En el siglo XVI Francis Bacon sentenciaba que quien no osa pensar es un cobarde; agregaba que quien no puede pensar es un idiota, pero concluía que el que no quiere pensar es un fanático. Creo que en este tema, el señor Bacon ha tenido siempre toda la razón.
Por Alberto Morales Gutiérrez
Lo que se está perfilando en Colombia hoy, es la adecuación propicia de todos los escenarios, para la exacerbación del fanatismo. Se hacen evidentes los libretos, las narrativas, los marcos conceptuales, los símbolos. ¡Pura técnica!
Hay dinero para hacerlo, hay ayuda internacional para financiarlo, hay corifeos, hay medios de comunicación y un razonable número de personas que parecen predispuestas al contagio.
Permítame un contexto y una explicación.
A finales del año 2023, más de 400 personas se suicidaron colectivamente en una decisión de ayuno extremo, impulsada en Kenia por un telepredicador, Paul Nthenge Mackenzie, quien los instó “a morir de hambre para encontrar a Jesús”. Los cadáveres (200 niños entre ellos) fueron descubiertos en el bosque Shakaola.
El siglo pasado hubo hechos como este, que tuvieron gran resonancia: el de Guyana en 1978, liderado por Jim Jones, en el que se suicidaron 900 creyentes; la secta Davidiana en Waco, Texas, liderada por David Koresh que se enfrentó a las autoridades y murieron 82 personas; los 39 integrantes de Heaven’s Gate en Suiza, Canadá y Francia entre 1994 y 1997, que se quitaron la vida con la certeza de que serían revividos por extraterrestres. La lista es larga.
En términos técnicos, este tipo de actos son protagonizados por lo que se denomina el “fanatismo apocalíptico”.
Aunque desde el punto de vista psicológico se ha dicho del fanatismo que es una adhesión rígida y ciega a una idea, a una causa o a un líder; la verdad es que tiene múltiples matices. Puede ser una adhesión religiosa, política o deportiva, entre otras. La idea del fanático no admite réplica ni discusión. La creencia del fanático está por fuera de toda duda. El fanático tiene una certeza irracional, acrítica. Todo aquel que no piensa como el fanático, no solo está equivocado sino que está en contra de él. Entenderá usted que, hablar con un fanático, es decididamente una actividad de alto riesgo.
El fanático no se hace de la noche a la mañana. Es un proceso. Pero es cierto que para involucionar a fanático se requiere que tenga unas condiciones particulares. Él o ella han de ejercer lo que se llama un “pensamiento dicotómico”: no toleran la ambigüedad. Miran el mundo, su mundo, en términos absolutos. No existen sino las alternativas bueno o malo, blanco o negro, amigo o enemigo, y punto.
Son personas ávidas de certidumbres, de verdades reveladas. No les gusta la existencia de la duda. De allí que adoran la simplicidad. Lo complejo los exaspera. Lo ideal es que no exista sino un culpable único, una sola causa o una sola idea a la cual adherir.
No quiero ser grosero, desde luego, pero este perfil es ampliamente sustentado por la psicología: se trata de individuos con baja autoestima, “necesitan fusionar su identidad con un grupo o causa que no solo consideran superior sino infalible”. Dicen también los analistas, que son personas dadas al victimismo.
La ignorancia es terreno abonado para sembrar el fanatismo, aunque ninguno de nosotros debe ofenderse, porque ocurre que todos ignoramos muchas cosas, ignoramos casi todo. Nadie se salva. Pero es bueno entender este tema de la ignorancia desde la clasificación existente.
Ha de saber usted que existen nueve tipos de ignorancia. Lo aprendí en un texto del profesor Mario Arrimada: 1. La ignorancia excusante. 2. La presuntuosa. 3. La inevitable. 4. La racional. 5. La culpable. 6. La conjetural. 7. La querida. 8. La pluralista y 9. La docta ignorancia. ¡Qué rollo!
No todas las ignorancias son pérfidas. Hay ignorancias de las que no tenemos consciencia; ignorancias que instigan a la construcción de conocimiento y hay también ignorancias voluntarias. Nos negamos a saber de aquello que no nos interesa. Es cierto que, por ejemplo, el candidato a fanático cierra los oídos y los ojos a cualquier aprendizaje sobre la diversidad del pensamiento, la sexualidad, la libertad…
Hay entre la ignorancia y el fanatismo una relación de vasos comunicantes, la una alimenta al otro y viceversa.
