Muchos colombianos que creen en las banderas de De la Espriella, son como la señora del cuento: son católicos y apostólicos, gente buena que ama al prójimo, repudia el pecado y la mentira, es gente honrada, que a nadie le desea el mal, que ansía con toda el alma, que la pobreza desaparezca. Yo les creo, pero no hay en ellos coherencia.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Nunca imaginé que el tema de la coherencia fuera abordado con tanta didáctica, inteligencia y humor, como en este cuento que llegó a través de uno de esos grupos de WhatsApp en los que ahora habitamos: resulta que unos policías detuvieron a una señora de mediana edad que conducía su vehículo con cierto desafuero, y le pidieron sus documentos. Minutos después la bajaron, la esposaron, y fue conducida a la estación de policía en donde la encerraron en el calabozo. Ella vociferaba, lloraba, gesticulaba indignada, pero los policías no se inmutaron. Seis horas después, la condujeron a la oficina del comandante en donde le entregaron sus papeles, le dijeron que habían hecho las indagaciones del caso y que habían disipado las sospechas que tenían sobre ella. ¡¿Sospechas?!, preguntó, y ellos le respondieron: “creemos que usted sabrá entendernos. La seguimos durante 40 minutos. En ese lapso, casi atropella a una anciana, a quien insultó sin misericordia, porque según usted, al cruzar la calle no se movía ni estaba despierta. Empujó con su vehículo a una chica que conducía una bicicleta, porque según usted, se había dormido después de que el semáforo cambió a verde. Usted abusaba de la bocina de su carro, insultaba a otros conductores, utilizaba palabras soeces, gritaba a todos. Cuando finalmente la detuvimos, ya no teníamos dudas en el sentido de que el auto que usted conducía era robado…” ¡¿robadoooooo?!, gritó ella. “Sí”, le dijeron ellos. “Observamos que el vidrio trasero de su vehículo lucía tres calcomanías muy visibles: “Dios está conmigo”, decía la primera. “El amor todo lo cura”, decía la otra y “Respétate a tí mismo y otros te respetarán”, decía la tercera. Mirando que su comportamiento era totalmente contrario a lo que se leía en las calcomanías, concluimos que ese carro no podía ser suyo. Pero, bueno, nos equivocamos. ¿Nos entiende?”
El cuento encaja en una reflexión que es necesaria de cara a los discursos y relatos de estas elecciones presidenciales, que ya se encuentran en plena agitación. Me impacta, en particular, lo que tiene que ver con Abelardo De la Espriella, un personaje que ha hecho de la fantochada su misión existencial.
La definición del fantoche transita por múltiples contenidos. Se dice de él que se trata de “un muñeco de hechura ridícula”, o tal vez un personaje “presumido y grotesco”, o más bien una persona “vacía y sin fundamento”. Una especie de payaso con ínfulas sería la conclusión. En el terreno de las campañas políticas y de las “personalidades públicas”, se trata de quienes son definidos por el profesor Víctor del Río como aquellos “que se quedan muy a gusto después de evacuar opiniones urgentes sobre las cosas complejas”.
No importa a qué lado de la escala ideológica se encuentren, ya sean de “izquierda o de derecha”, se identifican por la manera como son capaces de expresar su odio, “cerrando las puertas de regreso a la racionalidad”. Se ufanan de integrar el club “exclusivo” de aquellos que se identifican por hablar sin tapujos y expresar lo que otros piensan pero no se atreven a decir. Se autodefinen como guapos, frenteros, corajudos, valientes, heroicos. El mismo Victor del Río enriquece la definición cuando expresa que “basan su estrategia en decir burradas con convicción”.
Abelardo de la Espriella es una expresión vívida de ese perfil: declaró enfáticamente, por ejemplo, que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”. Lo hizo en el 2015, cuando fungía como defensor del exmagistrado Jorge Pretelt, quien terminó finalmente detenido y condenado a seis años y medio de prisión, acusado de pedir un soborno de 500 millones de pesos de esa época, en el sonado caso de Fidupetrol. Tanto el condenado como su abogado coinciden en esa visión sobre la ética. Para ellos dos, nada tiene que ver ella con el derecho, ni con la administración de justicia, ni con el ejercicio de su profesión. Desde su perspectiva, la ética es una cosa y la vida real es otra. La ética nada tiene que ver con la tecnología, con las finanzas, con los negocios. No tiene que ver con nada.Y ponen en práctica su postulado desde luego, de la misma manera que lo pone en práctica diariamente, a cada minuto, a cada segundo, el muy amplio universo de la corrupción y de la delincuencia.
Su tristemente célebre anécdota sobre la manera como adhería al cuerpo de su gato unos cinco “voladores”, esos petardos o cohetes que vuelan y explotan y se usan en las fiestas y períodos navideños, da cuenta de la barbarie que anida en el alma de este candidato. Afirmó que podía contar la anécdota con tranquilidad y a salvo de denuncias de las organizaciones defensoras de animales, porque en la época en la que él lo hacía, no existía norma que se lo impidiera. Es “cuidadoso” el personaje.
