Los medios colombianos, tan dados a cohonestar con las artimañas del poder, no dieron resonancia a un hecho bastante revelador: que el 18 de abril de 2018 Brittan Kaiser, ex directora de Cambridge Analytic, se refirió a nuestro país durante sus declaraciones ante una comisión del Parlamento Británico, y sostuvo que entró en contacto con tres campañas presidenciales en Colombia. Recalcó (¿cómo no iba a hacerlo?) que “nunca llegó a acordar una acción concreta”.
Por Alberto Morales Gutiérrez
La mentira ha estado ahí desde siempre, nació con nuestra especie. Somos los únicos animales que mienten.
Emil Cioran caracterizaba a la mentira como una especie de talento. No es una afirmación absurda, porque para mentir se requiere inteligencia, imaginación y lenguaje. La mentira exige anticiparse a la reacción del otro.
El psicólogo español Rubén Darío García León afirma con convicción, que el cerebro humano es “una máquina de deformar la realidad, de olvidar y de mentir”. Karl Popper va más allá, plantea que la posibilidad de la mentira ha propulsado el lenguaje y sería un constituyente antropológico esencial y universal.
Las discusiones sobre el tema de la mentira y el engaño han girado alrededor del impacto que produce en las relaciones sociales, en las interacciones y sobre todo en la ética, que es una de las más poderosas construcciones de nuestra especie.
Lo evidente es que existe una relación directamente proporcional entre el engaño y su impacto. Es por ello que existen mentiras piadosas, mentirillas, mentiras sociales, en fin. Las consecuencias y la intencionalidad del engaño son las que finalmente dan grado y nivel a la reprobación de este.
Durante miles y miles de años fuimos capaces de convivir con la mentira pues, paradójicamente, ella nos enseñaba a comprender, de igual manera, la dimensión del bien, de la ética y de la integridad.
Lo nuevo y decididamente grave, es que en poco menos de una década, la mentira se ha convertido en una baba espesa, densa y maloliente, que empezó a extenderse por toda la superficie de la tierra y se apoderó de todos los escenarios, moviéndose con propiedad en todas las esferas, convertida en una poderosa herramienta de control, que enajena todo lo que toca. Mentir se ha transmutado en una “ciencia”.
Las denominaciones contemporáneas de la mentira son diversas: eso que en el pasado era referido como bulo, o rumor, o propaganda negra; ha adoptado nombres como los de desinformación, fake news, o posverdades. Su descomunal auge está ligado al impacto estruendoso de las redes sociales y a dos de sus variables más destacadas: la primera, que ellas han mutado a convertirse en un ecosistema informativo y la segunda, que funcionan en forma descentralizada.
En 2011, el abogado y activista norteamericano Eli Pariser publicó su libro “Filter Bubble”, El Filtro de Burbuja (Taurus 2014) en el que hace referencia al funcionamiento de los algoritmos de búsqueda y sus efectos perversos. Cada uno de nosotros, en nuestra relación con la web, va dejando una huella de la manera como nos comportamos en la misma: qué temas preferimos, cuáles son nuestros gustos y preferencias en información, curiosidades, moda, farándula, noticias. La web escucha nuestras conversaciones y las sistematiza. No se requiere mucho tiempo para que cada uno de nosotros quede debidamente “perfilado”. A partir de ese historial de navegación, el historial de nuestras búsquedas y nuestra ubicación, la web hace “suposiciones” sobre lo que cada uno de nosotros preferiría ver. En consecuencia, al prender nuestro computador o utilizar nuestro teléfono, empezamos a protagonizar un “aislamiento intelectual” pues vemos solo lo que queremos ver, escuchar lo que queremos escuchar. Toda la argumentación que recibimos está concebida para reforzar nuestras creencias.
Los expertos en marketing convirtieron el algoritmo en su “santo grial” para manejar las ofertas de bienes y servicios por la web y, desde luego, manipular a su antojo.
Pero es el año 2016 el que marca la irrupción devastadora de la mentira en la manipulación de la opinión pública, con la entronización de las “fábricas de troles” o “bodegas”. La institucionalización de su uso en las campañas políticas, en los referendos, plebiscitos y consultas populares, permitieron entender la dimensión aterradora de sus efectos y sus impactos en la vida democrática.
Se trata de operaciones siniestras, coordinadas y de altísima eficiencia, a través de las cuales se implementan estrategias de guerra psicológica y extorsión. Son, decididamente, ejercicios de crimen organizado.
Se recurre a la creación de cuentas falsas, diseñadas y pagadas para impactar (de manera negativa o positiva) la imagen de sectores políticos, a actividades empresariales, a líderes o personas.
Es de público conocimiento el trabajo realizado en Colombia en el plebiscito por la paz en el año 2016, y el entramado de mentiras, distorsiones y falsas noticias con el que se configuró el triunfo del NO.