Don Erasmo de Róterdam (1466-1536) tan cáustico siempre, afirmó en su Elogio De La Locura – Orbis 1984 – que “cuán preferible es la vida de las moscas y de los pájaros, que viven a su capricho y solo obedecen al instinto de la naturaleza, mientras pueden escapar a las asechanzas del hombre…”, lo que explica sus “preferencias por los ignorantes que por los doctos y los ilustres”. Los necios son, para él, animalitos felices, elementales. También los ignorantes.
No se vaya a reír usted, pero en el capítulo 41 de su texto, don Erasmo vuelve trizas los “milagros” que tanto entusiasman a los “abelardistas” por estos lados. “¿Y qué es lo que los hombres piden a estos santos, sino cosas concernientes a la necedad?”
Digo que Abelardo y su milagro, están haciendo todos los esfuerzos por diseñar un escenario de fanatismo exacerbado, de patria dicotómica, en la que solo se admite el blanco y negro, sin disimulo alguno, y existen, para nuestro asombro, sectores de la sociedad que lo aplauden.
¿Hay una tragedia y el mundo ofrece ayuda para enviar rescatistas expertos y toneladas de medicinas, alimentos? Un momento. Las ayudas “buenas”, los rescatistas “buenos”, las medicinas “buenas”, son solo las enviadas por aquellas naciones que piensan como nosotros. Los chinos, los mejicanos y esos países rojos, rebeldes, liberales, representan el mal. Sus ayudas son malas, no nos interesan.
¿Hay un funcionario o funcionaria con capacidad técnica, que puede tener un cargo de responsabilidad? ¡No siempre!, porque si es homosexual, o feminista o ideologizado por las fuerzas del mal, o lo vieron conversando con alguien que no nos gusta, entonces esa gente no sirve, ni sabe. Por el contrario, todo sacerdote, todo pastor, está dotado por el Señor para ejercer cualquier cargo, porque se trata de gente buena, que sabe de todo, que es experta en todo y todo lo puede lograr, ya que cuenta con la ayuda y la protección de Dios.
¿Los Estados Unidos e Israel, que representan las “fuerzas del bien“, que son sabios y son justos, necesitan disponer de nuestro territorio, de nuestro voto para alguna de sus buenas causas, de nuestro reconocimiento en los escenarios internacionales para adherirse territorios que no les pertenecen? ¡Claro que sí! Para eso está Colombia, para ayudar a que el bien se esparza.
Con Abelardo ya aprendimos a escoger juiciosamente a nuestros aliados, libres de todo pecado, y a definir quiénes son nuestros enemigos, los representantes del mal, las fuerzas oscuras.
Atreverse a pensar, ejercer el pensamiento crítico, es la verdadera urgencia de estos tiempos. En el siglo XVI Francis Bacon sentenciaba que quien no osa pensar es un cobarde; agregaba que el que no puede pensar es un idiota, pero concluía que el que no quiere pensar es un fanático. Creo que en este tema, el señor Bacon ha tenido siempre toda la razón

28 respuestas a «Dejad que la ignorancia venga hacia mí…»
Todavía no me cabe que Abelardo haya dicho que era ateo y bla, bla, bla, y que luego salga hecho todo un vasallo de Cristo Rey con toda la cauda de curas, pastores, rabinos y altares portátiles. ¿Será que esa capacidad histriónica y la facilidad con que miente se mueve y manipula, es una estrategia para ir horadando de a poco el pastel ideológico que es Colombia para así dar el zarpazo final y meter a gringos, judíos y cipayos millonarios en un solo contubernio de depredación y estrategia geopolitica? Estoy convencido que sí. A un hombre que ha estado en el curubito de los procesos y andurriales jurídicos con mafiosos y testaferros le debe importar un pito la religión, pero en un país como el nuestro en donde para las élites todos es plata y apetencia de botines, todo se permite hasta las mentiras luego edulcoradas con mítines y visitas a los diferentes santuarios, de ahí tal vez que luego de intentar la Casa Blanca de cartón patrocinada por el Clan Char en Barranquilla y el salto al Palacio de San Carlos -donde supongo que no le gustó la ventana por donde saltó Bolívar salvándose de los conspiretas-, opte por volver a la Casa de Nariño – luego de gastarse varios miles de millones-, a vérselas con las huellas del “Intergaláctico” de Ciénaga de Oro.
