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Al Alberto

Mi revolver es más largo que el tuyo.

Por Alberto Morales Gutiérrez

Este título, que es el mismo de la novela del legendario Alberto Duque López publicada en 1977, define también de manera precisa el eje argumental de las discusiones, enfrentamientos y conflictos que caracterizan el “debate” político en estos tiempos. Aunque, pensándolo bien, la verdad es que el sectarismo, el fanatismo, la intemperancia y la vulgaridad, son más antiguos de lo que muchos de nosotros nos estábamos imaginando.

Retroceda usted hasta el siglo V a.C en la antigua Grecia y pregunte por Calicles, el filósofo que ha sido definido como un “amoralista oligárquico” y precursor, además, de lo que hoy se conoce como la “realpolitik”. Para Calicles era absolutamente natural y además justo, que los fuertes dominaran a los débiles y que era “injusto” que los débiles se resistieran a tal opresión.

Ha tenido cierta resonancia su respuesta a Sócrates en un debate al que ya he hecho referencia en el pasado: Calicles guardó silencio después de escuchar a su contrincante, lo que obligó a Sócrates a hacerle una pregunta: “¿Aceptas lo que te estoy diciendo?” y Calicles le respondió tajante: “me da igual lo que digas, yo tengo la espada, tengo la fuerza, y me da igual que tengas razón o no”.

La Revolución Francesa en el siglo XVIII, que tuvo tanta trascendencia en la historia de la civilización y que desencadenó transformaciones profundas a partir de su célebre consigna “égalité, liberté, fraternité”, fue además un hervidero de discusiones y confrontaciones entre sus protagonistas. Las dos fuerzas enfrentadas en la Asamblea Nacional: girondinos y jacobinos, que habían luchado contra el rey, la nobleza y coincidían en defender los principios liberales, tuvieron diferencias que terminaron siendo irreconciliables. Mientras los primeros (empresarios y comerciantes) eran partidarios de limitar el poder real y no permitir el voto a los pobres, en tanto no pagaban impuestos; los otros querían proclamar una república democrática, con derecho al voto para todas las clases sociales. Los jacobinos eran pues, los “duros” de la revolución.

Es cierto que, por contar con mayorías en la Asamblea, los girondinos lograron sancionar la primera Constitución e instaurar una “monarquía parlamentaria” con derecho restringido al voto, pues solo podían hacerlo quienes pagaban impuestos. Es cierto, también, que la alegría solo les duró un año. Para 1792 los jacobinos se tomaron el poder y, como asumían poseer la verdad, instauraron un régimen de terror para imponer sus ideas.

Robespierre fue el gran dirigente de ese proceso y su vida como abogado, escritor y político, reflejaba de manera nítida la suma de los principios inspiradores de esas grandes transformaciones. Su alto sentido de la justicia y de la equidad lo condujeron a ser defensor legal de los más desposeídos; su rechazo, rotundo y visceral, a la pena de muerte y sus escritos y discursos que lo ubicaban como la antítesis de la monarquía y del clericalismo, lo ubicaron muy  rápidamente como una figura representativa de esa revolución.

Llegó a ser el presidente de la “Convención Nacional” y, sin lugar a dudas, el hombre más poderoso de Francia.

Entre 1793 y 1794 el “Comité de Salvación Pública” liderado por Robespierre y constituido en medio de una coyuntura de amenazas externas y revueltas internas, instauró lo que pasó a la historia como “el régimen del terror”, en donde el sectarismo, la intransigencia y la intemperancia estuvieron al mando, desencadenando una persecución y una violencia que llegó a niveles extremos y causó cerca de 40.000 muertos.

Aunque hay defensores y detractores de Robespierre y versiones encontradas en torno a su rol, es evidente en sus discursos y escritos de la época, que ya había sufrido una transmutación en sus creencias y asumía posiciones propias del fanático.

Es en ese contexto que fue guillotinada Olympe de Gouges. Tenía solo 45 años. Una mujer extraordinaria, inteligente, una auténtica revolucionaria, una intelectual valerosa, coherente  y una antiesclavista pertinaz. Hay subversión en todos sus textos: “Reflexiones sobre los hombres negros”, “El mercado de los negros”, “Carta al pueblo”, pero el más destacado fue su “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana”. Ese texto, cuyo título emulaba con la “Declaración de los Derechos del hombre y el ciudadano”, puso el dedo en la llaga a la visión patriarcal de una revolución triunfante, en la que las mujeres no existían como sujetas de derecho alguno. Esta especie de bofetada a la incoherencia, se convirtió en una afrenta imperdonable. Olympe hacía parte de los girondinos, que habían sido expulsados del poder y eran duramente perseguidos.

La detuvieron en “Saint Germain des Près”, y enfermó por las malas condiciones de esa prisión. El día de su “juicio” fue trasladada a la “Conciergerie”, en donde, sin defensa legal alguna, habló con valor e inteligencia, pero fue condenada a muerte. El texto que sustenta la decisión es de antología: se la condena a subir al cadalso “por pretender ser “hombre de Estado”, atentar contra la República y renegar de su propio sexo…”. La sacrificaron el 3 de noviembre de 1793. Ocho meses después, el 28 de julio de 1794, fue Robespierre quien terminó guillotinado. El régimen del terror había llegado a su final.

