Su destino es inexorable. Es el mismo destino del Imperio romano, el Imperio acadio, el asirio, el jemen, el Imperio alejandrino, el Imperio austro-húngaro, el Imperio otomano, el Imperio ruso. El mismo destino del Imperio británico, el Imperio español, el Imperio colonial francés; el efímero Imperio napoleónico. No hay salidas intermedias, se va a derrumbar. Ellos creen que eso jamás va a suceder, pero se va a derrumbar.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Los “intelectuales” republicanos en USA, adoran al historiador británico Edward Gibbon (1737-1794) y han hecho de su texto más destacado, “Historia de la decadencia y caída del Imperio romano” (Debolsillo, Barcelona 2023) una especie de doctrina y aprendizaje de lo que no le va a ocurrir a los Estados Unidos de América. No le puede ocurrir, no señor.
Bueno, es importante destacar que a muchos “intelectuales” demócratas en USA, no les molesta la visión de este historiador.
Desde luego, Donald Trump jamás va a saber quién fue Gibbon, no le interesa. Como es de público conocimiento, Trump no lee nada, él es un “businessman”. Con esa autodenominación está a gusto, con eso tiene y le basta. Él, que también se autopercibe como un “genio”, encuentra en las propuestas que le hacen sus asesores, en su propio instinto y en sus desvaríos, una serie de recetas que coinciden con las antiguas reflexiones de Gibbon, y así “gobierna”.
Sus detractores acusan a Trump de la crisis actual de los Estados Unidos, pero la verdad es que el personaje es apenas la punta del iceberg de ese inexorable derrumbe imperial que, con Trump o sin Trump, se iba a dar de todas maneras.
Hay otro bestseller circulando: “¿Por qué caen los imperios?” (Desperta Ferro ediciones. Madrid. 2023) de Peter Heather, historiador británico y John Rapley, economista canadiense; quienes le pusieron un subtítulo a su libro: “Roma, Estados Unidos y el futuro de occidente”. Su relato y su análisis es muy diferente al de Gibbon. Ellos analizan a este último de manera crítica, claro. ¡Ellos sí que tienen la fórmula!
Al margen de las reflexiones divergentes, lo objetivo es que hay, desde el poder, una fascinación con la historia del Imperio romano, pues se trata de la hegemonía con más larga vida de todas las que se conocen. Hay en esa trayectoria – piensan sus fanáticos – muchas lecciones para aprender, muchas experiencias para sistematizar.
Hacer una extrapolación mecánica de causas del derrumbe, entre los imperios que desaparecen, es francamente ingenuo. Las circunstancias varían de un territorio a otro, de una época a otra, de un gobierno a otro, de un modelo económico a otro. Pero lo que sí se hace evidente en los dos textos, es la persistencia de un factor común en el comportamiento y análisis que las élites de los imperios hacen de su propia situación. Siempre se creen indestructibles y carecen de consciencia sobre lo que les está ocurriendo. Se niegan a entender que se encuentran en los estertores. Los imperios que los preceden pueden haber sucumbido, pero el de ellos no, no señor.
Heater y Rapley recogen dos discursos emblemáticos: el de Bill Clinton cuando habló del estado de la Unión en 1999 y el de Flavio Manlio Teodoro, cónsul de Roma en el año 399 de nuestra era.
Clinton dijo, en su discurso, que “las posibilidades de nuestro futuro son ilimitadas”. Los múltiples indicadores del momento anunciaban una estabilidad económica que garantizaba un crecimiento sin fin. Tan solo nueve años después, ¡nueve!, en el 2008, estalló la crisis financiera global, seguida por la Gran Recesión y luego el estancamiento. Ese crac no encontró respuesta distinta en los países desarrollados, a la de inundar sus economías con dinero impreso. Heater y Rapley concluyen adoloridos: “La «marca» Occidente, antes refulgente, ha perdido su aura y ahora presenta a los observadores externos una imagen de profunda indecisión y división, con unas democracias que parecen conceder beneficios solo a unos pocos…”
Por su parte, Flavio Manlio Teodoro, anunció triunfal en el 399, una nueva Edad de Oro. Todos los análisis, todas las cifras, todos los hechos demostraban el carácter imperecedero del imperio. Diez años después, ¡diez!, la ciudad de Roma fue saqueada por el godo Alarico y se inició de manera inexorable el derrumbe definitivo del imperio en el 476.
No podemos olvidar que en el año 286 se protocolizó la división del Imperio romano entre Occidente y Oriente. Una división que se consolidó en el 395. El imperio de oriente o imperio bizantino se prolongó hasta el año 1453.
