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CIRCULART, George Yúdice y un golpe en la cabeza.

Por Alberto Morales Gutiérrez

Todo, en la versión 2025 de CIRCULART realizada en Medellín, tuvo un tono extraordinario. Debo confesar que la primera conversación del Seminario de Derechos Digitales SEDD significó para mí un golpe en la cabeza, pues tuve la evidencia de la dimensión de mi ignorancia. Esa conversación me introdujo en conceptos desconocidos, reveladores. Aprendí cosas nuevas. Jamás había oído hablar de George Yúdice, no tenía idea de la lucidez de este profesor universitario nacido en Nueva York en 1947 y cuyo recorrido como académico e investigador en torno a los temas de las artes, las industrias culturales y creativas, tanto como a los fenómenos estéticos de la era digital, es francamente impresionante.

Hizo referencia a un concepto que atrajo mi atención: “el tecnofeudalismo”, en el que equipara a esos señores propietarios de la tierra en el período medieval, con los dueños de las grandes empresas tecnológicas de hoy, cuya grosera acumulación de riqueza les ha dado una especie de patente de corso que les permite dominarlo todo: bancos, gobiernos, instituciones, políticos, empresas productoras y de servicios, medios…¡todo!

Encontré una explicación adicional: los siervos, que antiguamente trabajaban las tierras a cambio de protección, ahora son los usuarios que ofrecen sus datos a cambio del acceso a las plataformas. Esta jerarquía crea una relación de dependencia en la que los nuevos señores feudales ejercen un enorme poder económico, político y social. Buscando, encontré al exministro griego, Yanis Varoufakis, quien al parecer fue de los primeros en referirse a ese “tecnofeudalismo” y sostiene que el nacimiento de la tecnología en la nube ha modificado al sistema capitalista y al mercado, tal y como lo conocíamos.

De hecho, la moneda de cambio del “tecnofeudalismo” son los datos. De esta manera, el uso obsesivo de las plataformas digitales, hace que los usuarios dejemos una huella digital que alimenta sus algoritmos e incrementa, de igual manera, el valor de las aplicaciones de manera gratuita. Las reglas del juego en este sistema, logran que los individuos dejemos de ser los dueños de nuestras preferencias, porque ellas están no solo creadas, sino condicionadas por los propios algoritmos. 

En medio de esta curiosidad desatada, encontré un libro escrito por Yúdice que empecé a leer con entusiasmo: El Recurso de la Cultura -GEDISA 2002- me gusta su estructura argumental, su audacia y su didáctica.

Es juicioso y preciso en el conjunto de su análisis. Disecciona con precisión palabras y conceptos. Para la muestra un botón: “los términos “libre comercio” y “cultura” no tienen significado en modo alguno transparentes”. Y lo demuestra: el calificativo “libre” sugiere que en los acuerdos gubernamentales e internacionales se juzga el comercio como algo irrestricto y dice con contundencia:“¡nada puede estar más lejos de la realidad!”. Respecto a la definición de cultura, precisa que no hay mucha transparencia en el término “cultura”, pues todo depende del contexto, que es tanto como decir que todo depende “de la política cultural nacional o local; de las tradiciones artísticas y académicas; de la teoría antropológica y sociológica; de los enfoques feministas, raciales (pos)coloniales y de los estudios culturales; también del derecho y el litigio por discriminación y, ciertamente, del discurso político…”

En esta lógica, el término puede referirse a las artes; a los medios masivos; a los rituales y otras prácticas que permiten a las naciones o a los grupos sociales minoritarios, reproducirse simbólicamente; a las diferencias por las cuales ciertos grupos normalmente identificados como subalternos se distinguen de los grupos dominantes (o se resisten a ellos), en fin.

Se trata de una explicación pertinente, de cara a su reflexión en el sentido de que la “cultura” se ha vuelto pues “una suerte de bolsa donde se guarda todo tipo de innovaciones tecnológicas para proteger el régimen de “propiedad” defendido por las corporaciones transnacionales”. El ejemplo más claro de esta tendencia es el desplazamiento de las categorías a las que se aplica el concepto de “propiedad intelectual”.

