De hecho, el mismo producto interno bruto (PIB), que ha sido desde 1930 la métrica preeminente para medir el tamaño y el éxito de las economías nacionales, según lo expresa Marck Cliffe, “también es profundamente errado”, pues se trata “en realidad de una estadística compleja forjada por una historia plagada de errores, controversias no resueltas y métodos y definiciones cambiantes”.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Es cierto que, en el mundo de hoy, el prefijo “ciber” o “cyber”, pareciera demarcar la territorialidad de todo aquello que representa avance, desarrollo, inteligencia, modernidad, contemporaneidad: “ciberespacio, cibergrafía, ciberataque, ciberfinanzas, ciberpolítica, cibergobernante, cibereducación…” ¡todo cabe ahí! No pareciera haber territorio vedado para el universo ciber. Los ejecutivos “pupi” nos lo explican con paciencia y convicción, pues, como todo el mundo debe saberlo, ellos son más “inteligentes” que el resto de los mortales.
En el año 2020, el neurocientífico francés Michel Desmurget publicó un texto provocador y certero, “La Fábrica de Cretinos Digitales” (Planeta). Ese libro da cuenta de los impactos que están produciendo los “ciberdispositivos” en la mente de sus usuarios. Más que impactos, verdaderos estragos que amenazan todos los aspectos del conocimiento, de la racionalidad y del pensamiento humano.
A partir de los resultados de una investigación que demuestra cómo desde los 2 años de edad, los niños de los países occidentales empiezan a ser absorbidos por las pantallas de los celulares, en una dinámica progresiva y creciente, de tal manera que cuando llegan al período de los 13 a los 18 años, el consumo diario roza las seis horas y cuarenta y cinco minutos (una cifra aterradora sin lugar a dudas) Desmurget expresa su indignación al descubrir que muchos de los expertos que suelen intervenir en los medios de comunicación, lejos de agobiarse ante esta situación, parecen estar encantados.
Habla de psiquiatras, médicos, pediatras, sociólogos, miembros de diversos grupos de presión, periodistas, entre otros, que mantienen un discurso benévolo y tranquilizador, sosteniendo que estamos en una nueva era, que el mundo ya pertenece a los “nativos digitales” cuyos cerebros – dicen – son más rápidos. Se trata de gente más veloz en sus reacciones, más capaz de procesar los diferentes datos en paralelo, más competente a la hora de sintetizar enormes flujos de información, más apta para el trabajo en equipo. “En último término, esta evolución supone, según ellos, una extraordinaria oportunidad para la escuela, una ocasión única para refundar la educación, motivar a los alumnos, alimentar su creatividad, poner fin al fracaso escolar y acabar con la brecha de las desigualdades sociales”. ¡El optimismo está desaforado!
La realidad es otra y Desmurget lo demuestra: la sobreexposición y uso de las pantallas tienen efectos nocivos evidentes. Desde lo somático, con consecuencias para la maduración cardiovascular o el desarrollo de obesidad, por ejemplo; hasta lo emocional, con agresividad o depresión, entre otras secuelas, pasando por lo cognitivo, con efectos sobre el lenguaje o la concentración.
Refiere en tono crítico, que la incoherencia que parece caracterizar el discurso mediático en torno a las pantallas, se debe no tanto a una supuesta heterogeneidad de las conclusiones científicas en esta materia, “como a la escasa fiabilidad de los especialistas a los que se consulta”.
El carácter delirante de esta nueva realidad, es la abundancia de las denominaciones con las que se pretende exaltar a sus protagonistas: “millenials”, “digital natives”, “e-generation”, “app generation”, “net generation”, “touch-screen generation” o, incluso, “Google generation”, “AI generation” . La idea es vendernos un nuevo concepto: “las polvorientas herramientas educativas del pasado no pueden, ni de lejos, competir con la potencia del demiurgo digital”.
