Así, en ese mundo en el que la desinformación es la constante y la desconfianza es el sentimiento imperante, empezaron a oírse voces sensatas, disonantes, otras miradas, otros puntos de vista. También hay temáticas frívolas, claro, pero son temáticas alternativas.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Quiero advertirle que lo que voy a escribir hoy, es una “trampa” intimista.
El profesor Nicholas Carr publicó tempranamente, un apasionante y demoledor texto que, bajo la denominación de Superficiales (Taurus. Madrid, 2010) respondió de manera incontrovertible un interrogante: ¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Aunque la publicación se hizo hace 15 largos años, tiene consideraciones de gran impacto que demuestran cómo estamos sacrificando nuestra capacidad de lectura y de pensamiento crítico, profundo y reflexivo, en aras a la adquisición veloz de información superficial.
Demuestra que se están presentando alteraciones severas en nuestros procesos neuronales y que hay cambios evidentes en nuestros cerebros que, de manera paulatina y siniestra, anularán la manera como asumimos el pensamiento y el análisis hasta hoy. “Nunca antes existió un medio como la Red, programado para dispersar nuestra atención de modo tan exhaustivo como insistente”
Uno de los riesgos que avizoraba Carr es precisamente el de la fascistización de la sociedad. La ausencia de reflexión provocaría un consenso universal, un estar de acuerdo con la idea básica imperante, un rechazo a toda idea nueva por considerarla subversiva, un estancamiento intelectual.
El tema de la banalización de la sociedad actual ha sido recurrentemente analizado por filósofos y pensadores contemporáneos, pues se trata del desarrollo de una dicotomía que es más que evidente: la abundancia de información no parece llevar a un mayor conocimiento.
No es cierto que hayamos evolucionado “de animales a dioses”, según sostiene Yuval Noah Harari. No es cierto que el largo enunciado de los descubrimientos, tecnologías, máquinas y artilugios del desarrollo; las estadísticas sobre enfermedades derrotadas o acceso a servicios públicos, sean datos que den cuenta de que “la humanidad atraviesa su mejor momento”, como afirma Steven Pinker, o que hayamos llegado al “fin de la historia” como preconiza Francis Fukuyama. No. No es cierto.
Estos tres textos buscan defender con diferentes argumentos, una visión única y excluyente: el triunfo definitivo de la “idea occidental” o del liberalismo occidental, sobre cualquiera otra alternativa existente.
Naomi Klein, una de las más sobresalientes críticas de este modelo, lo ha definido como “el capitalismo del desastre”, cuya función ha sido la de invertir décadas en la tarea de “borrar y rehacer el mundo”.
En La modernidad líquida (Fondo de Cultura Económica. México. 2003), el sociólogo Zygmunt Bauman hizo una radiografía de esa nueva fase del capitalismo, al afirmar que “lo que diferencia a la modernidad de cualquiera otra forma histórica de cohabitación humana, es la compulsiva, obsesiva, continua, irrefrenable y eternamente incompleta modernización, la sobrecogedora, inextirpable e inextinguible sed de creación destructiva”
Lo objetivo es que degeneramos en zombis, pero no a la manera de esos muertos vivientes de las películas de antaño, sino en zombis contemporáneos cuya única característica es la de haber perdido el sentido de la realidad. Ese tipo de seres en los que nos hemos transfigurado, es tal vez la imagen más trágica de la humanidad contemporánea. Gilles Lipovetzky en La era del vacío (Anagrama. Barcelona. 1983) lo define como esa inmensa ola de desinversión por la que todas las instituciones, todos los grandes valores y finalidades que organizaron las épocas pasadas, se encuentran progresivamente vaciados de sustancia. Esa pérdida del sentido de la realidad de los zombis contemporáneos se explica, en esta perspectiva, como la instauración de una indiferencia que no desencadena ninguna angustia metafísica. Es “la era de la apatía”, dice. Esta descripción es más que gráfica: “El hombre cool no es ni el decadente pesimista de Nietzsche, ni el trabajador oprimido de Marx, se parece más al telespectador probando por curiosidad uno tras otro, los programas de la noche”.
Parecía que todo estaba perdido, pero surgió, de repente, una contracorriente. Al principio era casi imperceptible, pero hoy ya es una tendencia. Los millennials (no todos, desde luego) empezaron a leer tímidamente y ya impactan porcentualmente en las métricas de la industria editorial e informativa. Las agencias de viajes empezaron a ver el retorno de los clientes que no querían soportar más engaños de hoteles y planes turísticos inexistentes. La intermediación de un experto que responda se tornó nuevamente en un servicio que la gente está dispuesta a pagar. Y la ola de los contenidos serios, no triviales, como respuesta a la exacerbación de la imbecilidad que caracterizaba a los “influencers”, empezó a tomar forma. Marcas como BBVA le apostaron a charlas serias, TED empezó a impactar cada vez más audiencias y emergió el PÓDCAST como una alternativa democrática en la que las gentes empezaron a expresarse seriamente, a ejercer el pensamiento, a reflexionar.
El pódcast no exige grandes inversiones. Su producción es, parafraseando los dichos de estas tierras, “buena, bonita y barata”. Abundan las plataformas sobre las cuales el pódcast puede correr y ya abundan también los pódcasts especializados en los más diversos temas. La gente los oye y los ve.
