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Al Alberto

La doctrina que hace verdaderos sabios

Por Alberto Morales Gutiérrez

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Quas primas” es esa encíclica del papa Pio XI en 1925 en la que, iluminado por el Espíritu Santo, el pontífice determina “el poder real absoluto de Cristo sobre todos los hombres y naciones”Es, pues, a Pio XI a quien debemos la proclama: ¡Viva Cristo Rey!”. Es probable que Abelardo no lo sepa, pero este grito de combate ha cumplido ya 101 años.

Tanto el conjunto de esa encíclica como la designación de Cristo Rey, han tenido múltiples interpretaciones por parte de cardenales, obispos; dictadores católicos; políticos cristianos;generales de la república muy creyentes; sátrapas religiosos; curitas de pueblo y madres de la caridad, en los últimos cien años.

Josemaría Escrivá de Balaguer, el muy controvertido fundador del Opus Dei, afirma que“entre los dones del Espíritu Santo, hay uno del que tenemos especial necesidad todos los cristianos: el don de sabiduría que, al hacernos conocer a Dios y gustar de Dios, nos coloca en condiciones de poder juzgar con verdad sobre las situaciones y las cosas de esta vida…”

¡Viva Cristo Rey!, también opera – ya lo entendí- como un mantra dador de sabiduría.

Baste con recoger el predicamento del muy ilustre don Jorge López Teulón, el sacerdote e historiador español, Delegado de Medios de Comunicación Social en la Vicaría de Talavera, quien afirma que “la mayor novedad de la beatificación de los 498 mártires españoles de la guerra civil, en el año 2007, fue que el delegado del papa, los significó como mártires de Cristo Rey”Ese es su distintivo específico. 

Es sabido que el franquismo no solo adoptó el “¡Viva Cristo Rey!” como su grito de combate, sino que lo capitalizó e integró a su simbología política (de lo que se conocería como el nacionalcatolicismo), para unificar con esa consigna “Iglesia, ejército y Estado”.

He recurrido a contar esta larga historia para dejar algo en claro: de Abelardo podrán decir cualquier cosa, menos que es original.

Lecciones de sabiduría.

Es sorprendente la amnesia que nos invade y la capacidad de olvido que nos habita. Encontré mi texto de estudio de Historia Universal cuando cursaba el bachillerato, publicado por la Editorial Voluntad y escrito por el sacerdote jesuita Rafael María Granados. Releyéndolo, pensé que la exministra de educación Viviane Morales debió haberlo leído o recordado, cuando anunció el regreso de Dios a las aulas. En la página 123 define a Voltaire como “el mayor promotor de la irreligiosidad… fue la encarnación menos imperfecta del demonio…recomendó la mentira y la calumnia”. Dice de Rousseau: “su doctrina, llena de contradicciones…atacó a la religión revelada y a la Iglesia. Su obra más renombrada y perniciosa fue “El Contrato Social”. ¡Eso era lo que nos enseñaban! 

Creo que el nacionalcatolicismo está más que preparado para difundir su sabiduría.

En España, Francisco Franco, el líder supremo, proscribió a Einstein y la enseñanza de la teoría de la relatividad. Lo borró de un plumazo. Su argumento es notable: ese tipo era “un científico judío de ideas izquierdistas” ¡Vamos a por él!

A propósito de la entronización de la mediocridad, Franco depuró a las universidades españolas expulsando las mentes más brillantes de “la generación del 27”: liberales, comunistoides. Los reemplazó por oscuros docentes “cuyo único mérito era la fidelidad al régimen” (el único punto del test de la sabiduría era la fidelidad). Abelardo tiene una sabia punta de lanza en varias universidades colombianas con su serenísimo primo, el presbítero Rodolfo Andrés Londoño de la Espriella. Va a llegar lejos.

Son de antología los desafueros del psquiatra militar Antonio Vallejo-Nájera que “construyó” la teoría del “gen marxista” e investigó y experimentó con prisioneros de guerra para demostrar que “el marxismo era una tara mental y psicopática”Alimentó en el generalísimo la idea de crear una “raza española” para la gloria del Señor y de la patria. No lo logró, pero no murió en el intento. Lo hizo, casi en olor de santidad, en 1960. 

La verdad es que ¡Viva Cristo Rey!, se convirtió en una consigna que identifica de manera inequívoca eso que es conocido como “el fascismo clerical”.  

Aunque el régimen de Francisco Franco es altamente representativo, no menos confesional fue el de Antonio de Oliveira en Portugal: el de Maurice Duplessis en Canadá, en Quebec; el de Engelbert Dollfuss en Austria (qué paradoja, fue asesinado por un fanático nazi); el del cura católico Josef Tiso en Eslovaquia; el de Ante Pavelic y los ustachas en Croacia, la muy clerical Guardia de Hierro en Rumania; los rexistas en Bélgica; los sinarquistas en México. Todos ellos gente de bien, muy devotos, doctrinarios, camanduleros, fanáticos de la virgen y de todos los santos. Dispuestos a morir como San Miguel Agustín Pro, gritando ¡Viva Cristo Rey! ahí, recostado en el paredón, mientras ocho soldados le disparaban al mismo tiempo. 

Debo decir que, por el contrario, todos los notables anteriormente mencionados, dispararon primero.

Abelardo, que como se ha dicho, no es el más original, ha de haber seleccionado las frases célebres del generalísimo Francisco Franco que inspiran todos sus actos y explica sus decisiones.

Intuyo que la denominación de “patria milagro” ha de haberle aparecido en la mente cuando leyó al generalísimo afirmando que “la autoridad viene de Dios y en ella descansa”Su vocación filosófica y sus citas a Diomedes Díaz han de haberse inspirado en la famosa confesión pública del líder supremo cuando afirmó que “lo importante no es lo que se hace sino lo que se consigue”. No, el general no concluyó con ese ¡ajá! en el que Abelardo esta pensando.

No dudo que la vocación de la comunicación zoológica de Abelardo y su símbolo del tigre tiene un poderosísimo antecedente en el famoso predicamento del general: “¡marchamos hacia adelante, bien agrupados, como toros embistiendo montañas!”. “¡no jodddaaaaa!” pensó Abelardo estremecido.

El nacionalcatolicismo tiene un “modus operandi” construido, desde luego, por el generalísimo. Abelardo y su séquito lo ha adoptado y copiado de una manera literal, bajo la premisa muy franquista de que “la verdad está con nosotros”. “España” – dijo el general- pero usted puede poner “Colombia”, “necesita, imperiosamente, una autoridad que resuelva los problemas; una energía que los aborde y una fuerza que los resuelva”. Es, como se observa, un juego de palabras absolutamente improductivo. No es la autoridad la que resuelve los problemas, para que, de manera concomitante, la fuerza vuelva y los resuelva, luego de que la energía los avorde. Este disparate al mando, duró en España 37 dolorosos años. El rexismo en Bélgica y Josef Tiso en Eslovaquia, tan solo se prolongaron por cinco años. Y así…

No, su duración no es infinita. Ninguna lo es.  

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