Y, bueno, nadie dice nada, todos los medios callan, todo es normal, nada del otro mundo… y no creo que sean signos de fanatismo, todo lo contrario, es el aceptar que el servilismo, el clasismo y la segregación, han llegado para quedarse en la comodidad de una neocolonia con todas sus castas y pretenciosas apariencias
Hola Juan Fernando. Muy agradecido siempre con tu participación en este foro. Tampoco yo creo en la “conversión” del personaje.
Elogio de la ignorrancia
Alberto la semana pasada me dijiste que escribiera para el debate intelectual, amanecí hoy como enamorado y aquí te va esta perla.
En tu ensayo ilustras las nueve especies de ignorancia, pero se te escapo la décima, quizás porque para descubrirla habrías tenido que cambiar por un momento a Erasmo por un espejo. Propongo bautizarla ignorrancia, con doble erre, porque una sola sería insuficiente para semejante esfuerzo intelectual.
Ignorrancia no significa simplemente no saber. Todos ignoramos. Ignorrar es otra cosa: consiste en dedicar la vida a diagnosticar los defectos ajenos mientras otro madruga, trabaja, invierte, fracasa, paga nómina, vuelve a empezar y asume riesgos. El ignorante, en cambio, tiene tiza, borrador y cafetería. Explica el capitalismo sin haber arriesgado capital, explica la empresa sin haber creado una y explica la política desde una mesa donde el riesgo máximo consiste en que se enfríe el café.
Ignorrar será, además, un verbo irregular de la primera conjugación: yo ignorro, tú pontificas, él cita a Erasmo, nosotros culpamos al imperialismo, vosotros miráis desde la barrera y ellos producen.
Su conjugación favorita es el pretérito remoto. Para comprender la Colombia de 2026, el ignorrante viaja alegremente cuatrocientos años hacia atrás. Erasmo, Bacon, sectas religiosas, Guyana, Waco, Kenia. Todo sirve. Lo curioso es que el mundo utilizado como brújula tenía poco que ver con el actual: Estados Unidos ni siquiera existía como república independiente e Israel, como Estado moderno aparecería siglos después. Era otro sistema político, tecnológico, económico y comunicacional. Utilizarlo como analogía puede ilustrar; utilizarlo como demostración es precisamente… ignorrar.
Y aquí aparece una pequeña joya. El ensayo termina atribuyendo a Francis Bacon aquello de que quien no quiere pensar es fanático. Resulta que la sentencia célebre corresponde a William Drummond. Magnífico. Nada describe mejor la ignorrancia que cerrar una lección sobre pensamiento crítico con una cita mal atribuida
También resulta curioso presentar como síntoma de fanatismo que un gobernante prefiera rodearse de personas con quienes comparte principios. La sociología lleva décadas estudiando la homofilia: las personas tienden a asociarse con quienes comparten características, valores o visiones. Eso puede convertirse en una cámara de eco y debe vigilarse, pero no es una enfermedad exclusiva de la derecha, de los cristianos ni de Abelardo. La izquierda también selecciona ministros, asesores, embajadores y aliados por afinidades políticas. Descubrirlo únicamente cuando gobierna el adversario es otra modalidad refinada de ignorrancia.
Como aquí se habla de todo, entonces hablemos de física cuántica ya que ahora todo el mundo habla de ella, hagámoslo como metáfora y no como charlatanería científica. La decoherencia destruye la posibilidad de mantener ciertos estados cuánticos al interactuar con el entorno. En política ocurre algo menos misterioso: un proyecto que pretende gobernar rodeándose permanentemente de fuerzas que trabajan para destruirlo termina perdiendo coherencia. Uno coopera con quien puede construir. Después negocia con quien piensa distinto.
Por eso causa gracia que quienes celebraban la rebeldía diplomática de Petro descubran súbitamente las virtudes de la prudencia. En 2025 Petro pidió públicamente a soldados estadounidenses desobedecer órdenes de Trump; después, como jefe de Estado, tuvo que seguir relacionándose con Washington. La revolución permanente funciona estupendamente hasta que llega la agenda diplomática.
