hessel cumplió 93 años y su efecto fue completamente impredecible. Se reconoce en ese texto la inspiración del Movimiento 15-M que “marcó un punto de inflexión, al poner de manifiesto cambios que ya estaban en marcha, como una transformación en la configuración de los partidos políticos en España”. El 15-M fue también una manifestación “del efecto aplastante de la recesión de 2008” que condenó a millones de personas a la pobreza y “robó el futuro a muchos jóvenes de Europa y EEUU”
Se asocian esas movilizaciones a fenómenos tales como la Primavera Árabe, al movimiento “Occupy Wall Street” en USA y la llegada de la coalición de izquierda Syriza a la escena política griega, e incluso “a las protestas populistas de los “chalecos amarillos” franceses”. Se le atribuye, de igual manera, el surgimiento del muy efímero “Podemos” en la política española.
Todo fue breve. Este canto a la libertad; esta invitación a la cólera frente a la injusticia; este llamado a observar bien las cosas insoportables de este mundo, a buscar bien; este clamor por derrotar la indiferencia; esta convocatoria a la indignación, fue dolorosamente efímera. Tal vez nadie la recuerde ya.
La “brevedad” insoportable del mundo contemporáneo lo inunda todo, lo permea, lo atosiga, lo destruye todo. El amor es efímero, la amistad es efímera, la paz es efímera. Son efímeros los pensamientos y las reflexiones, las alegrías, las esperanzas. La brevedad se impone. Deben ser muy breves los textos, las conversaciones, las ideas, los sentimientos, los encuentros. Es breve el tiempo que nos ha sido dado, breves las relaciones, las lealtades. Lo efímero es el signo de la era de la información. Es efímero el saber ser.
A manera de ejemplo, y aunque existen otras múltiples miradas, el filósofo lituano Emmanuel Levinas en su teoría de la alteralidad, define los cinco planos o dimensiones fundamentales de nuestro ser: la dimensión metafísica, la religiosa, la dimensión subjetiva, la lingüística y la dimensión ética. Todas ellas son efímeras hoy, podemos cambiarlas de un día para otro, podemos anularlas (¿no siente usted que la ética, para mencionar solo una, ya ha desaparecido?)
En 1980, Estanislao Zuleta leyó en la Universidad del Valle su célebre ponencia “Elogio de la dificultad”. Se refirió en ella a esa impotencia de la imaginación que nos hace asumir a la felicidad como paraísos inventados, islas afortunadas, “países de Cucaña”. Describe esa pobreza como soñar en “una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por lo tanto, también sin carencia y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición…”
Esa es la insoportable brevedad de ser, a la que nos han conducido. “Deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida”
¿Quién recuerda, a estas alturas de la “civilización”, ese predicamento sobre la imaginación y la creatividad que eran propios de la especie humana? Irracionalmente aferrados a la idea de que la ciencia es el dato y que el algoritmo es la sabiduría, hemos resignado en esas dos variables la “explicación” de todo lo que es posible en el universo. No hay manera de concebir más imbecilidad que la que estamos protagonizando en los tiempos presentes.
La verdad es que hoy, la humanidad toda se ha detenido, estancada en el paraíso de lo breve.
El entomólogo y biólogo estadounidense Edward O. Wilson (Alabama 1929-2021) publicó “Los orígenes de la creatividad humana” (Crítica 2018) un texto en el que hace una sugerencia razonable: necesitamos explorar con mucha más profundidad -dice- el significado de la humanidad, “¿por qué existimos en oposición a no haber existido nunca?” Y todavía más: “¿por qué nada que se pareciera ni remotamente a nosotros, existió antes en la Tierra?”.
Reivindica que el “santo grial” que hay que buscar es “la naturaleza de la consciencia”, para concluir con el imperativo de configurar una nueva alianza: “científicos y estudiosos de las humanidades, podrían servir como líderes de una nueva filosofía, una filosofía que mezcle lo mejor y más relevante de estas dos grandes ramas del saber”. Su esfuerzo sería “la tercera Ilustración” pues “a diferencia de las otras dos, esta bien pudiera durar”.
