El pasado 7 de agosto, en su posesión, Abelardo nos dijo que él tiene la razón en todo y por un todo, porque… ¡colombianos, “el que está de rodillas delante de Dios, jamás será vencido!”. Estamos hechos. Ahí se encuentran ardiendo ya, las hogueras que se han preparado para ustedes.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Esa escena nocturna de los fanáticos medievales que, cubiertos con sus siniestras capuchas de monjes cismáticos, murmuran oraciones de muerte, mientras avanzan con sus antorchas por las calles empedradas; es no solo una escena que se acompaña siempre de percusiones y alabados de multitudes lejanas, sino que describe la antesala de ritos inundados de fuego y de sangre. A lo largo de milenios, han sido centenares y centenares y centenares, las sectas que se declararon en rebelión contra los dogmas católicos acordados en todos los concilios. He escogido algunas al azar para describir lo que nos está pasando.
Aldeberto, en la Galia del siglo VIII fue un predicador que persuadió a miles y miles de fieles para que lo adoraran como a un Dios. Levantaba cruces por donde quiera que pasaba y entregaba a sus adeptos sus propios cabellos y sus uñas, como reliquias sagradas.
Éon de l’Étoile, en el siglo XII, se convirtió en Dios porque desconocía el latín litúrgico. Asistía a misa con regularidad y fervor. Vivió allí un delirio de inspiración seráfica. Escuchar frases como “per eumdem Dominum Nostrum” o “per eum qui venturus est judicare vivos et mortuos” (“por nuestro mismo Señor”, “por aquel que vendrá a juzgar a vivos y muertos”) Éon descubrió que ese “eum” (que sonaba exactamente igual a su nombre) era una referencia expresa de las escrituras a su designio, a su condición de hijo de Dios. Empezó entonces a actuar en consecuencia. Se dedicó a predicar, a saquear iglesias y monasterios y a repartir lo que encontraba entre los pobres. Murió en olor de santidad.
Los Cátaros se propagaron masivamente por la Francia y la Italia del siglo XIII. Hicieron del “dualismo absoluto” su propia insignia. Adoraban a dos dioses. El Dios cristiano y su antípoda, el Dios diablo. Tengo la intuición de que Abelardo, si hubiera conocido a los Cátaros, habría cambiado de secta.
En el siglo XX, en 1970, en Suiza, el arzobispo católico francés Marcel Lefebvre proclamó su rebeldía con las conclusiones del Concilio Vaticano II. No aceptó la mayoría de sus postulados, ni las modificaciones de la liturgia. Las consideró una traición flagrante a la tradición católica. Así, el Vaticano a través del Dicasterio para la Doctrina de la Fe decretó la excomunión de todos sus miembros y los declaró en “cisma”.Son hoy, el ala más retardataria del cristianismo.
Alejandro Ordoñez Maldonado, el nuevo ministro del interior nombrado por Abelardo y su gobierno del Cristo Rey, es altamente representativo de esa secta. Ordoñez es Lefebvrista.
De hecho, al enviudar, pensó seriamente en hacerse sacerdote del lefrebvismo, pero le pudo más su, muy humana, vocación de poder.
Alejandro Ordoñez es un fanático de siete suelas.
Tiene fama de anteponer sus creencias religiosas a sus decisiones como funcionario. Ejerció la potestad disciplinaria que le daba su condición de Procurador General de la Nación, ejerciendo los más aberrantes sesgos ideológicos y religiosos. Las destituciones e inhabilitaciones proferidas a Petro en el 2013 (que votó por él para que lo eligieran) y a Piedad Córdoba en el 2010, fueron anuladas por el Consejo de Estado, que las consideró ilegales.
Ordoñez utilizó todo el poder de la procuraduría para frenar la implementación de la despenalización del aborto aprobada por la Corte Constitucional. Emitió directrices restrictivas y quiso sancionar a funcionarios de la salud por acatarla. Tuvo que hacer rectificaciones públicas ordenadas por esa misma corte.
De igual manera y en violación flagrante de la ley, envió procuradores delegados a intervenir en notarías y juzgados para impedir matrimonios igualitarios y derechos LGTBIQ+ y, en contra de las decisiones legítimas de los tribunales, combatió la eutanasia.
Su corrupción es manifiesta. De hecho, el Consejo de Estado terminó anulando su reelección como procurador, al comprobarse de todas las maneras, las prácticas “non sanctas” utilizadas para lograrlo. Alejandro Ordoñez fue protagonista del “carrusel de las notarías”. No hay cargo público por donde haya pasado, en donde no haya sido objeto de investigaciones y controversias legales.
Abelardo, que anunció hacerle “seguimiento personal” a las instrucciones que ha dado a diestra y siniestra sobre “combatir la corrupción”, se “encargó personalmente” de nombrar no solo a Ordoñez como ministro del interior, sino a Viviane Morales (quien ya solucionó todos los problemas personales que la hicieron renunciar del ministerio de educación) y asumirá como comisionada de paz del gobierno del tigre.
Abelardo, cumplidos ya casi tres meses de su posesión, tiene ya su cielo chiquito para liderar la cruzada de salvación de nuestro país; la cruzada para que ingresemos todos y todas al reino de Cristo Rey y sumemos nuestros corazones y nuestras almas al ejército de los buenos, los que alabamos al señor; los que no nos dejaremos distraer por las pasiones mundanas, por las ansias del dinero, no señoras y señores; no caeremos en las garras de la concupiscencia; las tentaciones homosexuales, las voces de los y las periodistas comunistas; las amistades ateas, los artistas paganos; los profesores ideologizados, los deshonestos, los que se roban los dineros de las donaciones, los que se ríen de los damnificados, los que hacen promesas que no cumplen, los que hablan de paz, los que odian las armas, los impacientes. ¡Toda esa gente se quemará en el fuego salvador de la gloria de Cristo! Los buenos somos más.
El “Diccionario Filosófico” (1764) es una de las obras más relevantes de Voltaire. Al hablar del fanatismo, dice que es “una afección del espíritu…que se adquiere como la viruela”, se contagia. Advierte que cuando esta pasión ciega, “llega a gangrenar el cerebro, la enfermedad se vuelve prácticamente incurable”.
El fanático, en su perspectiva, no solo tiene una creencia ferviente. Muchas personas la tienen. El drama, el patetismo del fanático, es que cree que su dogma debe ser una obligación absoluta para el resto del mundo.
El pasado 7 de agosto, en su posesión, Abelardo nos dijo que él tiene la razón en un todo y por un todo, porque… ¡colombianos, “el que está de rodillas delante de Dios, jamás será vencido!”. Estamos hechos. Ahí se encuentran ardiendo ya, las hogueras que se han preparado para ustedes.