Finalmente, Abelardo no llegó al poder montado en un tanque. Llegó mediante elecciones y por un margen estrechísimo. Precisamente por eso merece vigilancia democrática, crítica y oposición. Pero llamar “fanático” al votante que escogió al adversario mientras uno se proclama representante del pensamiento crítico contiene una paradoja deliciosa.
Quizás el primer milagro de la llamada Patria Milagro ya ocurrió: Centro Democrático y Pacto Histórico encontraron algo sobre lo cual coincidir, quejarse del nuevo vecino de la Casa de Nariño.
Erasmo habría disfrutado el espectáculo.
Y yo descubrí la décima ignorancia.
La ignorrancia.
Alberto métele cabeza!
¡Hola El mismoooooo! Me gusta mucho tu reflexión de hoy. Se aprecia un esfuerzo por ingresar a la deliberación apelando a la lógica de los argumentos, como debe ser. No lo logras del todo, claro, ha de ser por la costumbre, pero el esfuerzo se nota. Sí, descalificas, miras al interlocutor como si se tratara de un orate, recurres a epítetos, pero tienes fogonazos de lucidez. Me emocionó que atribuyeras a William Drummond la cita de Bacon a que hice referencia. Hay ahí un esfuerzo de indagación. La verdad es que Bacon y Drummond son casi contemporáneos. Bacon nació en Londres (1561-1626), Drummond nació en Midlothian Escocía (1585-1649). Así, Bacon es 24 años mayor. No sería absurdo pensar que Drummon hubiese leído a Bacon. Drummond en su frase, nunca sería refirió al pensamiento, se refirió a “la razón “. Drummond dijo: “Si no quieres razonar eres un fanático, si no puedes, eres un tonto, si no te atreves, eres un esclavo”. Bacon dijo: “Quien no quiere pensar es un fanático, quien no puede pensar es un idiota, quien no osa pensar es un cobarde”. No sé…a mi me gusta más la de Bacon. Ya el tema del trabajo y del riesgo, mis viajes alegres a 400 años atrás, mi referencia a sectas religiosas y las analogías “que nada demuestran”, son sentencias tuyas que no comparto. Pero respeto. No me asombra que defiendas el amiguísimo de Abelardo. Debo insistirte que tus referencias al “modus operandi” del Pacto Histórico no me aluden, porque los he criticado hasta el cansancio. Insisto en que estas conversaciones escritas contigo brindan nuevas señales y eso ya es un avance. Seguiré aqui metiéndole cabeza. ¡Un abrazo!
Alberto pero hagamos una apuesta. Yo no minimizo nada y vos no me decis que voy bien!. Yo no respondo tus columnas para que me califiques sino para aportar al debate. Abrazo
Hola El mismo. Pues la verdad no se trataría de una apuesta sino de un compromiso o un acuerdo. Nunca te he visto minimizar nada, eres dado a disparar con regadera. Tu propuesta lo que propone es que yo no califique la evolución de tus reflexiones. Te prometo que no volveré a hacerlo, me limitaré a responder. Un abrazo hombre.
Pues a mi me encanta su reflexión…
Hola otro, gracias por leer a El mismo…
El artículo nos enfrenta a una dicotomía existencial: ¿Prefieres tener razón ,obediencia al pastor, cura o manipulador, o prefieres estar vivo en tu esencia ,conciencia de ser libre en el pensar?
El fanático ,el obediente, el creyente, cree tener todas las respuestas, pero en realidad ha perdido la capacidad de hacer preguntas, entrega su libre albeldrio. El crítico, el ser que reflexiona, vive en la duda perpetua, pero precisamente por eso puede distinguir el abismo antes de caer en él. La consecuencia de la conciencia no es la felicidad ingenua, sino la libertad responsable. Y en un mundo lleno de “abelardistas” que tejen milagros y narrativas para manipularnos, el único antídoto contra la próxima masacre de Shakaola, esperamos no sea el ungido Abelardo el que la cause, es ejercer ese pensamiento incómodo que nos devuelve la humanidad y el verdadero espíritu de la libertad.
Muchas Gracias Gerardo por leer y comentar. Me gusta mucho tu reflexión sobre el efecto liberador de la duda.