En el mismo año, la campaña Trump- Hilary Clinton, se vio enrarecida por la acometida de las granjas de troles, sus artículos inventados, su desinformación, que fue construyendo en torno a Trump una verdadera horda de fanáticos carentes de ningún pensamiento, que aceptaban sin objeción sus afirmaciones incoherentes, su vulgaridad y sus desatinos, como hechos protagonizados por un hombre que, según ellos, tiene dimensiones descomunales.
Idéntica suerte exitosa y con los mismos mecanismo y artilugios se vivió en Inglaterra con la campaña del Brexit y su salida de la Unión Europea.
En estos tres ejercicios de la ciberguerra que la ultraderecha del mundo decidió liderar, gravitó la presencia de Cambridge Analytica, la oscura compañía británica cuyo “modus operandi” y actividades se viralizaron ampliamente luego de las investigaciones realizadas.
Los medios colombianos, tan dados a cohonestar con las artimañas del poder, no dieron resonancia a un hecho bastante revelador: que el 18 de abril de 2018, Brittan Kaiser, ex directora de Cambridge Analytic se refirió a nuestro país durante sus declaraciones ante una comisión del Parlamento Británico, y sostuvo que entró en contacto con tres campañas presidenciales en Colombia. Recalcó (¿cómo no iba a hacerlo?) que “nunca llegó a acordar una acción concreta”.
Lo que es decididamente incontrovertible hoy, es que a nivel global, tanto desde los frentes opositores como desde las filas de los gobiernos nacionales, la práctica de recurrir a las “bodegas” o “granjas de troles” en la discusión política se ha institucionalizado. La mentira, la desinformación, la posverdad, las “fake news” se han instalado con solvencia en la vida cotidiana, de manera tal que cada bando se comporta ajustado a la descripción académica de los “rebaños digitales”, un comportamiento ciego, que ha envilecido totalmente a la política contemporánea.

14 respuestas a «De mentiras, engaños y otros brebajes…»
Te juro que nunca he mentido. La más recurrente de las mentiras
Hola Camilo. Tienes razón. Nos gusta caminar por la vida habitando en la mentira de que nosotros nunca hemos mentido. Es extraña la naturaleza humana. Muchas gracias por leer y comentar.¡Un abrazo, hombre!
Me gusta la entrada de la vendedora de mentiras la inglesa Kaiser.. no pudo venderle a los culebreros..
Luego está aquello de Popper que si bien va directo al punto me parece que oculta lo evidente..: de la boca nace el acto..!
Lo de la ética si es una mentira transitoria para poder evitar ir mas profundo y gracias al universo hoy estamos presenciando la destrucción de toda esa “ ética” mundial…
La mentira y el engaño son elementos estructurales del universo para poder moldear la dirección del pensamiento y del acto emocional. José Ingenieros lo estudió y clasificó en los años 50 con su libro la simulación en la lucha por la vida.
Y ahora estamos experimentando el teatro kabuki con los vecinos de la galaxia que estan volando y sobrevolando, apareciendo y desapareciendo en cielos y jardines…de modo que lo que llamamos mentir es en realidad una parte del método cuántico.. que deberíamos llamar “ cuéntico..”
Eduardo gracias por este texto. El sentido del humor sabrá salvarnos. Abrazo
Don Alberto. Que bueno saber cuáles fueron las tres campañas presidenciales de 20018, en Colombia, a las que la Sra. Káiser “ nunca llegó a acordar una acción concreta”.
Hola Olmedo. No, no las mencionó en sus declaraciones, pero las intuyo…
… campañas presidenciales del 2018 …
Jmmm si!
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Hola Juan Fernando. ¿Será que lo vuelves a intentar? No entiendo que pudo haber ocurrido.
Muy raro.
No, solo que la verdad de la realidad colombiana es evidente, y por más Fake News y manipuladera, es imposible ocultarla, más ahora cuando la lucha de “bodegas” también la mostró de frente y escuets. El lenguaje de la precariedad es evidente, así se quiera ocultar.
Saludos.
Hola Juan Fernando. Muchas gracias por tu lectura y comentario. Tienes razón, ya las fake news tampoco pueden ocultar la debacle.
La gran mentira del 2026 está por verse. Trump es el principal actor, director y productor. Ha dicho no permitirá en AL ningún presidente que no sea genuflexo al imperio. Y lo está logrando. Todas las “bodegas” están a su servicio. Y si eso no resultado, pues, hay otros métodos. Casi no les resulta en Honduras pero lo lograron. Presidentes de derecha extrema en todos los países. Faltaa Brasil y Colombia. El dictador Donald está dispuesto a todo para lograrlo. Y por supuesto la mentira es valiosa. En Argentina salió adelante un tipejo, Milei, que sesi meses antes era un completo desconocido. Ya en Colombia un oscuro, desconocido total, un nadie, sacó casi 10 millones de votos. Y casi nos lo montan. Mentiras de todo tipo y a la orden. Es lo de ahora.
Hola Hugo, muchas gracias por leer y comentar. Este desorden es inducido.