Para Gibbon, la culpa de todo (los derrumbes de los imperios de occidente y oriente) es “el modelo de declive interno”, un fracaso económico y una decadencia moral generada por la condescendencia con los bárbaros, los cristianos, los advenedizos. Eso que los “intelectuales” de Trump, parafraseando a Edward, definen como los inmigrantes.
Heater y Rapley tienen otra visión: la caída imperial no tiene por qué venir precedida de un prolongado ocaso económico – dicen- y, aunque reconocen que hay un escenario de crisis por la fragmentación política, el crecimiento de los populistas de izquierda y de derecha, el declive del respeto por la ley y la complacencia con los líderes autoritarios, es precisamente en el liderazgo positivo en donde descansa la “solución”. Proclaman la necesidad de construir un nuevo orden mundial, no tan dependiente del “poder americano” o europeo, ofreciendo a otros países participar en un futuro más igual, como parte de un “sistema internacional basado en valores comunes, en donde los beneficios son potencialmente colosales”.
Mas “gatopardismo” no podría esperarse. Su propuesta es “que todo cambie, para que nada cambie”. Muy originales ellos.
La verdad es que todos los imperios se derrumban, precisamente por su naturaleza imperial. Ejercen sin pudores y sin tacto una política de expansión y dominación sobre otros países más débiles, con un claro objetivo de control económico, político y cultural. Su dominación se aplica a través de métodos múltiples y concomitantes: fuerza militar, presión política, explotación económica, dominación cultural. Su control es absoluto sobre recursos, mercados y poblaciones. No hay miramientos.
Trump, hay que decirlo, ha sido ejemplarmente didáctico en enseñar sin tapujos, sin adornos, sin retórica, lo que su imperio ha hecho en los últimos 125 años, con prepotencia, arrogancia, y ambición desmedida.
Es bueno considerar este aspecto en los análisis que se hacen sobre los Estados Unidos de hoy y su gestión de enfrentamiento con el resto del mundo. Mirarlo en la perspectiva de un imperio inamovible no contribuye a entender la situación de manera holística.
Su destino es inexorable. Es el mismo destino del Imperio romano, el Imperio acadio, el asirio, el jemen, el Imperio alejandrino, el Imperio austro-húngaro, el Imperio otomano, el Imperio ruso. El mismo destino del Imperio británico, el Imperio español, el Imperio colonial francés; el efímero Imperio napoleónico. No hay salidas intermedias, se va a derrumbar. Ellos creen que eso jamás va a suceder, pero se va a derrumbar.
El poeta inglés Percy Bysshe Shelley (1792-1822) el joven esposo de Mary Shelley, la muy célebre autora de Frankenstein, lo resume de manera impecable: “La tierra está llena de ruinas de imperios que creyeron que durarían para siempre”.

22 respuestas a «El derrumbe imperial.»
Esa hegemonia de todos los imperios conocidos descansan sobre sus relatos y hacen parte de la historia y de sus fenecimientos…..
Es cierto Juan, esa historia de surgimiento, esplendor, decadencia y desaparición es reiterativa. Gracias por leer y participar.
Es curioso ver como los tontos gringos imperialistas de hoy ignoran abiertamente que los tales advenedizos que corrompen debilitan y destruyen los imperios están justo a su lado …Israel..!!
Hola Eduardo. El poder escoge a sus aliados instintivamente. Sus aliados siempre se les parecen. Un abrazo y gracias por tu lectura y comentario.
Salud Morales !
Interesantes reflexiones sobre posiciones imperiales; por mi parte estoy sorprendido del debate sobre la superación de facto del sistema jurídico internacional que tantos justifican en este caso como si fuese un paso más en el sentido correcto y no un paso atrás como lo vemos algunos .
Retrocede la civilidad como la hemos conocido, tal vez sea, como lo supone tu mirada, los estremecimientos de un derrumbe, no se, solo registro con sorpresa (iluso yo) como se regodean y justifican los golpes de mano aquellos que estaban encargados de velar por otras formas.
“Real politique” lo llaman.
Salud Morales !
Hola Alejo. La incoherencia es uno de los signos de estos tiempos. Un abrazo grandote.
Ellos desde Monroe han considerado que centro y sur América son su patio de atrás, pero es tal el atrevimiento que ahora quieren Canadá y Groenlandia . Eso ya es el desbordamiento de su inconsciencia, últimos estertores imperiales
Hola Hernán. Sí, entraron en la fase insaciable. Abrazo y gracias por tu lectura y comentario.
