Por Alberto Morales Gutiérre
La “patria milagro” ya empezó a tomar forma. No existe duda sobre qué es y cómo se hace. Se trata de esa patria idílica, sacrosanta, en la que merced al poder absoluto de la misericordia divina, la felicidad inundará nuestros corazones y la vida de los colombianos empezará a transitar por el camino de la salvación. ¡Gloria a Dios, gloria a Abelardo!
La ministra de educación, Vivian Morales, y la directora del ICBF, María Carolina Restrepo, constituyen esa avanzada carismática (porque ellas tienen mucho carisma), que da forma y nos instruye sobre el ejercicio pleno y práctico de la verdad revelada.
Aprenderemos todos que la palabra más utilizada en esta patria, la más gozosa, la más atronadora, la palabra salvadora, será la palabra “prohibido”, o “prohibición” (dependerá del contexto y de la frase que se construya)
Vivian, tan inteligente, ha reiterado en Cali este viernes, el postulado de Abelardo: “Dios debe volver a las escuelas”, y ha declarado que no solo busca evitar lo que considera procesos de “adoctrinamiento” que se vienen dando en las escuelas y colegios, sino que revisará los materiales utilizados en los procesos educativos, particularmente aquellos relacionados con educación sexual integral. Como es bien sabido, el sexo es pecado. ¡Se acabó esa guachafita!
María Carolina por su parte, empezó en el ICBF por donde tenía que empezar. Acabar con esa vagamundería de referirse a “los niños y las niñas”. No señor. Ella emitió una directriz interna en la que la expresión niña queda prohibida, toda vez que “para buscar un lenguaje claro e incluyente, la misión de la entidad debe referirse exclusivamente a la protección de la niñez, la adolescencia y las familias”
Es muy bello ver cómo regresaremos al orden, a la decencia, a lo correcto. Esa manera como funcionaba el mundo entre los siglos V y el siglo XIV…¡qué épocas! Tenemos que devolvernos, regresar a los orígenes, ¡echar pa´tras!
Esto es lo que aspira, lo que busca, lo que quiere “la patria milagro”
El año 313 de nuestra era tiene una especial significación para la historia, pues fue en ese año, en el mes de febrero, que se suscribió el “Edicto de Milán, firmado por dos emperadores romanos: Constantino el Grande del Imperio de Occidente y Licinio del Imperio de Oriente. Este mandato selló la alianza entre la Iglesia católica y un poder que se extendía a lo largo y ancho de 5 millones de kilómetros cuadrados en el mundo. El catolicismo dejó de ser una religión perseguida.
En poco más de los 100 años siguientes, esta Iglesia se dedicó a tejer un entramado tal de canonjías, rentas, privilegios, negociados, poderes e influencias, que pudo instaurar entre el año 476 y el 1492 lo que se conoció como el período del oscurantismo, la Edad Media.
A lo largo de mil años, sí, ¡mil años!, papas, cardenales, obispos, curas y monjes hicieron y deshicieron a su antojo decretando que la fe y la doctrina reemplazaban todo el conocimiento existente. Ese control absoluto instauró el régimen de los libros prohibidos, las palabras prohibidas, los pensamientos prohibidos, los oficios prohibidos…¡solo la oscuridad, lo abstruso!
Lo que Abelardo, Enrique Gómez, Vivian, María Carolina y el universo de fanáticos que integran las fuerzas del “tigre”, no quieren que usted sepa, es que fueron grandes pensadores cristianos los que contribuyeron a que nuestra civilización ingresara en el período de “el Renacimiento”