Ese abogado costeño es un farandulon como otros tantos y el utilizara la redención del magnificat para preconizar milagros y otras embusteces; mientras muchos (la mayoria de los buenos y con olor a santidad)buscan a quien idolatrar para que piense por ellos.
Hola Juan Eugenio, muchas gracias por leer y comentar. Tienes toda la razón.
COLOMBIA: COOPERAR NO ES ENTREGAR
Por: Jesús Heraldo Rueda Suarez
Colombia un Edén que no debemos cerrar al mundo. Pero tampoco lo debemos entregar
Hay palabras que parecen inocentes, pero que pueden esconder grandes decisiones: Cooperación. Alianza. Amistad. Relaciones internacionales. Integración.
Todas son necesarias, pero ninguna debería significar renunciar a lo que somos, porque un pueblo que olvida sus raíces termina olvidando también el valor de su casa.
LOS PUEBLOS TIENEN MEMORIA: Cada nación es mucho más que una bandera dibujada sobre un mapa, es la tierra que heredaron sus abuelos, es la lengua que aprendieron sus niños, son sus tradiciones, sus músicas, sus alimentos, sus montañas, sus ríos, sus mares, sus costumbres y esa manera particular de mirar la vida que no puede importarse ni comprarse, y les digo una nación también es su memoria, nuestro país tiene una memoria inmensa.
Está en nuestros pueblos indígenas, en nuestras comunidades afrodescendientes, en nuestros campesinos, en nuestras ciudades, en el Caribe, en los Andes, en la Amazonía, en el Pacífico y en los Llanos. Está en la Sierra Nevada y en la selva. En el café y en el cacao. En nuestros ríos y en nuestros dos océanos. En nuestra biodiversidad. En nuestra gente.
Colombia no es solamente un territorio. Es una identidad, y todo lo que tiene identidad merece respeto.
MIRAR AL MUNDO SIN DEJAR DE SER NOSOTROS: claro que, si debemos mirar al mundo, ser amigos del mundo, establecer alianzas, yo no creo en los países encerrados detrás de sus fronteras. El mundo necesita cooperación, necesitamos intercambiar conocimiento, tecnología, ciencia, cultura, comercio y experiencias.
Necesitamos aliados para combatir el crimen transnacional, proteger el medio ambiente, enfrentar el cambio climático, desarrollar infraestructura y generar oportunidades. Ningún país puede vivir completamente solo, pero existen grandes diferencias y son enormes: Entre cooperar y depender. Entre ser aliado y convertirse en subordinado. Entre abrir las puertas y entregar las llaves de la casa.
Cooperar significa trabajar juntos para obtener beneficios mutuos. Entregar significa permitir que otro decida qué hacer con aquello que nos pertenece, y esas dos cosas no pueden confundirse.
LA SOBERANÍA NO ES SOBERBIA: Defender la soberanía no significa odiar a otros países. No significa desconocer a nuestros aliados. No significa cerrar las fronteras. No significa creer que somos mejores que los demás. Todo lo contrario.
Un país verdaderamente soberano puede sentarse con cualquier gobierno, negociar con cualquier potencia y construir alianzas con cualquier nación sin arrodillarse ante ninguna, el respeto internacional comienza por el respeto que una nación tiene por sí misma, porque quien no sabe cuánto vale lo que posee termina aceptando cualquier precio.
COLOMBIA TIENE ALGO QUE EL MUNDO NECESITA: Tenemos agua. Tenemos minerales. Tenemos petróleo y gas. Tenemos tierras agrícolas. Tenemos bosques. Tenemos dos océanos. Tenemos una biodiversidad extraordinaria. Tenemos una posición geográfica privilegiada.
Y tenemos algo todavía más importante: tenemos conocimiento, talento y gente capaz de transformar esas riquezas en bienestar.
Nuestros recursos naturales no deberían verse únicamente como mercancías disponibles para quien tenga el dinero suficiente para comprarlas, son nuestro patrimonio, y patrimonio no significa que no puedan aprovecharse, significa que deben aprovecharse con inteligencia, transparencia, sostenibilidad y pensando también en las generaciones que todavía no han nacido.
NO SE TRATA DE DECIRLE NO AL MUNDO: Colombia necesita al mundo. Pero el mundo también necesita a Colombia, esa diferencia es fundamental, no debemos presentarnos ante las grandes potencias como un país que simplemente necesita favores, debemos presentarnos como una nación que tiene algo que ofrecer y algo que defender.
