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Los abismos…

Por Alberto Morales Gutiérrez

Como si se tratara de un mal chiste, el lema adoptado por la versión 2026 del Foro de Davos, adquiere una especie de contrasentido patético: “espíritu de diálogo” se lee en los folletos oficiales.

Nada más lejos de la realidad económica y geopolítica del momento. Por el contrario, es fácil apreciar en los discursos la magnitud de los abismos existentes. Tal vez como nunca antes, la opinión pública mundial atestiguó estupefacta, esa dimensión abrumadora de la mediocridad, la pusilanimidad y la ignorancia de la dirigencia política internacional. Abundaron las sandeces, las cobardías y, como debe ser, afloró también la inteligencia, la valentía de algunos de los interlocutores. El principio dialéctico de “la contradicción”, se hizo presente con contundencia. .

El discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, despliega cordura y conocimiento. Su lectura de la actualidad no admite dudas: “Cada día se nos recuerda que vivimos en una época de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en norma tiende a desaparecer. Que los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias.” Una suma de afirmaciones impensables en un escenario como ese y en un protagonista como él.

Es de enorme trascendencia que, en un foro de esa dimensión, alguien destaque que hay que desarrollar “la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de fortalecer nuestra casa y de actuar juntos” y concluir que “el poder del sistema no proviene de su veracidad, sino de la voluntad de cada uno de actuar como si fuera verdad. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: en cuanto una sola persona deja de actuar así, en cuanto el frutero retira su letrero, la ilusión comienza a desmoronarse”. Carney lo hizo.

Al otro lado de la moneda, Trump, instalado en su “realidad” alucinada, no solo declaraba a su país el centro único del universo, vociferaba sobre su “poder” infinito y despreciaba a todos los asistentes, sino que exhibía su ignorancia sin ningún pudor. Confundió a Groenlandia con Islandia, de quien dijo que le costaba mucho dinero a su país. Y no fue un “lapsus”, fue ignorancia, porque la “confusión” fue repetida hasta el cansancio.

Parecía en estado catatónico, cuando concluyó en su intervención que “la historia recordará esto (sic) como la mayor era de Estados Unidos”. Todo en el personaje es delirante.

Aprovechó el escenario de Davos para presentar en un salón del evento el proyecto inmobiliario de Gaza (su nuevo negocio, socio). La sustentación estuvo a cargo de su yerno y asesor Jared Kushner, quien enseñó con orgullo los resorts, las viviendas, los edificios faraónicos. Trump no podía ocultar su satisfacción y concluyó, con un tono de vendedor inmobiliario: “Miren esta ubicación junto al mar. Miren esta hermosa propiedad. Lo que podría ser para tanta gente. Será grandioso”. En el entretanto, Israel seguía disparando impunemente contra la población palestina.

El proyecto Gaza se exhibió en el marco del evento de la constitución de la “Junta de Paz”, otro delirio concebido para reemplazar a la ONU y que tiene, por decir lo menos, unas características escabrosas. Cada país que se afilie deberá inscribirse con un cheque de 1.000 millones de dólares. Las noticias destacan que ya están registrados los primeros socios. Según parece, el más entusiasmado con el proyecto es el presidente de Argentina, Javier Milei. La “junta directiva” del nuevo organismo está integrada desde ya por Marco Rubio, el flamante secretario de Estado de USA: el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga; el enviado de los Estados Unidos al Medio Oriente, SteveWitkoff; el yerno de Trump, Jaed Kushner; y el ex primer ministro británico Tony Blair. Tan “democrático” organismo “internacional”, según los estatutos, establece que su presidente (que es Trump) tiene el poder de vetar decisiones, aprobar la agenda, invitar a los miembros, disolver la junta por completo y designar a su propio sucesor. La desfachatez es total. Parecen unos niños jugando al monopolio.

Furioso con la intervención de Canadá, Trump envió el jueves pasado en la mañana, una comunicación al primer ministro Mark Carney, que es una pieza de antología sobre la visión que tiene de las relaciones internacionales: “Por la presente, le comunico que la Junta de Paz retira su invitación para que Canadá se una a la que será la Junta de Líderes más prestigiosa jamás reunida” (los subrayados son nuestros)

¿Quién, en su sano juicio, podría tomar en serio a un personaje tan decididamente enajenado? Pues ha de saber usted que, aunque aún no han pagado la inscripción, hay por lo menos 19 países “alineados”.

A mi juicio, lo que ocurrió en Davos entre el 19 y el 23 de enero, fue una catarsis global. Ya no existen dudas en el sentido de que “el modelo neoliberal” se precipita a los abismos. Esas épocas doradas en las que los Estados Unidos y la “american life” eran la fantasía existencial de millones de personas por fuera de sus fronteras, han llegado a su fin. Los dioses ya no pueden serlo…

Michel Onfray en su libro Sabiduría (Paidós 2023) hace referencia a “rerum natura”, el soberbio poema de Tito Lucrecio Caro (99- 55 a.C) que en uno de sus apartes, reflexiona sobre los dioses y destroza la idea de la divinidad, ese “religioso terror que está enraizado en los hombres” y que les hace creer “que todo gira a una señal suya”.

Parafraseando a Lucrecio, ya el mundo entendió que esas “egregias figuras de dioses” no tenían, como ellos suponían, una vida eterna, ni eran muy superiores en dicha al resto de los mortales y que el temor de la muerte no los turbaba. Tampoco eran “hermosos sus semblantes” como ellos creían; sus santuario no eran ilustres, ni eran sagrados.

Esos dioses rezuman ignorancia, eructan como bestias, huelen mal, son carcomidos por sus enfermedades; solo son capaces de mirar hacia su ombligo y no están en condiciones de entender que su espectáculo de hoy no es nada distinto a la exhibición de su estado lamentable, el estado de animales agonizantes.  

No, Mark Carney con su discurso, no va a cambiar el mundo. La fórmula de las medianas potencias no es la salvación, desde luego. Lo que hizo Mark Carney fue hablar sin reverencia en un foro mundial, y esa ausencia de reverencia, hoy y siempre, es la señal inequívoca del carácter deleznable del poder.

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5 respuestas a «Los abismos…»

La diplomacia internacional paso de ser protagonista mundial a un remedo de voracidad ilimitada que aunque cueste creerlo esta dando al traste con la prudencia. No se sabe quien adora más al patrón de todos ellos.

Hola Juan. Trump logró convertir la diplomacia en un ejercicio diario de patanería. Muchas gracias por leer y comentar.

Estamos siendo testigos de un fenómeno que se repite una y otra vez en la historia de los reinos mundiales con su encuentro fatídico en el punto mas significativo de la geografía mediterránea…Gaza..
Ese lugar ha sido el sitio ceremonial por excelencia de las batallas que marcaron el punto de inflexión de los mundos soñados por faraones y reinos.
Antes de Ramses y antes de Dario, antes de los Sasánidas e incluso hace poco Rommel y Patton llegaron hasta esas playas a pagar sus cuotas de sangre en la batalla de kadesh…
Gaza es la Troya de hoy
En donde confluyen la codicia y la lujúria de hoy … como el sexo de Helena y la virilidad olímpica de Aquiles…
Seremos los afortunados testigos de la nueva Troya…!!

Hola Eduardo. ¡Qué buen contexto y buena información nos brindas! Muchas gracias por tu aporte y tu lectura.

Ojo con ese pirata del norte, el “Capitán Pelonaranja” que se quiere apoderar del mundo, imponerle sus condiciones y exprimirle hasta la última gota de su petróleo y demás recursos naturales. Ojo con ese.

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