No sé quién es el autor o autora de este axioma que explica mi clamor por rescatar la curiosidad perdida: “la estupidez es incapaz de generarse interrogantes, acepta todo como un designio” y es en ese “designio” que se soporta, dolorosamente, su poder desgarrador.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Se necesita mucha brutalidad para destripar este impulso natural hacia el conocimiento, que anida (¿anidaba?) en cada uno de los seres humanos. Despanzurrar la curiosidad es asesinar el pensamiento, borrar todas las preguntas posibles y, desde luego, negar la búsqueda de respuestas. Es, en últimas, aniquilar la inteligencia.
Walter Isaacson relata que, en un listado de tareas a emprender que aparece en las anotaciones de Leonardo da Vinci, se lee: “describe la lengua del pájaro carpintero”. Leonardo se ha hecho esta pregunta y quiere encontrar una respuesta.
Para el año 1482, da Vinci no sabía que se trataba de un “pícido”, (esa denominación que 440 años más tarde, en 1922, Arthur Allen le dio a la gran familia de aves cuyas 218 especies son conocidas como “pájaros carpinteros”).
Curioso como pocos, Leonardo esclareció que esa lengua puede llegar a ser tres veces más larga que el pico del ave y que, cuando no la utiliza, ella se retrae en el cráneo y se enrosca alrededor de su cabeza, de manera tal que protege el cerebro del pájaro cuando éste golpea con fuerza la corteza de los árboles. ¡Un prodigio!
También se preguntó Leonardo por la lengua de las mariposas, por el vuelo de las aves, el curso de los ríos, las medidas de las cosas, los efectos de la luz… ¡se convirtió en polímata! Fue mucho más que un pintor, más que un anatomista, que un arquitecto, que un paleontólogo, que un botánico, que un escritor, que un escultor, que un filósofo; más que un ingeniero, un inventor, un músico; más que un poeta, que un urbanista…fue todo eso porque fue también un hombre que se hizo preguntas de manera permanente, desde siempre. Un curioso redomado, un insaciable cultor del conocimiento.
Leonardo, tal vez como pocos, sintetiza el espíritu del Renacimiento, ese prodigioso movimiento cultural que transformó de manera profunda las maneras de pensar y representó la transición entre el oscurantismo de la Edad Media y la Edad Moderna. Un movimiento que tuvo grandes implicaciones e impactos, tanto sobre los desafueros y fanatismos de la religión cristiana, como sobre la existencia del régimen feudal.
Otra tarea extraída de sus anotaciones, desencadenó uno más de sus grandes hitos: “Pregunta por Vitruvio a los libreros” –escribió-. Se refería a Marco Vitruvio Polión, quien nació en el 80 a.C. Este arquitecto, sirvió en el ejército romano bajo el mando de Julio César, pero no trascendió hasta 1.400 años después, cuando el humanista italiano Poggio Bracciolini descubrió, en un monasterio en Suiza, una copia de su obra más emblemática:“De Architectura”. Hay en ella una analogía que se remonta a Platón y a los filósofos antiguos, sobre la relación entre el microcosmos del hombre y el macrocosmos de la tierra: “El hombre, llamado pequeño mundo, contiene en sí mismo todas las perfecciones generales del mundo”.
Basado en este concepto y en la denominada “proporción áurea”, que inspiraba los trazos de Vitruvio Polión, Leonardo da Vinci llegó aún más lejos, según se desprende del análisis de su célebre dibujo “el Hombre de Vitruvio”.
Se aprecia en él a un hombre con los brazos extendidos y las piernas abiertas, que “encaja” en un círculo cuyo centro es su ombligo y en un cuadrado cuyo centro es su sexo.
El periodista estadounidense Toby Lester sustenta que este dibujo representa el ideal humanístico de Leonardo, pues celebra la dignidad, el valor, la racionalidad de los humanos en cuanto individuos. “Dentro del cuadrado y el círculo podemos contemplar la esencia del artista, de pie, desnudo, en la intersección entre lo terrenal y lo cósmico”.
Por su lado, la “Mona Lisa” es más que una pintura emblemática, es un derroche de conocimiento que rebasa múltiples fronteras y entrega un universo de respuestas. Desde las técnicas e insumos utilizados en la tabla de álamo sobre la que se hizo la pintura, en beneficio de la luminosidad, la profundidad y el volumen que quería desencadenar, hasta las transiciones de tonos en los contornos de las mejillas y la célebre sonrisa; mediante la aplicación de decenas y decenas de capas sutiles. Las sombras son producto de técnicas pioneras en las que utilizó hierro y manganeso. La pintura es, en sí, un tratado sobre la luz, las sombras y la óptica. Sorprende, por ejemplo, el cuidadoso manejo de la dilatación de la retina de la Gioconda, en coherencia con la posición de la procedencia de la luz que ilumina la imagen.