Podemos tener excelentes relaciones con Estados Unidos. Podemos cooperar con Israel. Podemos fortalecer vínculos con Europa, Asia, América Latina, África y cualquier nación con la que existan intereses legítimos. Pero una relación internacional madura no se construye buscando simpatías, se construye buscando respeto, reciprocidad y beneficios para ambas partes.
Un gobierno no debería tomar decisiones pensando: “¿Cómo quedamos bien con ellos?” Debería preguntarse: “¿Esto qué le aporta a Colombia?” Esa debería ser la primera pregunta.
LAS POTENCIAS TAMBIÉN DEFIENDEN LO SUYO: Estados Unidos protege sus intereses. China protege los suyos. Israel protege los suyos. Europa protege los suyos. Brasil protege los suyos. México protege los suyos, y nadie debería escandalizarse por ello. Así funciona el mundo.
Entonces, ¿por qué Colombia tendría que avergonzarse de defender los nuestros?: Ser amigo de un país no significa pensar igual que él. Ser aliado no significa obedecer. Cooperar no significa entregar. Y tener buenas relaciones diplomáticas no significa renunciar a la dignidad nacional.
NUESTRA CASA: Imaginemos una familia, Invitamos a nuestros vecinos a nuestra casa, compartimos la comida, conversamos, nos ayudamos, incluso podemos prestarles una herramienta o trabajar juntos para arreglar el techo, eso es cooperación, pero una cosa muy diferente sería entregarles las escrituras de la casa simplemente porque queremos caerles bien.
Colombia debe abrir sus puertas al mundo, pero no entregar las escrituras de su casa. Puede sonar sencillo. Pero detrás de esa frase existe una profunda responsabilidad política.
EL NACIONALISMO QUE NECESITAMOS: No necesitamos un nacionalismo que grite que Colombia es mejor que los demás, necesitamos uno que nos recuerde que Colombia también merece ser respetada, un nacionalismo sano no desprecia al extranjero, ama lo propio, protege la cultura, defiende el territorio, cuida los recursos, fortalece las instituciones, apoya al campesino, protege a las comunidades indígenas y afrodescendientes, invierte en ciencia y educación, y busca que la riqueza nacional se convierta en oportunidades para quienes nacieron aquí.
Eso no es xenofobia. Eso es pertenencia.
¿QUÉ LE VAMOS A DEJAR A LOS QUE VIENEN?: los que con su poder se creen eternos, esta sea la pregunta más importante, algún día nosotros ya no estaremos, nuestros hijos continuarán, después vendrán nuestros nietos, y ellos recibirán aquello que nosotros hayamos decidido conservar o entregar, recibirán nuestros ríos, nuestros bosques, nuestros mares, nuestras montañas, nuestra cultura, nuestros territorios, nuestra soberanía.
Y entonces tendrán derecho a preguntarnos: ¿Qué hicieron ustedes con el país que recibieron? No podemos responderles que lo entregamos buscando aplausos. No podemos decirles que cambiamos patrimonio por simpatías. No podemos explicarles que permitimos que intereses externos decidieran sobre lo que pertenecía a varias generaciones de colombianos.
Tenemos que poder decirles: “Cooperamos con el mundo, pero nunca dejamos de ser Colombia.”
COLOMBIA, UN EDÉN: Colombia no necesita aislarse, necesita fortalecerse, no necesita enemigos, necesita aliados, pero tampoco necesita dueños, necesita socios, porque una nación digna puede extender la mano para saludar sin tener que bajar la cabeza.
Podemos recibir al mundo, podemos aprender del mundo, podemos comerciar con el mundo, podemos construir con el mundo, pero debemos hacerlo desde nuestra identidad y desde nuestros intereses, sencillo porque cooperar no es entregar, ser amigo no es obedecer, abrirse al mundo no significa renunciar a la casa propia, además porque Colombia, con sus montañas, sus selvas, sus ríos, sus mares, sus culturas, sus pueblos y su gente… es un verdadero Edén, que no debemos entregar, hay que compartirlo, protegerlo y hacerlo prosperar y que prospere, por nosotros, por quienes estamos, Y, sobre todo, por quienes todavía no han nacido.