La verdad es que el conflicto entre la ciencia y las humanidades es una invención. Realmente no existe. Son complementarias. Edward O. Wilson propone que retornemos las épocas heroicas del intelecto.
Ojalá estemos a tiempo de iniciar esa nueva aventura del pensamiento. Siempre, siempre, siempre, hacernos a la idea de que el verdadero heroísmo de hoy es atrevernos a pensar. Pensar críticamente, llevar la contraria. Atrevernos…
P.D. Encuentre en www.alalberto.com todas las columnas, artículos y reportajes. Puede escribirme a alberto.morales@moralescom.com

17 respuestas a «La insoportable brevedad del ser.»
Venezuela no necesita un salvador armado
Por Jesús Heraldo Rueda Suárez
Decir que Nicolás Maduro es un mal gobernante ya no es una opinión: es un hecho sostenido por la realidad, por los números y por el sufrimiento prolongado de millones de venezolanos.
Decir que además ha sido un mal administrador del poder y de la dignidad humana tampoco es exageración: es la consecuencia lógica de años de autoritarismo, corrupción y cerrazón política.
Maduro debió salir hace tiempo. En eso no hay ambigüedad.
Pero de ahí a creer que Estados Unidos y en particular Donald Trump
actúa movido por razones humanitarias o por un altruista combate al narcotráfico, hay un trecho enorme… y peligrosamente ingenuo.
La política exterior de Estados Unidos no se mueve por compasión, se mueve por intereses: Económicos, geopolíticos, estratégicos.
El discurso cambia, el objetivo no.
Y Trump, menos que nadie, NO ha demostrado sensibilidad por los pueblos: su brújula apunta al negocio, al poder y al control. No a la gente común.
Si el problema fuera la falta de democracia o el narcotráfico, la pregunta es inevitable:
¿por qué no Cuba?
¿por qué no Nicaragua?
¿por qué Siria nunca fue prioridad real?
La respuesta es incómoda, pero clara: no todos los países tienen el mismo valor en el tablero.
Venezuela sí lo tiene. Por su petróleo, por su ubicación, por su peso estratégico.
Y cuando los recursos entran en juego, la narrativa moral suele aparecer como simple envoltorio.
La historia reciente debería vacunarnos contra el autoengaño. Irak fue “liberado” y quedó destruido.
Libia fue “rescatada” y terminó fragmentada.
En ambos casos, el petróleo siguió fluyendo… pero los pueblos quedaron atrapados entre el caos, la violencia y la miseria.
Mucho petróleo, poca paz. Mucha retórica, poca humanidad.
Venezuela no merece repetir ese libreto.
No merece cambiar una opresión interna por una tutela externa.
No merece que su destino se decida en despachos lejanos ni en campañas electorales ajenas.
Venezuela merece otro futuro, sí. Pero uno definido por los venezolanos.
Con presión internacional, con acompañamiento, con diplomacia firme si se quiere.
Nunca con invasión. Nunca con salvadores armados que llegan con banderas… y se van con contratos.
Defender esto no es defender a Maduro
Es defender a Venezuela.
Es entender que la soberanía no es un lujo ideológico, sino una condición mínima para reconstruir un país sin convertirlo en botín.
La salida debe ser venezolana, dolorosa quizá, compleja sin duda, pero propia.
Porque cuando otros “liberan” a un país, casi siempre alguien cobra… y casi nunca es el pueblo.
El futuro no se impone con tanques.
Se construye con dignidad, memoria y decisión.
Hola Jesús. Muy pertinente y oportuna tu reflexión.
Siempre he sospechado que los mejores humanos del periodo helenístico tambien se sorprendieron al darse cuenta que la naturaleza les había jugada una trampa lujuriosa llevándolos por un camino sin sentido, como hoy lo experimentamos frente al algoritmo y la IA.