La meticulosidad y rigor de cada detalle refleja su “sensibilidad hacia el carácter esquivo de la realidad y las vacilaciones de la percepción”. Es decisivo entender que, sin un ejercicio pleno y consciente de la curiosidad, el trabajo de Leonardo no podría concebirse.
Es fácil entender entonces, que los niños ejercen una curiosidad intuitiva. Tienen una obsesión con el “¿por qué?” de todas las cosas. Bueno, la tenían.
Hoy, los niños y los jóvenes y los adultos somos propensos a la depresión, porque el mundo “se ha vuelto constante y aburrido”. Los niños, los jóvenes y los adultos, perdemos muy rápidamente nuestro interés por las cosas. Hemos resignado en el silicio las certezas sobre nuestros interrogantes. En Google se encuentran todas las respuestas. Ya no es necesario pensar porque la inteligencia artificial lo sabe todo, aunque lo que “sabe” no sea necesariamente cierto. Este mundo feliz no necesita el pensamiento, ni necesita el lenguaje, ni la imaginación, ni la creatividad. Ya no hay ninguna urgencia en preguntar nada, ni necesitamos que se nos ocurra nada.
La verdad es que el ejercicio de las conexiones neuronales se limita cada vez más por la ausencia de uso. La plasticidad cerebral ha desencadenado una rápida difusión de la estupidez que se ve ampliamente reflejada en la “inteligencia” de las dirigencias políticas y empresariales; en los contenidos de los medios; en la proliferación del fanatismo, las soluciones rápidas; la precarización conceptual de la música y las artes; la vulgaridad creciente, las frases cortas, la comunicación a través de emojis, la aterradora disminución del uso de las palabras.
No se trata de un fenómeno aislado, circunstancial o espontáneo. Es un engendro cuidadosamente construido desde las cumbres del mundo del capital, desde las alturas de los defensores del modelo neoliberal de libre mercado, para quienes el pensamiento es una amenaza. El éxito económico necesita una sumisión alegre, una resignación entusiasta.
Edgar Alan Poe definía a la estupidez como “el talento para la equivocación” y su definición es certera. Ya es una feligresía multitudinaria la que marcha detrás del discurso carente de contenidos; una masa informe la que se niega a oír cualquier idea que no encaje en el relato dominante; una horda desatada que decide no ver la dimensión de la tragedia humana y que carece de todo sentimiento reflexivo.
No sé quién es el autor o autora de este axioma que explica mi clamor por rescatar la curiosidad perdida: “la estupidez es incapaz de generarse interrogantes, acepta todo como un designio” y es en ese “designio” que se soporta, dolorosamente, su poder desgarrador.

22 respuestas a «De cómo la curiosidad fue despanzurrada…»
Si desconectamos los niños del mundo digital y los invitamos a conectarse con el mundo natural brotará su esencia curiosa y habrá esperanza para esta humanidad sumisa
Angela, me gusta mucho que pases por aquí. Tienes razón. Los niños son la prioridad. Si ellos pierden la curiosidad ya no habrá posibilidad de salvación alguna para nuestra especie.
Buen dia Don Alberto. Gracias por rescatarla del olvido. Somos lo que estudiamos y observamos; mientras centramos el conocimiento en lo que aparentemente vemos…
Muchas gracias a ti, Juan, por leer y comentar.
Alberto como que estamos sintonizados anoche precisamente ese espíritu misterioso que me habita y que día tras día me dicta lo que escribo me dictó este texto:
Tecnología no ciencia
reñida con el pensamiento
espejismo total abruma
obnubila la razón
embota los sentidos.
El hombre ingenuo
cree que es progreso
con pasión se entrega
ingenuo piensa que goza
no sabe que en el fondo
se esconde el displacer
que poco a poco lo agobia
su cerebro se empequeñece
en lento proceso
enceguecido y sordo
camina rumbo al caos
a su inexorable extinción.
Aparicio Posada Arbeláez
Diciembre 27-2025
Hola Aparicio, claro que estamos sintonizados. Gracias por leer y por aportar.
