Para que haya diálogo hay que saber oír. Esa es la vía obligada para la comprensión. Hoy se ha convertido en un ejercicio virtualmente imposible porque precisa, por parte de quienes lo protagonizan, una actitud de escuchar y esa actitud ha sido aniquilada. El único diálogo posible parece ser el diálogo de sordos. Estamos en […]
¡Nadie oye nada!
