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De políticos y desmesuras

Por Alberto Morales Gutiérrez

Se trata de políticos “Gargantúa”. Insaciables, bocones, furiosos, brutalistas (tanto en el sentido arquitectónico como literal del término) son aplaudidos y venerados por sus seguidores. Este tipo de personajes desmesurados se están multiplicando, crecen y se mueven como pandemia por su casa. Sumergidos en su delirio, todos ellos miran con cierto desdén sus propias parroquias; sus países son apenas el lugar de origen, tal vez el experimento que les permitirá demostrar con hechos, que ellos son, realmente, líderes globales. Nacieron para gobernar al universo entero, su destino es transformar el mundo.

Hay que ver a Trump cuando habla de Estados Unidos. Para él, se trata de un país que no ha funcionado de ninguna manera en los últimos cien años. Le corresponde a él volver a levantarlo y para ello, su imperativo es empezar a controlar al mundo que, desde luego, tampoco está funcionando como debe ser. Él se encargará de comprarlo todo y de arreglarlo todo.

El placer de Milei es hacer desaparecer el establecimiento, y hacerlo desaparecer a los gritos, apalancado en la creencia profunda de que él es un genio, cuya superioridad moral e intelectual le permitirá no solo reconstruir a la nación argentina, sino convertirla en un ejemplo para el mundo mundial. El Estado es, para él, “una asociación criminal”.

Resulta casi divertido observar que los desmesurados se ven así mismos como pioneros, como líderes originales, irrepetibles. No pasa por sus mentes la idea de que sus perfiles son la sombra triste de los que, en la antigua Grecia, eran definidos como “hibris”o “hubris”. Es desde esa denominación que se construyó en el siglo XX el muy famosos “síndrome de Hibris”

Lo griegos llamaban así al espíritu de la insolencia, del orgullo, la violencia y la soberbia.

Los romanos, helenizados y hechizados por la cultura griega, adoptaron sus espíritus y dioses dándoles otras denominaciones. Con muy buen juicio asumieron desde luego a “hibris” bajo la denominación de “Petulantia”, lo que le permite a usted entender la dimensión de esa caracterización. Sí, esa desmesura es decididamente petulante.

Esa “arrogancia desafiante frente a los dioses, esa ambición desmesurada que, temeraria e insolentemente cree que puede obtener mucho más que lo que el destino lo permite” es lo que explica su inexorable debacle. Finalmente, les va mal a los desmesurados.

Bukele, el precoz, no ha dudado en explicar sus desafueros difundiendo la idea de que “el fin justifica los medios”. Está construyendo ese “nuevo país” con mano de hierro, mientras la derecha continental aplaude a rabiar. Otro de sus grandes logros es la cooptación sin miramientos de todos los poderes. Convirtió el “cibergobierno” en su sello personal y a fuerza de ejércitos de youtubers en acción, se ha hecho “perdonar” todos sus excesos militaroides. Exhibe con orgullo sus megacárceles y sus detenidos rapados, filados, sometidos, 75.000 en total, de los cuales 7.000 no tienen nada que ver con lo que se les acusa. Que sí, que El Salvador es el país más seguro de América. Su método es el de la tierra arrasada. Está absolutamente convencido de que nada ni nadie lo va a detener.

Maduro ha hecho del infortunio de sus frases, entrevistas y discursos, una especie de sello personal. Abre la boca y mete la pata. Habla de días de 35 horas, de que Cristo multiplicó los penes, que Bolívar fue huérfano de esposa. Su forma de razonar ya no desconcierta a nadie, pero reafirma esa percepción de imbecilidad que genera. Es delirante escucharlo decir con sarcasmo, como demostrando que el mundo entero está equivocado: “Demasiada coincidencia que maten a alguien y al día siguiente esté muerto”. El lenguaje inclusivo lo embiste: “Vamos a repartir gratuitamente 35 millones de libros y libras para los escolares”. O la apoteósica descripción de la manera como Venezuela y su proyecto político van a iluminar al mundo: Tenemos una generación de oro brillando por el mundo. Hoy tenemos millones y millonas de Bolívar”. Y en una especie de delirium tremis, engrosa esa tendencia de asumir experiencias sobrenaturales al servicio de la reafirmación de sus ideas. Esta es una perla: “nosotros sabemos que nuestro comandante ascendió hasta esas alturas, está frente a frente a Cristo. Alguna cosa influyó para que se convoque a un Papa sudamericano, alguna mano nueva llegó y Cristo le dijo: llegó la hora de América del Sur. Así nos parece”.

No se necesita mucho esfuerzo para entender que ese síndrome está asociado a las desviaciones de lo que, en términos de trastorno de la personalidad, se llama narcisismo. Hace diez años, se realizaron investigaciones con neuroimagen que demostraron ciertas diferencias en las regiones cerebrales de individuos con trastorno narcisista de la personalidad. De hecho, el estudio “Brain structure in narcissistic personality disorder: A VBM and DTI pilot study” publicado en Psychiatry Research: Neuroimaging, apunta a una menor densidad de materia gris en el córtex prefrontal, área vinculada con la toma de decisiones, planificación y regulación de comportamientos sociales.