Que gran simil de lo que genera el ser curioso el ser intuitivo con un grande de la historia producto de ese sentir lamentablemente todo esto se ha perdido el letargo la comodidad y la pereza son el comun denominador hoy en dia le felicito por esos mensajes
Hola Jesús. Letargo es la expresión que define el estado de la curiosidad en el mundo de hoy. Tienes razón. Hay que despertar. Gracias por leer y comentar. Abrazo
Sobre la estupidez
¿Emil Cioran?: “La estupidez es incapaz de generarse interrogantes, acepta todo como un designio”.
Paul Tabori: “Algunos nacen estúpidos, otros alcanzan el estado de estupidez, y hay individuos a quienes la estupidez se les adhiere. Pero la mayoría son estúpidos no por influencia de sus antepasados o de sus contemporáneos. Es el resultado de un duro esfuerzo personal. Hacen el papel del tonto. En realidad, algunos sobresalen y hacen el tonto cabal y perfecto. Naturalmente, son los últimos en saberlo, y uno se resiste a ponerlos sobre aviso, pues la ignorancia de la estupidez equivale a una bienaventuranza”.
Edgar Allan Poe: “La estupidez es el talento para la equivocación”.
Albert Camus: La estupidez insiste siempre.
Oscar Wilde: “Nadie está a salvo de decir estupideces. La cuestión está en no decirlas con énfasis. Vivimos en la era de los que trabajan mucho y los incultos: la era en que las personas son tan laboriosas, que terminan siendo absolutamente estúpidas”.
Martin Luther King: “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.”
Fernando Savater: “Si la estupidez es mala en todos los estamentos humanos, entre intelectuales alcanza una gravedad especial. Suponer que todos los ‘intelectuales’ son básicamente ‘inteligentes’ es un error muy generoso, fundado quizá en la homofonía de ambas palabras. Por el contrario, el terreno de debate intelectual atrae al estúpido con particular magnetismo, le estimula hasta el frenesí, le proporciona oportunidades especialmente brillantes de ser estentóreamente dañino. Lo más grave es que su imbecilidad habitual pierde el carácter benévolo aunque descarriado que posee por lo común la estupidez (que en el fondo es una perversión alimentada de buenas
intenciones) y puede llegar a ser insólitamente malévola o cruel”.
Carlos Cipolla: “Esencialmente los estúpidos son peligrosos y funestos porque a la personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado. Las acciones de un malvado siguen el modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un ‘más’ a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con qué obtener un ‘más’ para sí, procurando al mismo tiempo un ‘más’ para los demás, deberá obtener su ‘más’ causando un ‘menos’ a su prójimo. Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si uno es racional puede preverlo. En definitiva, se pueden prever las acciones de un malvado, sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se puede preparar la oportuna defensa”.
Gracias, otra vez.
Sobre la estupidez
¿Emil Cioran?: “La estupidez es incapaz de generarse interrogantes, acepta todo como un designio”.
Paul Tabori: “Algunos nacen estúpidos, otros alcanzan el estado de estupidez, y hay individuos a quienes la estupidez se les adhiere. Pero
la mayoría son estúpidos no por influencia de sus antepasados o de sus contemporáneos. Es el resultado de un duro esfuerzo personal. Hacen el
papel del tonto. En realidad, algunos sobresalen y hacen el tonto cabal y perfecto. Naturalmente, son los últimos en saberlo, y uno se resiste
a ponerlos sobre aviso, pues la ignorancia de la estupidez equivale a una bienaventuranza”.
Edgar Allan Poe: “La estupidez es el talento para la equivocación”.
Albert Camus: La estupidez insiste siempre.
Oscar Wilde: “Nadie está a salvo de decir estupideces. La cuestión está en no decirlas con énfasis. Vivimos en la era de los que trabajan mucho y los
incultos: la era en que las personas son tan laboriosas, que terminan siendo
absolutamente estúpidas”.
Martin Luther King: “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.”
Fernando Savater: “Si la estupidez es mala en todos los estamentos humanos, entre intelectuales alcanza una
gravedad especial. Suponer que todos los ‘intelectuales’ son básicamente ‘inteligentes’ es un error muy generoso, fundado quizá en la homofonía de ambas palabras. Por el contrario, el terreno de debate intelectual atrae al estúpido con particular magnetismo, le estimula hasta el frenesí, le proporciona oportunidades especialmente brillantes de ser
estentóreamente dañino. Lo más grave es que su imbecilidad habitual
pierde el carácter benévolo aunque descarriado que posee por lo común la estupidez (que en el fondo es una perversión alimentada de buenas
intenciones) y puede llegar a ser insólitamente malévola o cruel”.
