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Al Alberto

El hombre de arcilla.

Por Alberto Morales Gutiérrez

No éramos más de 30 personas las que estábamos sentadas al frente de la pantalla ese sábado, allá, en el Hotel Mariscal. No se nos pasó por la cabeza la dimensión de lo que íbamos a ver. El programa del Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia decía que era una película francesa, la ópera prima de la actriz y guionista Anaïs Tellenne, quien la coprotagoniza, y que el film hizo parte de la selección oficial del 80º Festival Internacional de Cine de Venecia de 2023.

Han de haberla producido en el 2022.  

Sentí, cuando se prendieron las luces, que acababa de vivir una experiencia formidable, y entendí de una vez y para siempre, el poder de las pequeñas cosas. Fui comunidad con todos los espectadores sensibles que han de haber visto esta película en el lapso de los tres últimos años, en minúsculos teatros alternativos, locales culturales, tal vez pequeñas bibliotecas del mundo, y no pude menos que pensar en “el efecto mariposa”.

Sentí optimismo. Yo, que soy dado a la tragedia, descubrí ahí el poder transformador que anida en el arte. Ya no tuve duda sobre el estruendo del poema; la capacidad transformadora de una frase literaria excepcional; la fuerza inconmensurable del destello de la estética. Siempre tuvo razón el profesor Edward N. Lorenz: “¿Puede, el aleteo de una mariposa en Brasil, desencadenar un tornado en Texas?”. ¡Sí!, ahora lo que tengo son certezas. La teoría del caos que aplica en sistemas complejos y en sistemas dinámicos, lo ha demostrado con sus formulaciones matemáticas y los diagramas de recurrencia, tanto como con la vida constante de múltiples sistemas naturales que hacen parte de nuestra cotidianidad.

Gloria Rodríguez, una amiga entrañable, mencionó al “gólem” que apareció fugazmente al principio y refirió la consistencia de esa figura del folclore del medioevo, incorporado a la mitología judía. Un ser deforme fabricado de arcilla, que cobra vida con un soplo. El simbolismo es impecable. De hecho, el nombre de la película lo define exactamente: “El hombre de arcilla”.

El actor y artista plástico Raphaël Thiéry, interpreta a ese campesino manso, tuerto y contrahecho, que protagoniza la historia.

Hay ahí una mansión medieval, una especie de castillo en la campiña francesa, cuyo cuidado ha sido responsabilidad de la familia de Rafael desde tiempos inmemoriales. Él vive en la casa de la servidumbre con su madre anciana y realiza labores rutinarias de mantenimiento y limpieza. Nadie vive en la mansión. La última descendiente de la dinastía que la habitó, no va hace años.

Una mujer que tiene la tarea de llevar el correo y paquetes en la zona, ninfomaníaca y con una que otra perversión, aporta la actividad sexual que Rafael ejerce en su rutina. Tiene con ella una relación cómoda y sin contratiempos.

Rafael ha incorporado a su vida, el placer de tocar la gaita gallega y hace parte de un grupo que se presenta en el pueblo cercano. La gaita le suena bien. Le gusta ensayar, afuera de la casa, bajo la luz de la luna.

Y entonces, una noche cualquiera, ocurre la inimaginable. La última heredera llega en un taxi. Rafael sabe lo que tiene que hacer: encender las luces, prender la chimenea, quitar las telas que cubren los muebles, prepararle la habitación que seleccione y ponerse a su disposición.

Ella es Garance, una afamada artista plástica contemporánea. La mujer del correo la encuentra en Google y le enseña a Rafael sus logros, instalaciones, pinturas, performances, reconocimientos. Garance ha llegado hasta allá en medio de una crisis. Tal vez un rompimiento afectivo, tal vez una laguna creativa.

Rafael continúa con su rutina diaria mientras la observa en la distancia. Ella también lo observa. Las instrucciones son cordiales. Garance es, además, una mujer de gran belleza.

Una noche, mientras él ensaya la gaita, ella aparece y lo escucha. Lo escucha con respeto y admiración. Le hace comentarios inteligentes y acertados. Días después ella le pide todas las llaves de la mansión. No es nada personal – le dice- quiere privacidad. Desaparece, no vuelve a salir, no se la siente. 

Preocupado con la idea de que pueda haberle pasado algo, Rafael ingresa al palacete por uno de esos pasadizos propios de este tipo de construcciones y se desmaya frente al impacto de lo que encuentra en la sala principal: trazos, bocetos de su rostro desde diferentes ángulos; bocetos de él trabajando con sus azadones, inclinado en la tierra. Lineas concebidas en grandes formatos, colgados de las paredes en desorden. Ya se sabe observado.