Hola Eduardo. Pienso que la historia de las civilizaciones refleja siempre avances y también “trampas lujuriosas”. Pero lo que ha ocurrido en los últimos 70 años es tan brutalmente concebido, que rebasa todas las previsiones. Creo que la humanidad ha perdido, dentro de muchas otras cosas, el instinto de la supervivencia. Somos espectadores hoy de una fase de autodestrucción sin precedentes. Muchas gracias por leer y comentar.
Venezuela salió de las llamas para caer en las brasas. Es como si aquí Trump se hubiera llevado a Petro y nos hubiera dejado gobernando a Cepeda. Se llevó al títere venezolano, pero dejo libre a los titiriteros: Cabello, Padrino, los hermanos Rodríguez, etc. y todo ésto, no es sinó por el petróleo venezolano, así juren que es solo por la mejestad de la justicia. ¿ Por qué nunca hicieron esto con Cuba? Por qué Cuba no tiene recursos, Cuba ya ni azúcar tiene.
Hola Eduardo. Parece ser que hubo complicidad adentro del régimen para garantizar el éxito de esa aberrante operación de secuestro.
Con tener el apellido Uribe, queda dicho todo!!!
Maria Eugenia, hola. Creo que no hay nada más emocionante y constructivo que la deliberación inteligente, razonada. La deliberación que no es simplista. Aquella que reivindica la diferencia desde el argumento…
Nena, querida, no sé si me estás insultando o quizás elevando mi orgullo familiar por mis apellidos, si lo primero te excuso, si lo segundo te lo agradezco. Yo no discuto ni peleo con ninguna mujer, las respeto y las admiro.
Total y dolorosamente de acuerdo, aunque la historia demuestre que la barbarie ha sido omnipresente durante toda la existencia de la humanidad
Muchas gracias Elkin. Sí, es un escenario doloroso
Totalmente de acuerdo con don Jesús. No alado nada más
Eso Hugo. Gracias
De acuerdo. Hay que recuperar el pensamiento, pensando, para recuperar este mundo y al hombre perdido, sumido en la levedad descrita.Y quién lo harà? Quién harà esa tarea? Los jóvenes de hoy, primeras y mas importanes víctimas de esta degradación?
Hola Benjamín. Muchas gracias por leer y comentar.Tengo fe en Què el pensamiento crítico sea asumido por todas las personas rebeldes e insumisas, sin importar su edad. ¡Ojalá
Ya extrañaba tus columnas. Me llego ésta por el “Correo no deseado”.
La brevedad corra parejas con la “cultura del entretenimiento”: mientras más largo y generoso sea el entretenimiento, más breve será el pensamiento. Estar entretenido es no pensar, o no hacerlo en términos de tener la atención puesta en un distractor nacido del “no hacer”, sólo sentir y esperar gratificación instantánea y reflejarlo así, como el perrito de Palvov, satisfecho.
Existe otro producto del “No pensar” , de detener el diálogo interno y es el de dividirnos entre el espectador y aquel que piensa. O usar sin pensamiento ese espacio entre los dos sin la pretensión de ser entretenido. Es interesante y a veces “demasiado entretenido” per se, pues es allí donde se ubica TODO, todo de lo que nunca aprendiste a disfrutar: el mundo del amor y la abundancia del asombro por la riqueza que no hemos “visto”, allí te puedes hacer mil preguntas y si estás de buenas, empezarás a dilucidarlas de a poco y te sobrarán motivaciones para estar creativamente entretenido, Además de la compasión ( no lástima) dirigida hacia tus mismos congéneres, puesto que te brotará un anhelo de dignificación incluyente muy bello; además de un abrazo y un dulce compromiso político lleno de conocimiento y amor.
Sólo eso: AMOR
Hola Jun Fernando. Muchas gracias por participar. Tiene vocación de axioma tu afirmación: “mientras más largo y generoso sea el entretenimiento, más breve será el pensamiento”…¡carpe diem!