Un amigo, al que se le ha agotado la paciencia por lo que considera “mi enfermizo odio hacia Gustavo Petro”; me increpa con un malestar genuino, por no reconocer en el mandatario su conversión en “toda una personalidad respetada en el mundo, no sometida a USA y al sionismo”. Un respeto ganado además “por méritos”. […]
Con amigos así, para qué enemigos…
