¡Qué catarsis! Es tan fácil levantar el dedo y señalar a los “mediocres”, burlarnos de las “estupideces” de los otros. Es tan fácil juzgar si existe o no existe el talento del artista; decidir nosotros si es genuino el poeta o es simplemente el ejercicio de una pose. Es tan fácil reírse del dolor ajeno, de la tragedia ajena; es tan elemental la incomprensión, tan simple la decisión de tomar distancias, cerrar los ojos, no enterarnos, sumergirnos en nosotros, no ser testigos de nada ni de nadie.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Vi “Un poeta”, la película de Simón Mesa y no pude menos que pensar en Plinio. No en Gaius Plinius Caecilius conocido como Plinio el joven, ni Gaius Plinius Secundus, conocido como Plinio el viejo (los dos romanos históricos del primer siglo de la era cristiana), no. Este Plinio de quien hablo fue un amigo entrañable nacido en Santa Fe de Antioquia: pintor, creativo, arquitecto, filósofo lúcido, trashumante, alcohólico, trágico, bello ser humano; insoportable, generoso, divertido; que murió pobre, solo y triste, en el 2017.
Lo había perdido de vista. La noticia de su muerte me sorprendió. Sentí un remordimiento profundo, un dolor intenso que me hizo viajar meses después, acompañado de Gustavo Giraldo, un amigo común, a visitar su tumba y hacerle un homenaje silencioso. Me asfixiaba la vergüenza de haberlo evitado, dos años antes de su muerte, en un festival de cine allá en Santa Fe, cuando a las diez de la mañana, lo vi caminar sin equilibrio, en el extravío de una borrachera, y no quise abordarlo.
Pensé que Plinio habría podido recibir el abrazo de la historia, tenía con qué; pero esa alegría le fue negada. Ya era un anciano temprano e infausto, cuando se murió a los 78 años.
Son muchos los caminos de la gloria.
Vincent van Gogh, por ejemplo, se fue de este mundo sin saber el portentoso artista que había sido. Raúl Gómez Jattin, drogadicto y trágico, falleció atropellado, con la certeza de que todo el mundo sabía su condición de poeta magnífico. Cesar Vallejo, bardo también, escritor, profesor y periodista, vivió la vida intensamente, supo de la escasez, conoció el amor, viajó por el mundo y tuvo, al morir, una plena consciencia de su brillo. Pablo Neruda recibió en vida el abrazo de la historia y, aunque sufrió persecuciones, no vivió penurias.
La verdad es que no existe una fórmula para alcanzar la gloria. El ejercicio del artista jamás ha sido una ciencia exacta. De otro lado, es cierto también que el arte está revestido de un sutil halo de maldad con quienes lo profesan. El arte es injusto, es impredecible y transcurre amenazado por un sino de tragedia inevitable.
A estas alturas, no soy capaz de entender qué hay de comedia en “Un poeta”. Las escenas “divertidas” son, a mi juicio, el yerro de esta obra de arte.
Oscar Restrepo, el personaje central de la película, es un hombre bueno como el pan, que padece la maldición de ser guiado existencialmente solo por sus sombras. Oscar, como Plinio, es incapaz de entender el carácter errático de su comportamiento, la manera como aborda sus prioridades, la escogencia de sus sueños, su relación misma con la poesía, que es su arte. No es capaz de entender nada porque vuela por la vida a merced de sus impulsos; desconoce la premeditación, hace lo que su instinto ordena, pero su instinto carece de sentido práctico. Eso explica que el dolor lo persiga, se adhiera a él cómo una rémora, habite en él como un parásito.