Recurre a las contenidos de los Tratados de Libre Comercio, en particular el de EEUU, Canadá y México en 1994, en el que “se redefinió la noción de «cultura» como formas de propiedad que incluyen los derechos de autor, patentes, marcas registradas, derechos de fitogenetista, diseños industriales, secretos comerciales, circuitos integrados, indicadores geográficos, señales satelitales codificadas” ¡todo cabe ahí!, de manera tal que “se protege esa propiedad «intelectual» en la medida en que pertenezca a individuos (incluidas las corporaciones), y se evita cualquier reconocimiento de los derechos colectivos, especialmente la cultura que generan las comunidades y otras formas de invención “intelectual””.

La dimensión y estilo reflexivo de George Yúdice se expresa de manera nítida en el análisis que hace en El Recurso de la Cultura sobre un ensayo de David Rieff, el escritor y analista estadounidense, quien alegó que “el multiculturalismo no era sino el compañero de cama del capitalismo consumista”. El ensayo de Rieff fue publicado en el ya lejano 1993. Así, el multiculturalismo no sería el acontecimiento liberador imaginado -dice Rieff- pues degeneró en ser un multiculturalismo de mercado, no el de la justicia. El capitalismo se encuentra cada vez más ansioso por incorporar a mujeres, negros, gays y otros grupos marginados “pues estos legitiman las nuevas áreas del consumismo”, concluye. Rieff no se detiene: “el capitalismo obtiene beneficios monetarios de las nuevas mercancías de la diversidad”.

George Yúdice no traga entero. Afirma que Rieff no es del todo sincero. “Su ensayo estaba indudablemente destinado a repercutir en izquierdistas de la década de 1960 y en los conservadores temerosos de que el multiculturalismo produzca verdaderos cambios…”

Arguye -igualmente- que no queda claro en modo alguno si Rieff invoca al marxismo porque cree en algunas de sus premisas, o si simplemente se está “calzando” los pantalones de la “izquierda cultural”, pero su conclusión es fascinante: “por lo demás, creo que en general, está en lo cierto” .

El libro fue publicado en el 2002, hace ya 23 años. Su contenido refleja que la visión de Yúdice es, ciertamente, una visión premonitoria.

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6 respuestas a «CIRCULART, George Yúdice y un golpe en la cabeza.»

Este asunto de los derechos de autor fue tratado por los gremios de actores y artistas cuando se firmó el tratado de libre comercio con la USA en los noventa. Ya se anunciaba el terrible desequilibrio.

Hola Eduardo. Todo este tema de la cultura y la intención imperial de homogeneizar y mercadear todo, es ciertamente siniestro.

Afortunadamente el monstruo que estamos enfrentando en el campo de la “multiculturalidad” con la destruccion de la imagen individuo-comunidad y sus derechos
Fué diseñado para combatir una izquierda que ya no existe y un comunismo extinto.
Eso nos permite observar que los nuevos individuos absortos en los espejismos tecnológicos están siendo clasificados y depurados y eventualmente algunos de ellos lograrán alzar la vista y redescubrir la majestuosidad de la realidad real a su alrededor, abandonando ya la etapa de pensamiento de rebaño.
Esos rebaños obedientes que se peleaban las iglesias y los partidos politicos…!

Hola Eduardo. Creo que el drama real de la contemporaneidad es eso que definen muy bien como “el pensamiento rebaño”. Gracias por tu lectura y comentario.

Alberto mil gracias por presentarmelos y algo que intuía al respecto de mis dudas contemporáneas; me resulta clarificado; filtrado como técnica depurativa del pesamiento moderno. Excelente. P.D. como le aseguro Rieff a su amigo; la coclusión. Se intuye. Este metale cabeza; bonisimo.

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