No, la terrible verdad demostrada, concluye lo contrario. Los obnubilados de la “touch-screen generation” no son nada distinto a víctimas, conejillos de indias. Sobre ellos se cierne la debacle. Desmurget lo define como una orgía de pantallas lúdicas que ha logrado, hoy, corroer el desarrollo más íntimo del lenguaje. A no dudarlo, ha corroído también el pensamiento.
El escenario global contemporáneo es el escenario de la irreflexión, de la ausencia de las ideas. El escenario de las frases cortas, de las soluciones rápidas, de la intolerancia exacerbada, del imperativo de hacer desaparecer al otro. La ausencia de pensamiento crítico, la ausencia de la más mínima reflexión, permite entender el carácter desgarrador de la reducción de las competencias cognitivas de estos jóvenes, “desde el lenguaje hasta la capacidad de atención, pasando por los conocimientos culturales y fundamentales más básicos”.
La curiosidad ha desaparecido. Ya no nos hacemos preguntas. Y es la sociedad toda la que ha sido contaminada.
Ese despliegue desaforado de la tecnología web, coincide con la instauración del modelo neoliberal de libre mercado y permite entender el carácter premeditado de la siembra progresiva del cretinismo, hasta los niveles aterradores que se exhiben hoy.
George Mombiot lo denunciaba en el 2016, observando con angustia cómo el resultado final de ese modelo económico fue la creación de una jerarquía “natural” de triunfadores y perdedores, que convirtió a la desigualdad en una virtud, pues “la pretensión de crear una sociedad más equitativa es contraproducente y moralmente corrosiva. El mercado se asegura de que todos reciban lo que merecen”. Ya advertía en esa época, sobre todo lo que representaba Trump como expresión de la decadencia de ese modelo.
En el marco de esta reflexión, quería encontrar un ejemplo relevante, incontrovertible, sobre el significado del pensamiento acribillado y encontré un planteamiento del ingeniero francés Pierre Calame, quien destrozó en julio del año 2006, con singular inteligencia, los manidos términos de referencia que desde la cima inaccesible del Banco Mundial, se han establecido como indicadores de desarrollo, advirtiendo que se trata de indicadores mal concebidos y con graves sesgos que, si no se someten a una crítica fundamental, “arrastrarán al fracaso a todos los demás procedimientos” .
Hacía eco a un valeroso texto escrito en el 2001 por el mexicano Fernando Medina, consultor de las Naciones Unidas, en el que hizo una serie de consideraciones en torno al conocido índice GINI, que mide la desigualdad, y otros indicadores que cumplen la misma función: la curva de Lorenz, el índice de Theil y el coeficiente de Atkinson, para concluir que “los diferentes índices que han sido presentados tienen un carácter esencialmente ordinal, y por tanto los valores que generan no son comparables entre sí, a pesar de que sus cálculos se efectúen con el mismo conjunto de datos”. De hecho, el mismo producto interno bruto (PIB), que ha sido desde 1930 la métrica preeminente para medir el tamaño y el éxito de las economías nacionales, según lo expresa Marck Cliffe, “también es profundamente errado”, pues se trata “en realidad de una estadística compleja forjada por una historia plagada de errores, controversias no resueltas y métodos y definiciones cambiantes”.
Una sociedad acrítica, incapaz de hacerse preguntas, que asume que el mundo y sus “verdades” debe mantenerse exactamente como está, es más que una sociedad en la que el cretinismo se ha impuesto, más que una sociedad en la que el pensamiento ha sido derrotado; es una sociedad inviable, destinada de manera irremediable a la implosión. Es eso lo que estamos aceptando…es eso a lo que nos estamos resignando.

12 respuestas a «Los cretinos digitales y el pensamiento acribillado.»
Cordial saludo, excelente tres parrafos contundentes obvio se debe airear pero ese es el vaso de la lcuadora lleno de esos ingredientes para un resultado desastrozo
Hola Jesús Heraldo. Muchas gracias por leer y comentar. A no dudarlo, los resultados que se ven son deprimentes.