Su relación con el paramilitarismo no es accidental, hace parte esencial de sus convicciones. Es de público reconocimiento que la Fundación Iniciativas de Paz, FIPAZ, fue creada como brazo legal de la estrategia paramilitar y que Abelardo De la Espriella fue su representante legal. Es reconocida igualmente su amistad inmemorial con Salvatore Mancuso. Los dos hablan bellezas el uno del otro. No todos los paramilitares lo quieren desde luego, pues hay más de uno damnificado con grandes sumas de dinero, y existen declaraciones públicas sobre tales enredos.
También es de público conocimiento que la investigación por su relación con el paramilitarismo fue precluída en el 2009 por el fiscal de ese entonces Mario Iguarán, quien llegó a ese cargo gracias a las “buenas relaciones” de De la Espriella.
Sus negociados con “papá Pitufo”, el “Ñene” Hernández y Álex Saab hacen parte del oscuro entramado de su actual fortuna; de la misma manera que gravita sobre él, el secreto de los dineros perdidos de DMG que, dicen algunos expertos, explotará más temprano que tarde.
Así las cosas, la campaña que ha emprendido es un reflejo nítido de su personalidad y de sus creencias: Su sino histórico de hoy es “salvar la patria”. ¿Quién, sino él, podría lograrlo?.
Su fotografía de campaña lo exhibe con un saludo militar y sus promesas son inapelables. Tiene un deber que le quema el alma: salvar a Colombia. No viene a pedir votos, no señor, porque él es un candidato diferente. Su tarea es la defensa de la coherencia y de los principios. Él no miente, ¡no! Él es un estoico que ama a su patria y defiende la vida y la libertad con las armas y la autoridad del Estado. Llega convencido de castigar a los enemigos de Colombia (que son precisamente quienes no piensan como él), convencido de educar a nuestros niños sin adoctrinamiento (ninguno que sea diferente a su doctrina) y sin políticas de género, ¡ojo!, porque todo el mundo sabe lo que él piensa de las mujeres y porque él defiende los valores sagrados de nuestra nación. Confiesa ser en efecto, “un uribista de corazón”, razón por la cual no deben buscarlo en los partidos de siempre. (¿entonces dónde?). Como usted lo puede apreciar, se trata de un discurso en el que la coherencia argumental no toma forma. Todo hiede a violencia y a intolerancia en este candidato.
Muchos colombianos consideran que esa es la solución, que esa violencia sí nos va a curar de los males de las violencias de siempre. Muchos colombianos que creen en las banderas de De la Espriella, son como la señora del cuento: son católicos y apostólicos, gente buena que ama al prójimo, repudia el pecado y la mentira, es gente honrada, que a nadie le desea el mal, que ansía con toda el alma, que la pobreza desaparezca. Yo les creo, pero no hay en ellos coherencia.
De la Espriella lo primero que hizo fue desaparecer su biografía de Wikipedia (por si las dudas) y entonces, ahí sí, se perfiló como el tigre que se enfrentará al comunismo. Ese es el método.

30 respuestas a «De la Espriella: el fantoche…»
Ese personaje es además de fantoche un “payaso”; rico antojado de lucir sus bigotes a lo benedetti. Tan parecidos ese par de pelafustanes.
Hola Juan. Son almas gemelas. Gracias por asar por aquí y comentar.
Estas gastando polvora en gallinazos.
¡Ay Eduardo, no alcanzas a imaginar este goce pagano!
Don Alberto. Buen comentario, pero me parece que se ‘quedo corto’ , pudo haber dicho muchísimas más cosas de este ‘filipichin’, como por ejemplo: Su ‘ateismo’, su ‘amor’ por Colombia cuando dice que “no merece que él sacrifique sus comodidades, el estar con su familia, a su ‘esposa’ (?) … para ser Presidente de un país como el nuestro”, como usa a las iglesias ‘cristianas’ para la recolección de firmas, etc., etc.
Hola Olmedo, gracias por tu lectura y comentario. Se requeriría un espacio monumental para poder aludir todas las incongruencias y barbaridades de ese personaje.
gracias que gran cuento para definir este señor, lo trsite es que con todo ese pasado esas evidencias existan colombianos que le creen insisto nuestro problema es la falta de cultura la ignorancia y falta de caracter gracias
Hola Jesús Heraldo. Agradecido con tu lectura y comentario. Tenemos la obligación de impulsar y animar el pensamiento crítico.
Yo quisiera que me recomendaran por quién votar. No saben ustedes de alguien?
Hola Eduardo. Yo soy incapaz de recomendar…
De la Espriella representa toda la mediocridad emocional que definirá el voto de esa franja analfabeta política que grita por conservar su pequeño sitio de confort desconociendo la realidad histórica y social de un país. Ahí tienen, pues, su mamarracho !!
Hola Juan Fernando. Gracias por leer y comentar. Es, de todas maneras, muy preocupante el escenario político de hoy.
