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Al Alberto

Trump y Musk: la estúpida plutocracia.

Por Alberto Morales Gutiérrez

El periodista Michael Wolff escribió “Fuego y Furia” (Ediciones Península. Madrid 2019) un texto que narra los nueve meses iniciales del primer mandato de Trump y el carácter caótico y volátil de todo lo que ocurrió en el Despacho Oval durante ese lapso.

Wolff tuvo un acceso privilegiado al ala oeste de la Casa Blanca y cuestiona en el libro la salud mental y la capacidad misma de Trump para ser presidente. El personaje aludido respondió: “a lo largo de mi vida, mis dos grandes activos han sido la estabilidad mental y ser realmente inteligente. Pasé de ser un muy exitoso hombre de negocios, a una estrella de televisión y a Presidente de los Estados Unidos en mi primer intento. Creo que eso me califica no como inteligente, sino como genio; un genio muy rentable”.

Sus seguidores aplaudieron exaltados y el Partido Republicano no dudó en confirmar con entusiasmo la afirmación de Trump. Es razonable que lo hicieran y no precisamente porque la afirmación sea cierta, sino porque en la doctrina neoliberal, ser “exitoso” y “rico” no solo es lo mismo, sino que es sinónimo de gran inteligencia y capacidad. Así pues, Trump respondió mirando hacia abajo, respondió desde la cima de la pirámide.

En contravía, el libro recoge testimonios abundantes de sus colaboradores en esos nueve meses y el consenso se resume en una frase lapidaria: “Trump es un imbécil y un idiota”.

Umberto Eco, muy cáustico, hace en “El péndulo de Foucault” (Lumen, Barcelona 1989) una deliciosa descripción y diferenciación entre los cretinos, los imbéciles, los estúpidos y los locos. Es tan precisa la caracterización de cada una de esas condiciones, que uno puede concluir que, en este caso, Trump no es ni un imbécil, ni es un idiota. Tanto él como Musk encajan a la perfección en la descripción del estúpido: “El estúpido no se equivoca de comportamiento. Se equivoca de razonamiento. Es el que dice que todos los perros son animales domésticos y todos los perros ladran, pero que también los gatos son animales domésticos y por tanto ladran”.

Para Umberto Eco, en acotaciones posteriores, el estúpido es el más peligroso de todos, porque está convencido de tener la razón siempre. El estúpido comete errores garrafales pero persiste porque es obstinado y es difícil de corregir. Jamás escucha razones y no cambia de opinión. Eco se sorprende por la presencia activa y numerosa que tienen los estúpidos en la sociedad contemporánea.

Pensará usted, con toda la razón, que el epíteto o el insulto no constituyen una forma inteligente y razonable de analizar o controvertir. Pero quisiera hacerme entender sustentándole que la estupidez que describo, es una caracterización que explica la manera como razonan él, Musk y sus compinches, tanto como las implicaciones que tal razonamiento tiene en sus decisiones políticas y gubernamentales.

De entrada, la ética no encaja con la estupidez. Y no encaja porque en el razonamiento del estúpido, el hecho de que él tenga la razón, es decir, que él posea la verdad, hace absolutamente innecesaria la opinión o la presencia del otro, del que no piensa igual que él.

La ética, que es profundamente humanista, analiza los comportamientos de nuestra especie en una perspectiva de bien común, de convivencia. El bien propio es bien, en la medida que es de igual manera,  un bien para los demás. Eso explica por qué las malas mañas y la lógica del “todo para mi”, no son éticas. La “genialidad” de Trump en el mundo de los negocios está signada por las prácticas mañosas, las mentiras y el engaño.

La estupidez tampoco encaja con la moral. Las narrativas de Trump en la confrontación electoral, abundaban en descalificar a sus contendores a través de inventos y mentiras delirantes que eran repetidas hasta el cansancio por los medios de comunicación afectos y sus partidarios. ¡Hay que ver a Musk cuando lo aplaude!

Para el estúpido tampoco aplica la ley, entendida como esa norma jurídica establecida por el legislador (que es la autoridad competente) y en la que se manda o se prohíbe algo en consonancia con la justicia que es el bien común, porque para él, la ley puede  estorbar el cumplimiento de sus propios objetivos, que son los objetivos correctos. Su lógica es: si a mí me va bien, a todos les va bien. Entonces ¿para qué las leyes? Es la lógica de la plutocracia: si a los ricos les va bien, a todos les va bien. Esa es la obsesión narrativa compartida con Musk.