Es César Vallejo quien parece hablar por Oscar, para que nosotros entendamos: “Y, desgraciadamente, /el dolor crece en el mundo a cada rato, /crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, /y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces /y la condición del martirio, carnívora, voraz, /es el dolor dos veces/y la función de la yerba purísima, el dolor/dos veces/y el bien de ser, dolernos doblemente…”
Yurlady, la alumna en la que la poesía anida; esa niña a quien la palabra le fue dada; es un dolor andando, es un dolor de vida, es la ausencia total de las oportunidades. Ella es el dolor de la condena a ser absolutamente nadie. Ya la habitan todas las negaciones, no hay manera de que la poesía la salve. Ella nunca ha leído a Vallejo, pero sabe, como él, que “Jamás, hombres humanos, /hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, /en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! / Jamás tanto cariño doloroso, / jamás tan cerca arremetió lo lejos…”
Y las dos familias, la de Oscar y la de Yurlady, están también revestidas de dolor. Hay un dolor desgarrador en Daniela, la hija de Oscar, dolor en su mamá, en su hermana; dolor en el hermano de Yurlady y en su abuela. Todos son espectadores de la manera como se desmoronan esos seres a quienes ellos aman. “El dolor nos agarra, hermanos hombres, /por detrás, de perfil, /y nos aloca en los cinemas,/ nos clava en los gramófonos, /nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente /a nuestros boletos, a nuestras cartas;…”
El dolor se apodera de todos nosotros con la evidencia de que lo que estamos viendo en esa película desgarradora, es un ramalazo de realidad incontrovertible; la realidad que nos rodea, la realidad de nuestras calles y de nuestros barrios, la realidad de nuestras escuelas, de nuestros maestros, de nuestros bares, cambuches, merenderos; la realidad de muchos de nuestros burócratas del arte.“Pues de resultas /del dolor, hay algunos /que nacen, otros crecen, otros mueren, /y otros que nacen y no mueren, otros /que sin haber nacido, mueren, y otros /que no nacen ni mueren (son los más). /Y también de resultas/del sufrimiento, estoy triste/ hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo, /de ver al pan, crucificado, al nabo,/ ensangrentado,…”
No hay humor en el actuar de esos burócratas que operan, en la película, como meretrices del festival. Personajes profundamente parecidos a muchos de los de la vida real, que succionan sin piedad las luces efímeras de los poetas efímeros y con artilugios de marketing orientan los contenidos para que “encajen” con las expectativas de sus audiencias: “crece el mal por razones que ignoramos/ y es una inundación con propios líquidos, / con propio barro y propia nube sólida!/ Invierte el sufrimiento posiciones, da función /en que el humor acuoso es vertical / al pavimento, /el ojo es visto y esta oreja oída, /y esta oreja da nueve campanadas a la hora /del rayo, y nueve carcajadas /a la hora del trigo, y nueve sones / hembras /a la hora del llanto, y nueve cánticos / a la hora del hambre y nueve truenos /y nueve látigos, menos un grito…”
El gran poeta peruano César Vallejo (1.892 – 1938) publicó el 3 de noviembre de 1937, en París, “Los Nueve Monstruos”, el poema del que he seleccionado las partes que acompañan este texto.
¡Qué catarsis! Es tan fácil levantar el dedo y señalar a los “mediocres”, burlarnos de las “estupideces” de los otros. Es tan fácil juzgar si existe o no existe el talento del artista; decidir nosotros si es genuino el poeta o es simplemente el ejercicio de una pose. Es tan fácil reírse del dolor ajeno, de la tragedia ajena; es tan elemental la incomprensión, tan simple la decisión de tomar distancias, cerrar los ojos, no enterarnos, sumergirnos en nosotros, no ser testigos de nada ni de nadie. Y entonces una película nos permite, nos ayuda, nos convoca a abrir los ojos, a inundarnos de humanidad y, la verdad, es que lo logra. Hay que agradecerle a Simón esta aventura, agradecerle a Rebeca Andrade, a Guillermo Carmona, Alisson Correa, Humberto Restrepo, Ubeimar Ríos, Margarita Soto y a todas y a todos los que participaron en esta bella epopeya. Sí, decirles que tenemos mucha gratitud; decirles que hicieron una gran tarea.

16 respuestas a «“Un poeta”, es el dolor dos veces…»
Querido Morales. Asistí al teatro a verla con mi Mafe pero más que verla la sufrí.
De tanta realidad y tanto morir en vida, de tanto olvido, me inundó una enorme desazón, una angustia.
Muy dura
¡Qué buena definición Alejo! es, ciertamente, una película que se sufre. Tal vez en esa condición se sustenta su capacidad aleccionadora, su poder para generar reflexiones humanísticas. Abrazo
Gracias Alberto. Tengo en mi agenda señalada la película.
Hola Piedad, gracias por leer y comentar. Debes ir a verla, es realmente conmovedora.
Alberto.. hermano hoy saliste muy barroco
Mucho dolor y mucha atencion a ese dolor
Y me parece que esa pelicula es como las radiografías de antes, toca saber cual es el derecho y cual el revés. ..
Tienes razón. Salí conmovido. Pulsó muchas cosas en mi interior. Gracias por leer Eduardo.