Jesús Heraldo
Hola Jesús Heraldo. Muchas gracias por tu aporte, muy interesante tu reflexión.
Para EL MISMO
No todo son empresarios. ¿Deberían serlo? Eso de decir que quienes no lo son no pueden opinar pues no saben de las dificultades y el sufrimiento que tienen que soportar al arriesgar su dinero en una empresa que sirve para generar riqueza y bienestar, es pensar con un sesgo marginal y esclavista, una concepción del trabajo y del emprendimiento revanchista y patronero, muy feo, casi rayano con un concepto inquisitorial y fascista de la vida: No opine y trabaje!!
No mi estimado EL MISMO, cada cual emprende su accionar dentro de la coordenada de sus posibilidades. El único emprendimiento de un tuguriano que lleva diez generaciones viviendo en la miseria, tal vez sea vender confites o cantar en un bus o a lo sumo poner una chacita en una esquina. Y no es por perezoso, simplemente no puede, no tiene con qué.
Tu pensamiento ES EL MISMO de siempre: los buenos, los malos, los perezosos y los emprendedores. Un pensamiento de clase segregacionista, supremacista y discriminador; divides, humillas y te pavoneas. Además es muy largo tu artículo solo para decir que Alberto equivocó sus citas: típico crítico individualista y jactancioso.
Caes en el arquetipo del dividuo -no individuo-, posmoderno, con muy poco pensamiento y proyección sociales y sí con el orgullo de estar lleno de éxitos económicos y buena renta.
Tal vez eres de aquellos a quienes el pobre les produce agriera.
Estimado Juan Fernando reconozco tus buenas intenciones al replicar al tal el mismo
(Que de por sí es un anónimo sin el suficiente caracter para sostener su nombre y su discurso.)
Pero el asunto es que la inmanente corriente de la vida no permite declararse de la categoría pudiente ó industriosa desarrolladora de riqueza y poder por más de algunos cortos años porque los herederos por lo general pasan a ser unos degenerados improductivos que contradicen todo lo que sus padres y abuelos construyeron.
Lo que los tales ricos hacen con su riqueza define su camino que por lo general termina en una costosa dispensa papal…
Gracias Eduardo por participar.
Hola Juan Fernando. Gracias por agitar y enriquecer la deliberación.
Sí Sr.
¡Excelente!
Gracias JuanC por participar
Esto se veía venir desde los años ochenta cuando el debate de la teología de la liberación nos obligó a discernir entre la libertad y los libertarios…entre la liga del hombre y la liga de Dios propuesto por la roma imperial ( que ya empezaba a oler a rancio )
Hoy estamos en el epílogo de todo aquello pero no está al alcance de todos
Porque sencillamente no todos disponen de la memoria y el hilo conductor que les permita la perspectiva apropiada
Justo lo que los tales abelardistas carecen
Junto con muchos tambien del pacto y de todos los pelambres.
Hola Eduardo. Gracias por tu aporte.
Es un placer leerlo como siempre y déjeme decirle que lo admiro por su paciencia ante comentarios llenos de retahíla vacía.
Yo la verdad alucino con tanta imbecilidad y silencio de los de siempre, acomodándose para el saqueó sin piedad. Los incendios provocados y la gestión minera e Israel haciendo lo que mejor saben hacer depredar, han hecho que pierda la fe….
Hola Helena. Muchas gracias por tu lectura y comentario. Pienso que la paciencia es también una expresión de respeto. Si, estamos viviendo en medio de una gran complejidad. Debemos ayudarnos para no perder la esperanza…
Yo no creo que EL MISMO haya escrito esa perorata de esta ocasión. Se la escribieron (podría haber sido alguna ignorante inteligencia artificial). Lo digo porque he leído todos sus comentarios a anteriores artículos y en aquellos hay un lenguaje llano, simple, verdulero y, a menudo, ordinario, incluso con errores de ortografía, sin el empleo de palabras como algunas de las que hoy está usando y que, a no dudarlo, al pronunciarlas debieron tumbarle algunos dientes .
Hola Albeiro. Gracias por leer y comentar.
Ay Albeiro, de ser cierto lo que dices ya MISMO nos dispondremos a escuchar su réplica a la que tiene todo el derecho.
Es cierto Juan Fernando. Tiene todo el derecho. Él ha dicho que no escribe para que lo califiquen sino para aportar a debate.