La cohesión política es frágil, es efímera, porque su inspiración es errática, carece de principios, son negociaciones electorales. El único camino, a mi juicio, es el retorno a las ideas. El problema es que la lógica electoral está haciendo todo lo posible porque las ideas desaparezcan de la política.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Hay, en la definición de democracia, una conciencia compartida en el sentido de que ella es la expresión de “la voluntad mayoritaria”. El tema de las mayorías triunfantes desencadena legitimidad y es la legitimidad la que configura el poder de quien es acogido por esa mayoría.
Esta argumentación construida a la manera de un silogismo, empieza a hacer agua en las condiciones de la agitación política contemporánea y en el análisis de las herramientas que se utilizan en esa agitación. Nadie tiene dudas sobre los impactos de la manipulación, las “fake news”, los algoritmos maliciosos, las bodegas, las tarifas de los “influencers”, los dineros calientes, la compra de votos, en fin.
No deja de generar cierta hilaridad el hecho de que, con conocimiento pleno de lo que significan esas herramientas, tanto los analistas como los electores y los militantes y los activistas y los voluntarios; consideran que las víctimas de la manipulación son los otros, pero ellos nunca. ¡Todos ellos son inmunes!
Lo decididamente cierto es que, en las condiciones actuales, no solo por la incidencia de las herramientas aludidas, sino por el fraccionamiento razonable que existe entre las interpretaciones que los diferentes grupos sociales y grupos de interés tienen de sus “realidades”; puede ocurrir que la mayoría ganadora en una determinada confrontación electoral, sea un grupo que, en términos de cifras, esté por debajo de los números sumados de los grupos perdedores.
Así, se convierte en un axioma la pregunta que sugiere Norbert Lechner en su texto “La estrategia de la minoría consistente” (ELSEVIER No 15. 2013): ¿es posible que una minoría activa pueda influir sobre una mayoría silenciosa? La respuesta es, sin lugar a dudas, sí, sí puede.
La gran dificultad práctica para que “el gobierno de las mayorías” solucione los problemas de la sociedad a la que gobierna, es que esas mayorías ven el mundo desde lo que Lechner llama “su horizonte particular”, lo que significa que se mueven en una “realidad” que no necesariamente es la realidad posible. Pero, desde su horizonte, ellos tienen la legitimidad del poder y es eso lo que los conduce, de manera irremediable, a funcionar en la lógica del principio de reciprocidad, es decir, “no reconozco sino el interés de aquel que reconoce mi interés” y esos intereses compartidos son los que construyen nuestros derechos. Así, la democracia termina destrozada. Exactamente, lo que está ocurriendo en el mundo de hoy.
El sociólogo alemán Heinrich Popitz (1925-2002) desarrolló la teoría de “las máquinas del poder”, unas máquinas cuya “energía motriz” es proporcionada por quienes son dominados. Popitz ve a la especie humana como una especie capaz de concebir y diseñar poder, tanto como capaz de padecerlo.
Las máquinas del poder no pueden ser destruidas “espontáneamente” y desde “dentro”, como los analistas y “estrategas” de la política sueñan, cuando justifican sus alianzas “non sanctas”, y los “sapos” que hay que tragarse. No. La verdad es que esas máquinas de poder solo pueden ser detenidas desde afuera o mediante el cambio de su base económica, pues como Vladimir Ilich lo enseñó a sus discípulos, “la política es la expresión concentrada de la economía”.
Tal dificultad tiene que ver con el hecho de que, cuando las minorías se instalan en el poder, incrementan su ventaja organizativa (tiene cómo y con qué “incentivar” a sus adeptos) y el “orden establecido” se apalanca con corrientes de opinión que aceptan o se resignan a padecer ese poder. Así, de cara a lo que significa ese proceso de compra del orden establecido, resulta muy razonable la conclusión de Popitz en el sentido de que la violencia política cuando aparece, “no es una característica del orden establecido, sino un indicador de sus defectos”.
Tal vez lo más revelador de una reflexión sobre cómo la política degeneró en convertirse en la ciencia del resultado electoral, es poder observar la transmutación de la “comunicación política” en la herramienta existencial de la política. Observe usted que, en el mundo de hoy, las “estrellas” de las campañas son los asesores de comunicación contratados por cada candidato. Este tipo de asesor terminó reemplazando al comité de dirección del partido y son las decisiones del asesor las que priman en el actuar “político” del candidato.
Desaparecida la discusión de las ideas (ya la política no se ocupa de esas banalidades) toda la actividad, la campaña, el discurso, se centró en la reivindicación del orden como la propuesta universal. Lechner explica que el orden es la seguridad, la no- muerte, el no-caos. El orden se vende como seguridad, el destierro del miedo. Para tener orden hay que destruir el desorden. Los otros, los opositores, los adversarios, se redefinen como “los desordenados”.
Es esa narrativa, que se ha convertido en la narrativa política universal, la que fascistizó la política. Ya no extraña la aceptación del discurso, en el sentido de que el orden tiene que matar para vivir, para sobrevivir: “vamos a acabar con ellos, vamos a arrasar esa plaga”.