Aun no la he visto, pero me asombra la fruición con que hablas del dolor.
Pareciera que todos estuviéramos condenados a sufrir por los dolores y que de ellos dependería en parte toda la inspiración y la musa de los poetas y los grandes artistas. Si bien un componente, pero no siempre necesario, incluso estorbador. En su lugar la ALEGRÍA sería sucedáneo eficaz para sustituirle, incluso con mejores logros: otros mundos, otros portales derivados.
No hay música sin silencio, pero es posible el dolor sin sufrimiento y de ahí la alegría como partida fundamental hacia otros estrados de la creación, más lúcidos, más profundos… menos humanos.
Hola Juan. Hablo sobre lo que sentí al ver la película y, en tanto dolor, la asocié de inmediato con el poema de Vallejo que siempre me ha conmocionado al leerlo y me parece muy bello. Pero no pretendo hacer apología al dolor ni pontificar en el sentido de que el dolor es la única inspiración para el poema o para el artista. Lamento generar esa impresión. Te recomiendo verla. Acabo de terminar de escuchar una larga reflexión de Carolina Sanín y quedé atosigado con los matices abordados y la intelectualización del tema. Abrazo
Gracias Alberto. Carolina no deja de ser interesante.
Abrazo!
Vi una entrevista en Casa Macondo y quedé entusiasmada con “un Poeta” ojalá la podamos ver en el exterior! Gracias por ese escrito sentido recordando a Plinio…..
Gracias Helena por leer y comentar. No sabía que conocías al gran Plinio. Personaje fascinante y amigo entrañable.
En síntesis, El Poeta recoge, con valides universal, la lucha que en Medellín y Colombia se vive cuando el ser humano busca realizar su dignidad en medio de sociedades desechas. Los profesores, a la manera se sismógrafos sociales, sí que conocen lo que acontece en la vida de sus estudiantes. Magnífico guion, extraordinaria realización, con historia y personajes reales y creíbles. La democracia y la ciudadanía cultural tienen mucho por decir y lo están diciendo, hay que escuchar, ver , pensar y actuar.
Hola Gabriel Jaime. Muchas gracias por pasar por aquí, pr leer y por comentar. Me gusta mucho la imagen del sismógrafo social, es poética.
Hola Alberto: Leí tu escrito; me gusto y además me recordó que debo leer a Vallejo, el poeta peruano. Oí a doña Carolina Sanín, hice un esfuerzo por terminar el video porque, mi visión no alcanza para verla y oírla en las partes altas de la pirámide en que se mueve, la U. de los Andes y desde su apellido de abolengo -Sanin- que le hace decir: “colegio público =colegio de pobres”. Sanín no es cualquier cosa. Además de su pose de diva periodista contestataria. En fin.
La película ya es muy interesante así sea por el ají que pone en las heridas de muchos “críticos e intelectuales”. Les ardió, y mucho y a muchos. El Festival de Poesía, por ejemplo, quedó en el piso. Un Poeta destapa el esfuerzo que hacen los administradores del festival por “oficializar la poesía”. Viven de eso; de oficializar el arte y de la plata de los subsidios nacionales e internacionales -(Holanda en la película). Pero como nada es gratis, el oficio de ellos es hacer inocuo todo esfuerzo de arte contestatario. “Borren los grafitis. !qué horror¡ En vez de “las cuchas tenían razón” mejor flores y colibríes y animalitos hermosos tipo disney. Conocí a muchos de mis alumnos con propuestas duras, fuertes y sin compasión, hablaban de sus barrios, la violencia, la injusticia y la discriminación. Se ganaron un premio y una galería, y ahí se acabó su rebelión, ahora son artistas de galería pero lo que hacen es como algodón de azúcar, se deslíen al primer mordisco. Así funciona la “fagocitosis” en los poetas. Se los tragan, engullen lo valioso y botan los desperdicios.
Hola Hugo. Muchas gracias por pasar por aquí, por leer, por comentar. Haces referencia a un tema que me agobia…la independencia del artista, su capacidad de sustraerse a la presión del entorno, del dinero, del reconocimiento, de la gloria. La humanidad del artista, la ausencia de perfección, la imposibilidad de transitar por el mundo sin que nuestras sombras y nuestras luces tal vez nos inspiren, tal vez nos estrangulen. La coherencia, ese don, esa virtud tan extraña y tan esquiva, se ha venido convirtiendo en una especie en extinción. ¡Qué complejidad!