En el siglo XVI Francis Bacon sentenciaba que quien no osa pensar es un cobarde; agregaba que quien no puede pensar es un idiota, pero concluía que el que no quiere pensar es un fanático. Creo que en este tema, el señor Bacon ha tenido siempre toda la razón.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Lo que se está perfilando en Colombia hoy, es la adecuación propicia de todos los escenarios, para la exacerbación del fanatismo. Se hacen evidentes los libretos, las narrativas, los marcos conceptuales, los símbolos. ¡Pura técnica!
Hay dinero para hacerlo, hay ayuda internacional para financiarlo, hay corifeos, hay medios de comunicación y un razonable número de personas que parecen predispuestas al contagio.
Permítame un contexto y una explicación.
A finales del año 2023, más de 400 personas se suicidaron colectivamente en una decisión de ayuno extremo, impulsada en Kenia por un telepredicador, Paul Nthenge Mackenzie, quien los instó “a morir de hambre para encontrar a Jesús”. Los cadáveres (200 niños entre ellos) fueron descubiertos en el bosque Shakaola.
El siglo pasado hubo hechos como este, que tuvieron gran resonancia: el de Guyana en 1978, liderado por Jim Jones, en el que se suicidaron 900 creyentes; la secta Davidiana en Waco, Texas, liderada por David Koresh que se enfrentó a las autoridades y murieron 82 personas; los 39 integrantes de Heaven’s Gate en Suiza, Canadá y Francia entre 1994 y 1997, que se quitaron la vida con la certeza de que serían revividos por extraterrestres. La lista es larga.
En términos técnicos, este tipo de actos son protagonizados por lo que se denomina el “fanatismo apocalíptico”.
Aunque desde el punto de vista psicológico se ha dicho del fanatismo que es una adhesión rígida y ciega a una idea, a una causa o a un líder; la verdad es que tiene múltiples matices. Puede ser una adhesión religiosa, política o deportiva, entre otras. La idea del fanático no admite réplica ni discusión. La creencia del fanático está por fuera de toda duda. El fanático tiene una certeza irracional, acrítica. Todo aquel que no piensa como el fanático, no solo está equivocado sino que está en contra de él. Entenderá usted que, hablar con un fanático, es decididamente una actividad de alto riesgo.
El fanático no se hace de la noche a la mañana. Es un proceso. Pero es cierto que para involucionar a fanático se requiere que tenga unas condiciones particulares. Él o ella han de ejercer lo que se llama un “pensamiento dicotómico”: no toleran la ambigüedad. Miran el mundo, su mundo, en términos absolutos. No existen sino las alternativas bueno o malo, blanco o negro, amigo o enemigo, y punto.
Son personas ávidas de certidumbres, de verdades reveladas. No les gusta la existencia de la duda. De allí que adoran la simplicidad. Lo complejo los exaspera. Lo ideal es que no exista sino un culpable único, una sola causa o una sola idea a la cual adherir.
No quiero ser grosero, desde luego, pero este perfil es ampliamente sustentado por la psicología: se trata de individuos con baja autoestima, “necesitan fusionar su identidad con un grupo o causa que no solo consideran superior sino infalible”. Dicen también los analistas, que son personas dadas al victimismo.
La ignorancia es terreno abonado para sembrar el fanatismo, aunque ninguno de nosotros debe ofenderse, porque ocurre que todos ignoramos muchas cosas, ignoramos casi todo. Nadie se salva. Pero es bueno entender este tema de la ignorancia desde la clasificación existente.
Ha de saber usted que existen nueve tipos de ignorancia. Lo aprendí en un texto del profesor Mario Arrimada: 1. La ignorancia excusante. 2. La presuntuosa. 3. La inevitable. 4. La racional. 5. La culpable. 6. La conjetural. 7. La querida. 8. La pluralista y 9. La docta ignorancia. ¡Qué rollo!
No todas las ignorancias son pérfidas. Hay ignorancias de las que no tenemos consciencia; ignorancias que instigan a la construcción de conocimiento y hay también ignorancias voluntarias. Nos negamos a saber de aquello que no nos interesa. Es cierto que, por ejemplo, el candidato a fanático cierra los oídos y los ojos a cualquier aprendizaje sobre la diversidad del pensamiento, la sexualidad, la libertad…
Hay entre la ignorancia y el fanatismo una relación de vasos comunicantes, la una alimenta al otro y viceversa.
Don Erasmo de Róterdam (1466-1536) tan cáustico siempre, afirmó en su Elogio De La Locura – Orbis 1984 – que “cuán preferible es la vida de las moscas y de los pájaros, que viven a su capricho y solo obedecen al instinto de la naturaleza, mientras pueden escapar a las asechanzas del hombre…”, lo que explica sus “preferencias por los ignorantes que por los doctos y los ilustres”. Los necios son, para él, animalitos felices, elementales. También los ignorantes.
No se vaya a reír usted, pero en el capítulo 41 de su texto, don Erasmo vuelve trizas los “milagros” que tanto entusiasman a los “abelardistas” por estos lados. “¿Y qué es lo que los hombres piden a estos santos, sino cosas concernientes a la necedad?”
Digo que Abelardo y su milagro, están haciendo todos los esfuerzos por diseñar un escenario de fanatismo exacerbado, de patria dicotómica, en la que solo se admite el blanco y negro, sin disimulo alguno, y existen, para nuestro asombro, sectores de la sociedad que lo aplauden.
¿Hay una tragedia y el mundo ofrece ayuda para para enviar rescatistas expertos y toneladas de medicinas, alimentos? Un momento. Las ayudas “buenas”, los rescatistas “buenos”, las medicinas “buenas”, son solo las enviadas por aquellas naciones que piensan como nosotros. Los chinos, los mejicanos y esos países rojos, rebeldes, liberales, representan el mal. Sus ayudas son malas, no nos interesan.
¿Hay un funcionario o funcionaria con capacidad técnica, que puede tener un cargo de responsabilidad? ¡No siempre!, porque si es homosexual, o feminista o ideologizado por las fuerzas del mal, o lo vieron conversando con alguien que no nos gusta, entonces esa gente no sirve, ni sabe. Por el contrario, todo sacerdote, todo pastor, está dotado por el Señor para ejercer cualquier cargo, porque se trata de gente buena, que sabe de todo, que es experta en todo y todo lo puede lograr, ya que cuenta con la ayuda y la protección de Dios.
¿Los Estados Unidos e Israel, que representan las “fuerzas del bien“, que son sabios y son justos, necesitan disponer de nuestro territorio, de nuestro voto para alguna de sus buenas causas, de nuestro reconocimiento en los escenarios internacionales para adherirse territorios que no les pertenecen? ¡Claro que sí! Para eso está Colombia, para ayudar a que el bien se esparza.
Con Abelardo ya aprendimos a escoger juiciosamente a nuestros aliados, libres de todo pecado, y a definir quiénes son nuestros enemigos, los representantes del mal, las fuerzas oscuras.
Atreverse a pensar, ejercer el pensamiento crítico, es la verdadera urgencia de estos tiempos. En el siglo XVI Francis Bacon sentenciaba que quien no osa pensar es un cobarde; agregaba que el que no puede pensar es un idiota, pero concluía que el que no quiere pensar es un fanático. Creo que en este tema, el señor Bacon ha tenido siempre toda la razón