No deja de ser sorprendente lo que desencadena el fanatismo, la posesión de “la verdad”, la incapacidad de aceptar la existencia del otro. El argumento de la fuerza, la descalificación, la intemperancia; el predicamento falaz de poseer el garrote más grande, la bomba más poderosa, el portaviones más descomunal, el revolver más largo, es una construcción propia de la lógica patriarcal, es la fantasía erótica del macho alfa.

Trump grita al planeta que el suyo es el más grande sobre la faz de la tierra y que, en consecuencia, todo el mundo debe arrodillarse ante él. Maduro contra argumenta y lo reta, porque asume que el de él no es solo más largo, sino que sus milicias sí que lo tienen largo.

De la Espriella sonríe con sarcasmo y predica que el más largo de todos los largos es el de él y que se atengan los comunistas. Petro dice que es válido poner el tema en el tapete porque confía plenamente en su propia largura, mientras Álvaro Uribe declara que no es necesario mostrar nada porque todo el mundo sabe que el más largo es el de su pertenencia. Y mientras todos vociferan, puede verse detrás de las cortinas, la sombra del muy sibilino Néstor Humberto Martínez, cuyo argumento frente a quien quiera escucharlo, es que el revolver de él es más largo que el de todos los demás juntos. Argumenta adicionalmente, que el suyo es manejado con una enorme paciencia.

Como todo el mundo también lo sabe, esa “largura” les impide pensar.

P.D. Encuentre en www.alalberto.com todas las columnas, artículos y reportajes. Puede escribirme a alberto.morales@moralescom.com

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17 respuestas a «Mi revolver es más largo que el tuyo.»

Hola Juan, muchas gracias por leer y comentar. Los del mostrario son cobardes y habladores.

tal cual, pero asi tengan el revolver mas grande el bverdadero revoilver esta en las urnas solo que la ignorancia de la gente los sigue menteniendo como si el masoquismo estuviese en su adn
le falto que ahora no solo tienen el revover mas grande ahora usan la religion y se hacen llamar ungidos elegidos de Dios y hacen rituales se brazan se arrodillan gritan y hasta la burla los traiciona pero todo se vale

Hola Jesús. Muchas gracias por tu opinión y lectura. Tienes razón, la religión es una herramienta de alienación inigualable.

El macho alfa siempre ha tenido problemas con la longitud, por eso cuando apenas estrenábamos un remedo de cerebro, las hembras hacían sociedad, historia, leyes, familia etc. el macho se dedicaba a estirar el pene amarrando una piedra a su falo esperando que se alargara.

Hola Humberto. Esos cerebros que, como dices tú, son un remedo, tienen una visión del mundo muy básica.

Excelente reflexión Alberto. Aprendí mucho. Y es muy preocupante el panorama actual de la discusión política del país. Las ideas. Las propuestas expuestas con argumentos pasan a un segundo plano

Un placer leerlo!!!!! Gracias por ese resumen histórico! Es increíble como se retrocede con los “líderes” de hoy cooptados por sus miserias.

Hola Alberto
Una cosa es el fanatismo: aquella postura en la que se apoya febrilmente una gobernanza sin ningún argumento o razón válida excepto por el simple hecho de admirar o estar cautivo por una ilusión que en algo compensaría inconscientemente un faltante o una incompletud. Lo mismo sucede con el enamoramiento de un mal amor, o la adhesión sin tapujos hacia un cantante o a un ídolo como Higüita, Camilo Sexto, o los Beatles.
Otra cosa muy diferente es apoyar un proyecto político o defender la dignidad o autonomía de un país.
La megalomanía o el narcisismo abyecto de un Trump o de un fascista tropical como lo es De Laspriella, riñe rotundamente con la posición del presidente Petro, un político con un pensamiento social y una vision historica interesantes. Los otros, como Uribe y asociados defienden una causa clasista emparentada con apetitos mafiosos a cuyas huestes rehúsa pertenecer el llamado Tigre, sabiéndose mejor y más sagaz. El ejemplo imperial ya magnificado es el de Trump, el magnate blanco, el Rey (los otros son cachorritos), mientras Petro patalea llamando la atención y tratando de abrir conciencias y rescatar un poco de la dignidad perdida.
No es cuestión de longitud fálica Alberto, es cuestión de amor por el país.

Hola Juan Fernando, muchas gracias por tu comentario. Desde luego discrepo de toda idea que le asigne virtudes inmáculas a cualquier gobernante o dirigente político.

No son virtudes inmaculadas, es una posición política ante la agresión y la obligatoriedad del vasalleje.

Hola Juan Fernando. Ortega y Gasset hace una afirmación que a aplica para cada uno de nosotros dos: son nuestras creencias las que determinan la manera como miramos e interpretamos nuestros mundos.

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