No deja dudas que caerá; el dilema es cuándo. Habría que utilizar la estadística, tal vez, para predecir ese tiempo. Porque aparecen las predicciones de inminencia cada que llegan las crisis; pero nada: La del 30, de la que tanto se ha escrito; va un siglo ya. Vietnam, la guerra fría, que nos vaticinaba reemplazar las estrellas por el imperio de la hoz y el martillo. Ahora el ataque en Venezuela, preciso y limpio, pero sin tacto y sin moral. El hecho de que las defensas rusófilas no hayan podido derribar un solo “ovni”, pese a las alharacas de Maduro, me deja dudas de que la caída sea tan pronto como la pronostican los analistas. No sé Alberto, pero vamos a tener que profundizar en el análisis porque este reciente suceso nos deja contentos y aburridos pero perplejos.
Julio César, hola. Muchas gracias por tu aporte. Creo que la naturaleza caótica del universo, que tantas vergüenzas le ha hecho pasar a la certeza estadística, nos impide saber la fecha exacta. Pero que cae, cae…
Tu última cita sobre los escombros imperiales sobre los que estamos parados es certera e inquietante, y es así desde hace milenios, el derrumbe tal vez no lo veamos nosotros, pero no será en siglos, ocurrirá relativamente pronto en términos históricos y los estertores sacudirán a todas las naciones, cuándo un imperio agoniza es cuando más peligroso se vuelve.
Hola Elkin. Es relevante lo que dices: “cuando un imperio agoniza es cuando más peligroso se vuelve”. Muchas gracias por leer y comentar.
Cae porque cae de eso no hay duda. Su decadencia empezó cuando otros países comenzaron a amenazar su egemonía económica y militar con políticas intervencionistas y expancionistas, limitadas en parte por el poderío militar de EEUU que a punta de plomo y fuego y desconociendo la ley está sobreaguando. El destino de groenlandia puede ser una fase más del desplome de EEUU, pues su bloque militar -otan- puede despedasarse y el surgimiento de nuevas armas y en otros paises, incluyendo Corea, India, Japón, Irán, Irak e Israel, darán al traste con EEUU después de una cruenta guerra con consecuencias impredecibles.
Jose, hola. Muchas gracias por tu lectura y comentario. Creo como tú, que un derrumbe como el que se ve venir va a tener no solo consecuencias impredecibles sino que sacudirá a buena parte del mundo.
La verdad es que cae… pero cuánta destrucción se llevará? Lo cierto es que cada vez todo lo absurdo supera cada evento de poder sin cortapisa. Que Israel, que Rusia que China! Uf creo que el Sionismo de primeras y luego ese orangután y las potencias arrinconaron a la humanidad. No futuro para los demás. De todas maneras me gusta leerlo don Alberto.
Hola Helena. Son impredecibles las dimensiones de los hechos y daños que se generan en el proceso de derrumbe de un imperio. Pero los hay.Todos los escenarios son complejos. Recuerdo una frase dicha por algún profesor o leída en alguna parte: “una crísis es un instante entre dos claridades”. Me ha parecido que es cierto. Antes de la crisis todo parece claro, pero después de la crisis no solo se aclara cuál era estado real de la situación anterior, sino que se ingresa en un escenario de nuevas claridades. Ese es el ciclo.
Interesante texto. Muy didáctico. Estoy de acuerdo, el imperio norteameericano va a caer, posiblemente ya esté cayendo, solo que si sigue el camino del Imperio Romano nos quedan al menos 100 años para poder disfrutar esa noticia en plenitud.
Hola Álvaro. Muchas gracias por tu lectura y comentario. No creo, como lo planteo en la columna, que los derrumbes imperiales se repitan en la misma lógica. Estoy aferrado a la idea de que no tendremos que esperar tanto…
Al igual qué Alvaro, creo qué no alcazaremos a ver esa caida.
Cada vez se fotalece más la capacidad armamentista y la económica.
Jorge hola. Muchas gracias por tu lectura y comentario. Pienso que el mundo contemporáneo se mueve a una velocidad de vértigo, pero el axioma es claro:”cualquier cosa puede suceder”
Hola Alberto. Si. Que cae, cae. Como los perros rabiosos a punto de morir puede dejar antes un reguero de muertos y países arruinados. Ojo con los ignorantes cómplices.
Hola Hugo. Los expertos afirman que en su etapa de derrumbe los imperios son escandalosamente peligrosos. Tienes razón. Agradeco mucho tu lectura y comentario.