Así, “songo sorongo”, se convirtió en un personaje necesario para apalancar el discurso que empezó a fraguar en sus tiempos de fiscal, en torno al carácter inane del equilibrio de poderes. Para qué equilibrio, si lo ideal es ejercer el poder en la lógica exhibida por el muy ególatra Luis XIV por allá en el […]
El truchimán Montealegre