Alberto, lo vivo y lo padezco cada día con las nuevas generaciones de mi familia. Mucha pantalla, mucho “entretenimiento” y poco pensamiento. Es cierto que los más jóvenes tienen algunas capacidades y habilidades que los mayores no tenemos, pero la capacidad de pensamiento crítico y reflexión son fundamentales a la hora de tomar todo tipo de decisiones personales y colectivas que afectan la vida propia y la de la sociedad. La imagen que ilustra hoy tu artículo es un reflejo espeluznante del hoy. Feliz día
Es cierto. Mete miedo tanta elementalidad, tanta incapacidad de reflexión. Un abrazo agradecido por tu lectura y comentario Piedad.
El cretinismo o imbecilidad manifiesta, es la implosión de fuerzas contrarias que terminan deformando a esa mayoría sin que se den cuenta por falta de preparación reflexiva ante tantas presiones continuas. Excelente artículo Alberto. Los sesgos de la manipulación de todo lo Ciber esta socavando consciencias y el efecto perseguido queda así asegurado con cifras e imdicadores del terrible dataísmo.
Hola Juan, gracias siempre por tus lecturas y comentarios. La socavación de las consciencias es el objetivo de esta “ciberconspiración”.
Como me gustaría viajar al futuro en una máquina inventada por SAAB/GRIPEN o Elon Musk, para ver un mundo totalmente nuevo regido por computadoras y operado por robots, mientras nuestros niños, niñas, jóvenes, hombres y mujeres hechos y derechos, ancianos y ancianas aferrados a un telefono celular o a una tablet caminando como zombis y sin saber cómo llegaron a ese desarrollo. Sería un panorama desolador.
No estás muy lejos de ese panorama aterrador. Gracias Eduardo por leer y comentar.
Alberto, quiero ser sincero sin ser cínico… pero estoy encantado con el reto inmenso al que nos sometemos hoy con esta sociedad de cretinos digitales porque de toda esta masa pegajosa y deforme sólo se podrá escapar con astucia y reflexión y la filtración será exitosa.
Si, exitosa la filtración que separará la paja del grano, que brillará por las verdaderas razones del sentido crítico y la cordura del buen vivir y el buen sentir. El futuro será algo así como dos esferas muy distintas, una grande y pegajosa llena de pantallas y aparatos intra uterinos y vaginas electrónicas y otra esfera muy distinta compuesta por hombres y mujeres conscientes y exquisitamente sencillas con libros y espacios reales haciendo el amor junto a la playa viendo hermosos atardeceres …
Hola Eduardo. La aspiración no puede ser más estimulante: …”libros y espacios reales, haciendo el amor junto a la playa y viendo hermosos atardeceres…”. Es el ideal. Mi agobio tiene que ver con el hecho de que el cretinismo digital es maliciosamente inducido con herramientas poderosas y eso convierte en víctimas a quienes lo padecen. Ese cretinismo no es voluntario. ¡Algo tenemos que hacer!
La tecnología como elemento de poder ha creado una especie de humanos sin pensamiento crítico, pero sí con mente corporativa sumisos a las bondades materiales con que el mismo capitalismo neoliberal los nutre y propaga. Son hordas de muchachos siempre conectados al dispensador constante de pequeños placeres consumistas, embebidos en una luminosa soledad apenas compartida en islas de amistad evanescente y sentimientos de competencia y desamor. De ahí que los gatos hayan reemplazado al perro, como éste lo hizo con los hijos y los buenos amigos: Queda así más fácil obtener el control y la estupidez necesaria para encontrar el mejor medio de consumir mientras se aíslan y ven al mundo como un paisaje para “gozárselo” ( el viajar constantemente como panacea) en un ciclo que
se repite creando desazón y desconfianza. Están unidos y a la vez separados y amarrados a la misma red, a la misma soledad manipulada.
Son sociedades de solitarios, de NÓMADAS digitales a través del desierto del “No Ser” como diría el filósofo de bigotes, aquel que enloquecíó a los cuarenta y seis…
Hola Juan. Muchas gracias por tu reflexión. ¡Qué escenario!