Al despertar, ella le explica su proyecto. Quiere hacer con arcilla, una escultura de él a tamaño real. Le propone que pose. Debe estar desnudo. Él le explica que es incapaz de quitarse los pantaloncillos, ella le dice que no hay problema, llegará el momento en el que lo haga espontáneamente. Lo hizo, en efecto.

A partir de ese momento, la película ingresa en una nueva dimensión. Él se enamora, ella convierte su fealdad en arte. No hay distorsiones en la relación, no hay generación de falsas expectativas. Hay una paulatina simbiosis en la que la una y el otro se nutren y cada uno se alimenta de todo aquello que recibe. Es muy sensible y respetuoso el manejo de las imágenes, los diálogos, los detalles.

Él no pierde el sentido de las proporciones, pero es notable su inteligencia en el encuentro del desenlace, porque es cierto que, al final, hacen el amor. Se lo merecen, pero son una pareja imposible.

Todo el tiempo aletea la mariposa, la esperanza, el poder de la estética, la poesía. La ambición temática de esta película parece configurar una especie de hilo de Ariadna, que nos conduce por el laberinto de la vida y nos conecta y nos enseña sobre la sensibilidad y sobre los caminos de la redención…

Hay dos momentos trascendentales al final: el primero, un recorrido por la exposición y el segundo, la imagen de Rafael, allá, cuidando la mansión.

La exposición es arte conceptual de clara orientación nihilista (una paradoja descomunal, dado lo que nos produce en el alma). Hay instalaciones, pinturas, performances, rastros de objetos y, claro, la escultura de Rafael. La guía dice que jamás se sabrá quién es realmente ese personaje que ha posado.

La toma final de Rafael es muy significativa, porque ya él es otro ser humano. Es el mismo, claro, pero ya es otro. No queda nada monstruoso en él. La dignidad ha tomado posesión de su cuerpo. Un nuevo tipo de soplo humano ha dado vida al gólem.

Ver esta película fue emocionante. ¡Qué exquisito ejercicio de la inteligencia y de la estética!

P.D. Encuentre en www.alalberto.com todas las columnas, artículos y reportajes. Puede escribirme a alberto.morales@moralescom.com

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14 respuestas a «El hombre de arcilla.»

Y además, poeta!!
Qué maravilla leerlo!
Hoy no me queda el afán de rebuscar y completar datos. Sólo una rara emoción con la belleza de su relato.
Gracias!!!!

Ala Alberto, tu emotivo comentario sobre L’homme d’argile (El hombre de arcilla) me hace sentir que verla puede resultar tan emocionante como presenciar La Creación. Corro a buscarla.

La vas a disfrutar Juan. Si la encuentras, me dices en qué plataforma está, para compartir su ubicación con quienes me están preguntando. Te mando un abrazo agradecido

Estimado Alberto, tienes mucha madera para ser crítico de arte y comentarista de cine…
El tema del Golem es una constante en el relato occidental que sólo hasta ahora se está develando en si justa dimensión. Todo de el es criatura non conforme como todos las almas de los seres humanos y un beso basta para sanarlo…!
Esos trabajos de cine independiente son muy valiosos por ser anatema ..
Me alegra que estes de regreso en el grupo de los optimistas ..!

Estimado Alberto, tienes mucha madera para ser crítico de arte y comentarista de cine…
El tema del Golem es una constante en el relato occidental que sólo hasta ahora se está develando en si justa dimensión. Todo de el es criatura non conforme como todos las almas de los seres humanos y un beso basta para sanarlo…!
Esos trabajos de cine independiente son muy valiosos por ser anatema ..
Me alegra que estes de regreso en el grupo de los optimistas ..!

Alberto, quiero ver la película contando desde ya con tu descripción sensible y poética. Ojalá alguien la encuentre. Yo también haré la indagación. Y gracias por un tema tan grato este domingo

Alberto. Dias sin verte. Me gustó mucho el relato y ya tengo el deseo de ver “el hombre de arcilla”. Debo confesarte que no encuentro mucho la relación entre la teoría del caos y “el hombre de arcilla”. Limitaciones mías de seguro. Pero tu relato me fascinó. Un abrazo

Hola Hugo. Muy bueno verte por aqui. Me alegra que te haya gustado el relato. El tema del efecto mariposa fue una figura y ocurrencia producto de la exaltación. Quería decir que una película puede contribuir a hacer cambios en el mundo. Un abrazo agradecido.

Los comentarios están cerrados.