Abelardo de la Espriella es, aparte de fantoche, un cobarde bravucón como su jefe, un inconmensurable pícaro, y un criminal que se solazaba quemando gatos vivos; un híbrido de Trump, Milei y Bukele, no podría ser peor. Toda una calamidad este apestoso fanfarrón.
Edgar hola. Muy agradecido con tu lectura y comentario. Tu definición del híbrido es muy gráfica y define al personaje.
𝐄𝐋 𝐏𝐄𝐓𝐀𝐑𝐃𝐎 𝐃𝐄 𝐀𝐁𝐄𝐋𝐀𝐑𝐃𝐎
Por Juan Raúl Navarro
Abelardo de La Espriella es de ese tipo de engendros que muchos de nosotros, al inicio de sus carreras políticas, consideramos patéticos farsantes que nunca serían elegidos. Hoy, varios toches, tan fachos y fantoches como Apetardo, ocupan la presidencia de sus países.
Un eventual gobierno de Abelardo, el matagatos, quien ha erigido su fama y su fortuna defendiendo a paramilitares y estafadores, sería desastroso. Peor que el de Turbay Ayala con su estatuto de seguridad.
A este pillo, que nos quiere poner a bailar al ritmo del “bukelele”, lo sigue, enardecida, una masa iletrada y acrítica a la que sus líderes y sus fuentes tienen convencida de que Petro es el demonio y la izquierda el infierno.
Abelardo tiene hirviendo los ánimos revanchistas. Está semana llevó más de 15 mil falangistas al Movistar Arena y lograría atiborrar el Atanasio Girardot, con la más explosiva ultra godarria paisa, si se le ocurre programar un evento en dicho estadio.
Gran parte de la concurrencia al explosivo boom de Abelardo de La Espriella en Bogotá estuvo conformada por militantes cristianos y reservistas de las fuerzas armadas, es decir, por legionarios de Cristo y legionarios militares.
La cruz y la espada. La camándula y el fusil. Una falange que presagia un largo rosario de metralla, con cruzadas de exterminio a quienes se le opongan.
Inocentes ovejas belicosas –valga el oxímoron– y corderos con pólvora en el alma votarán por el petardo de Abelardo, sin presentir la papa bomba que nos va a estallar a todos en la cara si su nuevo Terminator se entroniza.
Hola Juan Raúl, muchas, muchas gracias por tu comentario. Me complace mucho verte por aquí…
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Muy buen aporte Juan Raúl. Mucha gente tiene ya claridad sobre las incongruencias y engaños de este fantoche.
Lo que dice Alberto y lo que dicen los comentarios de sus lectores es apenas el prólogo de la definición de ese sujetillo
Hola Hernán. Muy bueno verte por aqui. Tienes razón sobre De la Espriella…un personajillo
Don Alberto, como siempre un gusto leerlo. Muy triste ver personajillos así y con fanaticada, esperemos que podamos elegir una persona con ética y que haya tenido un caminar decente a través de su vida pública. En toda esa jauría solo hay uno que llena mis expectativas.
Hola Helena. Siempre me complace verte por aqui. Gracias por tu lectura y comentario.
Abelardo de la Espriella es la más auténtica representación de esta derecha colombiana: hipócrita, doble moral e ignorante que, como buen camaleón uriBESTIA, sabe sacar los múltiples disfraces según su conveniencia y seguir manipulando a esos seguidores carentes de las mínimas neuronas que, como lacayos hipnotizados, los siguen aunque sean quienes sufren, en carne propia, las consecuencias de las decisiones que toman cuando alcanzan el poder.
!!!POBRE PATRIA BOBA!!!
María Eugenia hola. Muchas gracias por leer y comentar. Pienso en tu uso de la palabra “hipnotizados”, porque tiendo a creer que los electores engañados son también víctimas.
Lo único bueno de la candidatura de ese ignominioso ser que es De La Espriella (no podía ser distinto el favorito de Uribe) es que sepultó la candidatura de esa fastidiosa y estúpida facha de Vicky Dávila.
Hola Edgar. Vicky es otro reflejo de la decadencia. Gracias por comentar
Gracias, Alberto por tus reflexiones. Nuestro entorno político, esa fauna tan particular y dañina en nuestro país, está llena de muñecos como este, de hechura ridícula, de presumidos, grotescos, vacíos y sin fundamentos, payasos con ínfulas y de una pobreza moral tan extrema, que da rabia. Del cuento inicial, recordé una gran frase tuya en la que nos insistías a quienes nos asesoraste: “Los hechos son los hechos, pero la realidad son las percepciones”.
Elkin hola. Cómo me gusta verte por aquí. Es cierto. Las percepciones determinan la manera como vemos e interpretamos nuestro mundo. El riesgo anida en lo que creemos. Abrazo.
De la Espriella, como la canción, “matón de esquina”, desagradable, maligno. Esconde su ateismo para enredar incautos. El gran Destripador del Uribismo.
Hola Alvaro. Gracias por leer y comentar. Tienes razón. Es maligno el personaje.