Es fácil imaginar lo que va a ocurrir cuando sus electores descubran que a Trump le está yendo muy bien, tanto como a Musk y a los ciberempresarios y demás multimillonarios que los acompañan, pero que tal bienestar no les llega ni les llegará jamás a esas gentes de la base social, quienes votaron por la prosperidad. Como es bien sabido, para los ricos los pobres no son rentables.

Es por este razonamiento que el estúpido es fanático de la matonería. Esta práctica tiene que ver con la imposición por la fuerza. Hay una frase de Diderot que lo resume todo: “Cuidado con el hombre que habla de poner las cosas en orden, Poner las cosas en orden siempre significa poner las cosas bajo su control”.

La psicóloga Gloria Hurtado aporta, en su análisis sobre Trump, una reflexión importante. Habla de la matonería como un fenómeno social contemporáneo que se caracteriza por “la manifestación y aceptación social del matón como comportamiento admirado y envidiado. Los matones son la nueva manera de sobresalir en el mundo. Una nueva raza de seres humanos”. Trump y Musk son, pues, dos matones que reflejan esa decadencia que lo contamina todo en estos tiempos.

El sueño del estúpido es contar con “patente de corso” lo que significa, en términos profanos, la libertad de hacer lo que le venga en gana. Eso explica la tragedia de un estúpido en el poder, y la tragedia de sus áulicos. Debido a su incapacidad de mirar el entorno, de analizar, de adquirir conocimiento, llega un instante en el que solo es capaz de mirarse a sí mismo y de escuchar solo lo que él mismo dice. El universo del estúpido es, exclusivamente, su propio universo. El estúpido, en su delirio, degenera en un llanero solitario. Y entonces se desencadena lo inimaginable: en Estados Unidos todo lo podemos hacer solos. Para qué convenios internacionales, para qué acuerdos firmados, para qué obligaciones o deberes. Todo es comprable. Seremos capaces de comprarlo todo. No necesitamos a nadie: compraremos a Canadá, a Groenlandia, a Noruega. Si alguien quiere vendernos algo, que nos pague. Nadie puede reaccionar, nadie puede decirnos no. Los minerales y riquezas naturales de todos los países son nuestros, Panamá es nuestro, el canal es nuestro. No le debemos nada a nadie. El idioma universal es el nuestro, la moneda universal es la nuestra.

El estúpido asume que nadie más dirá nada, que nadie se va a defender, que sus acciones no van a generar reacciones, que el resto de los países están paralizados. Esta forma de estupidez no interlocuta con nadie, por la elemental razón de que el universo entero está equivocado. El estúpido tiene la última palabra.

No puede uno menos que pensar en la frase más estúpida pronunciada por Henry Ford y que permite entender su propia debacle. Los periodistas lo esperaban a la salida de su edificio en Detroit. Ya empezaba a vislumbrarse el mercado de competencia. Los periodistas le preguntan: “Señor Ford, ¿cuándo podrán tener los compradores estadounidenses carros T de colores?” (todos los Ford T eran negros por la lógica de la producción en serie que el mismo empresario había inventado). Ford, desde la cima de la pirámide, miró a los periodistas con conmiseración por su ignorancia; sonrió levemente y afirmó: “sí, los compradores estadounidenses podrán tener los Ford T del color que quieran, siempre y cuando sea el color negro”… y su poderosa compañía se descuadernó.

P.D. La estupenda caricatura que enriquece la columna de hoy es del ilustrador portugués Andrés Carrilho

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20 respuestas a «Trump y Musk: la estúpida plutocracia.»

Juan, me da mucho ánimo tu expectativa con el podcast. Vamos a ver cómo sale.

Además de la agradable cita de Humberto Eco y la de Ford en full arrogancia patronal le quisiera recordar el episodio del nombramiento de otro idiota arrogante Carlos I rey de españa en 1.518 como emperador del sacro imperio romano germánico gracias al musk de aquellos días, el magnate Jacob Fugger quien financió la compra de casi todos los votos para esa elección y nunca dejó de recordarle al rey idiota ese favor.

