Esos entramados de corrupción en las administraciones públicas, esos desafueros con los contratistas, esas guerras territoriales, esos negociados con las drogas; todo eso son “los negocios socio”. Los negocios que se nutren del silencio; los negocios y los negociantes que, de manera recurrente, salen de caza y sacrifican a los periodistas, y sacrifican a los otros y a las otras…
Por Alberto Morales Gutiérrez
Era todavía un niño cuando quedé atrapado en las redes de un poema “nadaista”. Lo había escrito “Mario el malo” y, ya adulto, quise saber quién era el personaje que lo escribió, pero no encontré noticias de él. Perdí el libro y toda referencia. No, no era Mario Escobar, ni tampoco Jotamario Arbeláez.
El poema es de una contundencia absoluta y su lección quedó grabada en mi memoria para siempre. Determinó de qué lado estaría mi visión de la justicia, de qué lado estaría mi conciencia.
“hablando de la guerra,
Dijo el pajarito a su mamá:
Madre, préstame la cauchera,
Que me voy a matar niños al parque…”
Hoy, agobiado con el asesinato de Mateo Pérez Rueda; impactado por su valentía, lo temprana de su edad, la barbarie de sus criminales; este poema se me vino encima y no he podido, no he querido sacudirme de su presencia.
Matar periodistas es una vocación canalla que ejercen personas cuya ruindad y bajeza es de dimensiones colosales. Es un acto consciente, selectivo, intencional, perverso. Para el criminal es la solución a una incomodidad. No le gusta lo que el periodista hace, lo que el periodista dice. Matar al periodista es la “victoria” de los cultores del silencio. La verdad es que al periodista no lo matan, lo cazan. El periodista es una presa.
¿Qué hacía Mateo para que esa gente tomara la decisión de asesinarlo?
Hacía periodismo, hacía lo que los expertos llaman “el primer borrador de la historia”. Esta frase, de profundo significado, es lo que explica que la democracia no pueda funcionar sin periodismo y sin comunicación. Los regímenes dictatoriales, autoritarios, institucionalizan la censura, no permiten la libertad de prensa y, en consecuencia, no existe en ellos el periodismo; no lo permiten, no lo entienden, no le dan significado alguno. La mordaza y el silencio es lo que los caracteriza.
Un documento de la Universidad de Antioquia resalta, en términos conceptuales, que el ejercicio profesional del periodismo “cumple la función social de darle vida a los derechos básicos ciudadanos de las libertades de expresión, información y prensa”. Resalta que tales derechos básicos son a su vez la expresión de los principios éticos humanistas en los que se basa la democracia participativa. Es cierto.
Dos periodistas: Bill Kovach y Tom Rosenstiel sostienen en “Los elementos del periodismo” (Ediciones El País. 2004) que su existencia se explica por el propio deseo de conciencia de la humanidad “que responde a la necesidad de comprender el mundo”
Por ello, cuando Mateo comunicaba con coraje los temas propios de la vida en las comunidades de Yarumal, Briceño, Valdivia e Ituango, y ponía en evidencia la corrupción administrativa, y abordaba los temas de orden público y de seguridad, y daba cuenta de las movidas en la política local, y refería los temas de violencia y del control armado de los grupos ilegales; hablaba expresamente de los temas que afectaban a las comunidades, esas comunidades que tenían la necesidad de comprender su mundo. Visibilizaba, denunciaba con valor.
Ponía el dedo en la llaga y entonces lo acosaban, lo perseguían. Lo demandaban por lo que decía, lo citaban a los juzgados, lo presionaban con tutelas. Y él, con sus escasos 25 años, persistía, persistía. Estudiaba periodismo en la Universidad Nacional, se formaba, aprendía y escribía y difundía. Su medio, “El Confidente”, ya era reconocido y aceptado. Mateo era ya un periodista.
Quienes tenían la intención de silenciarlo, los de los oscuros intereses, no podían soportarlo.
Desapareció desde el 5 de mayo y tres días después encontraron su cadáver en una zona rural del municipio de Briceño. Se había metido a la cueva del lobo para hacer preguntas que en esa zona de disputa entre el Clan del Golfo y el frente 36 de las disidencias de las FARC, no tenían interés en responder. ¡Nada se debía saber!
La FLIP ha destacado que, con este crimen contra Mateo, se eleva a 22 el número de periodistas asesinados en Antioquia y a 170 en Colombia, según las cifras que ellos tienen registradas desde 1977.
Durante el gobierno de Gustavo Petro los periodistas asesinados ascienden a 8. No es un dato irrelevante y es preciso destacarlo, porque en su pronunciamiento a través de la plataforma X en el que hace referencia a este caso, el presidente afirmó que “Mateo fue asesinado por Jhon Edison Chalá Torrejano del frente Darío Gutiérrez, que es un grupo dividido del frente 36, hoy completamente fragmentado en diversos grupos delincuenciales. El asesinato ocurrió en la vereda el Hoyo del municipio de Briceño”. Y se apresuró a aclarar que con la banda de Chalá, que es el jefe de finanzas del referido frente, no hay ningún tipo de negociación.
Tenía que hacerlo, debido a la larga relación de este gobierno con Alexander Diaz Mendoza, alias “Calarcá”, en el marco de su estrategia de la “Paz Total”. Recuerde usted que una vez dividido el Estado Mayor Central de las disidencias, “Calarcá” se erigió como el comandante del Bloque Magdalena medio y otros bloques.
Para nadie es un secreto que la asignación del rol de gestor de paz que ejerció temporalmente, tener un puesto en la mesa de negociaciones y la suspensión de operaciones de la fuerza pública, le permitieron expandir su presencia y llegar a territorio antioqueño, sí, a Briceño, San Andrés de Cuerquia y Amalfi.
¿Recuerda usted que en julio del año 2024, una caravana de camionetas blindadas de la Unidad Nacional de Protección UNP fue interceptada por un retén militar en Santo Domingo Antioquia y se armó un escándalo porque en ella iban personajes de la guerrilla con órdenes de captura vigentes?, pues sí, en ellas se estaba movilizando “Calarcá”, con protección estatal.
Mateo indagaba sobre un hecho que estaba impactando de manera desgarradora a su comunidad: el enfrentamiento entre las fuerzas de “Calarcá” y las del Clan del Golfo, por el control territorial.
No es, desde luego, un control territorial inspirado en una causa ideológica, no. Es una confrontación con intereses económicos asociados a recursos de minería ilegal, rutas del narcotráfico…¡los negocios, socio!.
Y entonces ¿por qué se configuran disidencias dentro de las disidencias? Por ¡los negocios, socio!
Esos entramados de corrupción en las administraciones públicas, esos desafueros con los contratistas, esas guerras territoriales, esos negociados con las drogas; todo eso son “los negocios socio”. Los negocios que se nutren del silencio, los negocios y los negociantes que, de manera recurrente, salen de caza y sacrifican a los periodistas, y sacrifican a los otros y a las otras…