Siobhan McHugh quien ha analizado el fenómeno, destaca que el pódcast permite establecer un contexto de intimidad con el usuario, pues regularmente se escucha en privado y porque se trata de un medio que el usuario ha escogido, quiere oírlo. “Algunos oyentes comparan el descubrimiento de un nuevo podcast con una nueva amistad” -dice-
Aunque el pódcast emergió en las redes desde el año 2004 como una innovación al servicio de la radio, fue solo en el 2012 que empezó a configurarse como una tendencia, aunque todavía como una alternativa radial. Hoy, periodistas independientes descubrieron en el formato una oportunidad para mantener su vigencia y tomaron forma nuevas modalidades de conversación. Ya para el 2020 era evidente la presencia de alternativas múltiples: entrevistas, humor, análisis, temáticas con contenidos especializados, pero siempre en un tono informal, cercano, coloquial. Y entonces se fue convirtiendo también en “una formidable herramienta de inclusión” pues facilitó la expresión de grupos marginados, “miembros de minorías políticas o religiosas, comunidades LGTBQTI, personas con discapacidad, activistas, grupos comunitarios”, en fin.
Y lo hacen como un ejercicio de rebeldía, de libre expresión. Así, en ese mundo en el que la desinformación es la constante y la desconfianza es el sentimiento imperante, empezaron a oírse voces sensatas, disonantes, otras miradas, otros puntos de vista. También hay temáticas frívolas, claro, pero son temáticas alternativas.
Entonces, ahora sí, la trampa intimista a la que me referí en un principio. Ocurre que sentí una genuina emoción al evidenciar la contracorriente y cedí a un impulso inesperado: ¿por qué no grabar un pódcast centrado en impulsar el pensamiento crítico?, ¿por qué no propiciar conversaciones decididamente reflexivas, intentar otras miradas, hacernos preguntas, ejercitar la controversia? Estoy en esa tarea. El pódcast se llamará MÉTALE CABEZA y correrá en las plataformas que lo permitan: Spotify, Youtube y otras. Me encargaré de avisarle la fecha de inicio. Tengo casi la certeza de que será en dos semanas. Me va a gustar mucho que ahí, en MÉTALE CABEZA, podamos encontrarnos usted y yo. Vale la pena intentarlo. Gracias.
23 respuestas a «La rebeldía en la Red tiene la forma del pódcast»
Excelente idea. Dentro de este universo de ” contra corrientes” también se dieron.los Blogs, algo que yo llamo la ” democratización” de los medios y la oportunidad de expresarnos sin mordazas, trampas o mercadeo informativo.
Hola Sandra. Tienes toda la razón. Los blogs también operaron una oportunidad de expresarse contracorriente. Gracias por leer y comentar.
Adelante Maestro. Te habías demorado. Aquí un oyente a la espera.
Juan muchas gracias. Tu expectativa es un estímulo. Abrazo.
Enhorabuena ese nuevo podcast y el nombre super apropiado; en lenguaje procesal probatorio; dicho enlace tiene sus brillos del destello de nace una estrella , parodiando a Barbara Streisand; la estella rutilante de los años ochenta, creo.
Muchas gracias Juan. Ojalá tus premoniciones se cumplan. Abrazo
Alberto te deseo el mejor de los éxitos. Estaré pendiente de su inicio para disfrutarlos como lo he hecho con tu columna
Un abrazo
Juan Fernando, siempre me gusta mucho verte por aquí. Tu expectativa es un estímulo. Abrazo
¡Estaré metiéndole cabeza! Muy importante
Julio hola. Muchas gracias. Un abrazo
Alberto que buena iniciativa, ojalá puedas entrevistar a personajes que difundan el pensamiento crítico. Lo esperamos con mucho interés.
Hola Francisco. Qué bueno verte por aquí. Muchas gracias. Habrá que construir una audiencia que estimule a las personas que invitaría a conversar. Un abrazo
GRACIAS MORALES….ESPACIOS PARA VOLVER A PENSAR..,
Gracia Mía. Un abrazo agradecido
Excelente Alberto..!
Lo estamos esperando..
Gracias Eduardo. Vamos a ver cómo sale.
EN HORA BUENA. DEFINITIVAMENTE HAY QUE BUSCAR EL FUTURO ATRÁS
Gracias Luis Alfonso. Ojalá funcione.
palante, ECHELE CABEZA es mejro que metale, muchos exitos
Gracias Jesús!
Metale Cabeza, es una buena alternativa para hacer frente a tanta basura de zombis contemporáneos y descerebrados influencer y hasta seudoperiodistas que desinforman, mienten y sesgan la información con propósitos maquiavelicos.
Estaré al tanto a Metale cabeza.
Precisamente le estaba sugiriendo a mi hijo hacer un Podcast sobre el fútbol, en un escenario lleno de banderas, guayos y balones.
La banalidad también arropa gustos y estos son los ropajes con que nos han vestido hace ya tantos años que son muy difíciles de quitar.
Tu labor sería tiránica, lo importante es lograr la forma de incidir y que te vean y escuchen.
Ánimo!
Hombre Juan Fernando, muchas gracias por el ánimo. Gracias también por leer y comentar.