Hola Eduardo. Voy a buscar el tema de Carlos I. Me ha seducido siempre el tema de la estulticia en el poder. Muchas gracias por leer y comentar.

esta pandemia llamada estupidez es el gran mal de la humanidad y trsitemente debiesemos con el tiempo ir sanandola erradicandola, pero lamnetablemente y con el respeto que me merece la juventud actual cada vez se esta acrecetando mas y las redes la musica, la ausencia de autoridad esta llevando a esta nueva sociedfad a ser la campeona de la estupidez

Hola Jesus. El carácter de pandemia que le das a la estupidez, me parece certero. Muchas gracias por tu lectura y comentario. Un abrazo

S Bolívar acertó cuando se refirió del papel de EEUU en América Latina, de manera que no extraña la actitud de sus presidentes, y más de este plutocrata y multimillonario que viendo la decadencia de la economía estatal que afecta sus intereses, hará lo que sea para seguir dominando El mundo. Olvidando que los grandes reinos han caído por la dinámica del cambio sociopolitico, y la hora a EEUU le está llegando; patadas de ahogado veremos y muy peligrosas, pues saben que otras alternativas de manejo de la economía surgirá al igual que naciones con propuestas contra el capitalismo salvaje.
Son años de expectativas ante un personaje que es impredecible.

José, muchas gracias por tu lectura y comentario. Creo contigo, que La debacle trampista desencadenará cambios.

También aplica por estos lares:

El estúpido asume que nadie más dirá nada, que nadie se va a defender, que sus acciones no van a generar reacciones, que el resto de los países están paralizados. Esta forma de estupidez no interlocuta con nadie, por la elemental razón de que el universo entero está equivocado. El estúpido tiene la última palabra.

Hola Piedad. Aplica por todas partes. Muchas gracias por pasar por aquí

Y saber que el estúpido de Trump, junto con ese otro estúpido que es Milei, son los referentes de los estúpidos uribistas de la ultraderecha candidatos a la presidencia . Ya sabemos lo que nos espera si llegara a ganar la presidencia una Vicky Dávila, una Paloma Valencia, una María Fernanda Cabal, o ese estúpido cretino que es Miguel Uribe Turbay.

Don Alberto! Estamos esperando el podcast, seguramente será otra forma de echarle cabeza a tantos males que nos azotan. Estoy de acuerdo con quien menciona la estupidez de la derecha….lo más cruel es la falta de ética y el querer convencernos de la bondad del demonio aquel. Gracias por sus escritos !

Me ocurre con frecuencia, sus escritos son cosa seria, entendidos éstos como profundas reflexiones sobre los temas que aborda: el actual, 17 párrafos que resumen un concienzudo estudio de ese mal que parece tomarse al mundo entero. Me declaro abrumado por el texto referido, abundante en citas y detalladas explicaciones hacen de su columna algo necesario de reelerse para entender y digerir, como dije: me ocurre cada vez que leo lo que gentilmente nos comparte. Personalmente veo una realidad caótica, a pesar de las evidencias, el mundo marcha con los ojos abiertos directo al despeñadero, es como si la suerte de todos nada importara… estamos ad portas de otra extinción masiva: el efecto invernadero causa estragos en todas partes y…”el mundo se derrumba y nosotros seguimos de rumba”. Muchas cosas se quedan en el tintero, surgen álgidas preguntas sin respuesta: Que hacer ? Paradojicamente son los chicos quienes toman la iniciativa: Greta Thumberg y su grupo de adolescentes ambientalistas nos llaman a la cordura mientras los adultos miramos hacia otro lado. Europa, USA y Argentina lideran la involución humana, el repunte de la derecha apuntala el declive del humanismo. Oscuro horizonte el que vislumbramos, sólo el amor y la esperanza, acurrucados en un rincón tímidamente nos apoyan. No obstante aún quedan mentes lucidas dispuestas a dar la batalla: insistir, persistir, núnca desistir.FELIZ INICIO DE SEMANA !!!

Álvaro, hola, muchas gracias por tu comentario y disposición al leer. Siempre hay. Dos caras en la moneda. Por eso no perdamos la esperanza.

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