La “seguridad” es la palabra que “garantiza” el triunfo electoral. “La seguridad es lo dado, lo finito, lo presente. La seguridad gana al miedo. Para tener seguridad hay que desterrar al miedo. Para tener orden hay que destruir al desorden. La vida mata a la muerte. A través de la muerte ganamos la vida”.
Esta es, desde luego, solo una reflexión. No tengo respuestas exactas. Pero quiero concluir con un tema que trata Lechner en su ensayo y que me sembró dudas razonables. Hace referencia a la aparición de los números en el ejercicio de la política. El proceso de medición, la lógica de “un hombre, un voto” que rige el accionar electoral, le permite concluir que esa medición no parece estar ligada al proceso de mediación, que sería un “deber ser” de la política.
Lo cierto es que el número expresa una relación política. Dice que desde las primeras votaciones en la antigüedad hay una contabilidad política, pero que la significación moderna de esa contabilidad está vinculada al surgimiento del capitalismo. El impulso dado a las matemáticas por este modelo es relevante, pues las matemáticas se aplican al comercio, al crédito bancario y van más allá: la mecánica, la astronomía e, incluso, a los cánones estéticos. Y entonces, habla de los supuestos sobre los que se construye la medición numérica de la hegemonía: la igualdad de todos los hombres, el principio de la representatividad, el derecho de la voluntad mayoritaria. Pero riposta: no se nos puede olvidar que la ley del número remite también a la ley de la proporción, la justa proporción.
Tiene un aparte dedicado a lo que significa “la cohesión interna” en donde, al parecer, anida el talón de Aquiles para la permanencia en el poder. Y mira uno a su alrededor, mire usted también, y todo apunta a que es válida su idea.
La cohesión política es frágil, es efímera, porque su inspiración es errática, carece de principios, son negociaciones electorales. El único camino, a mi juicio, es el retorno a las ideas. El problema es que la lógica electoral está haciendo todo lo posible porque las ideas desaparezcan de la política.
P.D. Encuentre en alalberto.com todas las columnas, artículos, reportajes. Puede escribirme a alberto.morales@moralescom.com

8 respuestas a «¿PODER O NO PODER? This is the question.»
La democracia ya llegó a su final, todos los rincones de la política ya fueron vaciados y vueltos a llenar, ese viejo truco imaginario sacado de la manga de un mago-arqueologo del imperio británico ha concluido.
Ya las élites se apoderaron de todo aquello que brillaba, solo queda el alma por esquilmar y lo estan logrando.
Hola Eduardo. Muchas gracias por tu reflexión. Me conmueve tu afrmación “solo queda el alma por esquilmar y lo están logrando” porque es dolorosamente cierta. Un abrazo
Cordial saludo, nada que agregar excelente reflexion excelente columna que realidad eso es lo que estamos viviendo politicamente
Muchas gracias Jesús. Un abrazo!
Alberto, las masas populares siempre, siempre, sin excepción, han sido manipulables y manipuladas. Y eso no ha cambiado. No hay nada nuevo bajo el sol. Si no, analiza cómo era la ignorancia y la manipulación hace cinco mil años con los faraones y el Dios Ra, o durante toda clase de monarquías asentadas en una supuesta delegación divina del poder o por la pertenencia a una clase de sangre azul, o incluso los postulados de los filósofos griegos más destacados sobre cómo debería distribuirse la organización social. O lo sucedido durante más de mil años con el oscurantismo religioso en la edad media. En Colombia cuándo tuvimos un pueblo crítico, pensante y con capacidad de discernimiento?
Siempre han existido minorías de élite que con sus discursos logran el vaivén de esa mayoría influenciable para lograr ser elegidos.
No dudo, Teodoro, que a lo largo de la historia quienes han ostentado el poder han querido perpetuarse en él. Para el efecto han recurrido a toda clase de recursos. Como en lo fundamental ha sido un contubernio con las élites, ese poder era defendido por los hombres de la guerra, los militares y las élites religiosas. La manipulación ha sido uno de esos recursos recurrentes. Pero, la verdad es que la agitación del pensamiento, sumada a otras condiciones produjo grandes derrotas. El esclavismo fue derrotado y luego fue derrotado el régimen feudal.La historia de las civilizaciones ha visto prosperar y desaparecer imperios. La gravedad de la situación de hoy es que la enajenación ha llegado a niveles delirantes y el pensamiento ha sido virtualmente derrotado.
Muy bueno y acertado anàlisis. La realidad de hoy en la política es distinta a como lo fue en el pasado, porque todo cambió, pero sobre todo porque aparecieron las tecnologías desde las cuales se manipula el pensamiento y por ende se promueven las ideas que interesan a los poderosos.
Hola Benjamín. Mucha gratitud por tu lectura y comentario. Nos tocó un mundo complejo. Tienes mucha razón en el tema de la tecnología web. La manipulación del algoritmo está derrotando el pensamiento…