Carlos Cipolla: “Esencialmente los estúpidos son peligrosos y funestos porque a la personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado. Las acciones de un malvado siguen el modelo
de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un ‘más’ a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con qué obtener un ‘más’ para sí, procurando al mismo tiempo un ‘más’ para los demás, deberá obtener su ‘más’ causando un ‘menos’ a su prójimo. Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si uno es racional puede preverlo. En definitiva, se pueden prever las acciones de un malvado, sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se puede preparar la oportuna defensa”.
Gracias repetidas.
Sobre la estupidez
¿Emil Cioran?: “La estupidez es incapaz de generarse interrogantes, acepta todo como un designio”.
Paul Tabori: “Algunos nacen estúpidos, otros alcanzan el estado de estupidez, y hay individuos a quienes la estupidez se les adhiere. Pero la mayoría son estúpidos no por influencia de sus antepasados o de sus contemporáneos. Es el resultado de un duro esfuerzo personal. Hacen el papel del tonto. En realidad, algunos sobresalen y hacen el tonto cabal y perfecto. Naturalmente, son los últimos en saberlo, y uno se resiste a ponerlos sobre aviso, pues la ignorancia de la estupidez equivale a una bienaventuranza”.
Edgar Allan Poe: “La estupidez es el talento para la equivocación”.
Albert Camus: La estupidez insiste siempre.
Oscar Wilde: “Nadie está a salvo de decir estupideces. La cuestión está en no decirlas con énfasis. Vivimos en la era de los que trabajan mucho y los incultos: la era en que las personas son tan laboriosas, que terminan siendo
absolutamente estúpidas”.
Martin Luther King: “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.”
Fernando Savater: “Si la estupidez es mala en todos los estamentos humanos, entre intelectuales alcanza una gravedad especial. Suponer que todos los ‘intelectuales’ son básicamente ‘inteligentes’ es un error muy generoso, fundado quizá en la homofonía de ambas palabras. Por el contrario, el terreno de debate intelectual atrae al estúpido con particular magnetismo, le estimula hasta el frenesí, le proporciona oportunidades especialmente brillantes de ser
estentóreamente dañino. Lo más grave es que su imbecilidad habitual pierde el carácter benévolo aunque descarriado que posee por lo común la estupidez (que en el fondo es una perversión alimentada de buenas
intenciones) y puede llegar a ser insólitamente malévola o cruel”.
Carlos Cipolla: “Esencialmente los estúpidos son peligrosos y funestos porque a la personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado. Las acciones de un malvado siguen el modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un ‘más’ a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con qué obtener un ‘más’ para sí, procurando al mismo tiempo un ‘más’ para los demás, deberá obtener su ‘más’ causando un ‘menos’ a su prójimo. Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si uno es racional puede preverlo. En definitiva, se pueden prever las acciones de un malvado, sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se puede preparar la oportuna defensa”.
Qué generosa, abundante y enriquecedora suma de definiciones que nos ayudan a entender la estupidez. Gracias Juan
Como siempre un placer leerlo don Alberto y los comentarios alucinantes! Gracias a todos
Gracias Helena. Comparto la expresión de tu gratitud.
Por ahí un personaje de la política en pleno debate de campaña, fue indagado por el fenómeno natural de los páramos y su número de existencia en Colombia.
Refirió en su respuesta alejado de cualquier postura estadista, que no era necesario que el dato ocupara su recinto neuronal, pues ello estaba a un click en una googleada.
Saludos.
Tienes razón Juanc, la respuesta está documentada. Es una especie de “prueba reina” sobre li Què estamos hablando. Gracias por leer y comentar.
Alberto, horripilante la,situación de hoy. Ya es cada vez menos necesario pensar en una salida ante una inquietud. La respuesta ya está en Google como dice la persona “política” que menciona uno de tus lectores. El capital está logrando su cometido, convertirnos en borregos mentales,
Hola Hernán. Muy bueno verte por aquí.Tienes razón, la situación es bastante compleja. Hay que trabajar intensamente por recuperar el pensamiento crítico…
Una saludo querido Alberto y deseos de amistad y paz. El problema grave no es tanto que proliferen los estúpidos, Lo grave es que hay una máquina -nadie sabe ubicarla- que bota al mundo estúpidos por millones, hasta el punto de que se detecta toda una “cultura” de cretinos a base de hacerles creer que consumir cada día más es bienestar y el que puede gastar más es “inteligente”. Debo decir -con mis disculpas a los que no les cae muy bien- que la sociedad con más “bienestar” y más consumista que hoy existe es la más estúpida. La razón -quizás- es la educación para formar “triunfadores”. Y en el fondo de muchos “triunfadores” hay casi siempre un estúpido. Saludos
Un abrazo Hugo. Muchas gracias por leer y comentar