La misma desmesura se acrecienta en el discurso de Petro. Ya en el COP 16 dio señales claras: “Somos el centro entre América del Norte y  América del Sur; somos el centro entre China e Indonesia y Madagascar y la Europa sin biodiversidad. Quizás podríamos llamarnos el corazón del mundo, porque somos el corazón de la vida del planeta”.

En las Naciones Unidas clamó: “Si la vida vence su extinción, ya no será la oligarquía global la que gobierne el mundo, será derrocada para construir una democracia global. Una nueva historia está por comenzar”.

Contra Trump se fusionó con el realismo mágico: Colombia es el corazón del mundo y usted no lo entendió, esta es la tierra de las mariposas amarillas, de la belleza de Remedios, pero también de los coroneles Aurelianos Buendía, de los cuales soy uno de ellos, quizás el último”.

El compañero Petro transmutó la soledad garciamarquiana en una estruendosa multitud. Decidió que todos los Aurelianos son coroneles.

Como lo explica Michel Onfray, los filósofos de la antigüedad no eran dados a teorizar el mundo. Los filósofos de la antigüedad ejercían en la práctica, día a día, una vida filosófica. Enseñaban con el ejemplo, eran capaces de actuar en plena consecuencia con lo que predicaban. No convocaban a “curar al mundo que los rodeaba”, eran ellos los que, a fuerza de coherencia, se curaban del mundo en el que habitaban. Y relata de manera contundente la vida pública de Diógenes de Sínope: “vive en un tonel (un invento picante), come pulpo crudo, muerde la mano que le da de comer, mea en la calle, copula en público, se burla del emperador Alejandro, deambula por la ciudad con una linterna encendida en pleno día diciendo que busca un hombre…” mayor coherencia, seriedad y decisión, no se puede pedir. Era un actuar sin estridencia. No hay desmesura en la rebeldía solitaria de ese habitante de la calle.

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37 respuestas a «De políticos y desmesuras»

Olmedo, creo que Eduardo hace referencia a ese tipo de personajes que defines. Esa era también la intencion de la columna. Debí precisarlo. Gracias por leer y comentar.

De acuerdo. Cito este texto de Antonio José Monagas, de su artículo “Cuando los locos gobiernan”:
La política, naturalmente, necesita de gente cuerda, reflexiva y equilibrada. Capaz de analizar una situación ahogada en peligros y saturada de conflictos. Pero la praxis política no sabe advertir la precariedad mental como problema de gobierno. El mundo ha conocido jefes de gobierno y presidentes de naciones, que, mientras con un brazo presumen construir, con el otro derriban hasta no quedar nada. No son nada consecuentes con el compromiso asumido. Su palabra, se vuelve “brizna de paja lanzada al viento”.

Claudia Ivonne me gusta mucho verte por aquí. Valioso el texto de Monagas, contundente. Muchas gracias por leer y participar. Abrazo

trsite realidad de nuestro mundo, pero no es la politica, son los politicos, quienes dañaron el arte de hacer politica, la covirteron en negocio y en egocentrismo donde ser poitico conlleva doctoritis camionetas abusos escoltas etc poder trump uribe duque milei bolsonaro bukele petro maduro etc son el calro ejemplo de burdos politicos

Cómo casi siempre excelente.
Me pregunto. Porque? Que ha cambiado? Porque en casi “todas” partes? Porque no solo en el ámbito político, sino también en el privado.
Un fuerte abrazo.

Juaaan, me gusta mucho verte por aquí. Creo que estamos atravesando una coyuntura histórica de descomposición generalizada. No hay qie dejar derrotar el pensamiento crítico. Es lo único que puede salvarnos. Abrazo

Buenos días y buen domingo para todos y todas.

Estoy de acuerdo en lo que planteas, sin embargo, como te lo dije en privado, creo que estamos muy concentrados estudiando y criticando los fenómenos populistas como el de Trump, Petro, Milei y los demás que citas.

Sin embargo creo que hace falta estudiar por qué la gente vota por ellos? ahí puede estar la clave de la renovación de la democracia.

Hay que formar ciudadanía con criterio y responsabilidad.

Gracias por tu reflexión Carlos. He pensado mucho en el tema y he concluido que toda esta crisis se enmarca en eso que Alain Finkielkraut denomina “la derrota del pensamiento”. Creo que impulsar con energía y persistencia el pensamiento crítico, puede ser una manera de empezar. Abrazo

Hola Carlos Arturo. Es evidente la existencia de una complicidad, las más de las veces inconsciente, entre el elector que elige al político corrupto o inepto y ese político. Pero debe considerarse así mismo la magnitud de las herramientas de engaño, de manipulación, de narrativas tramposas diseñadas para persuadir, que ubican a muchos de esos electores en condición de víctimas.

Claro Carlos. Este tema de la internet es relevante. Re recomiendo un magnífico texto: SUPERFICIALES ¿qué está haciendo la internet con nuestra mente? de Nicholas Carr.Mete miedo.

Se extraña a personajes como Churchill…. Los politiqueros están en auge y el mundo en decadencia, hay que ver a los israelíes en las calles contra monstruos como Netanyahu, tiempos muy difíciles… gracias don Alberto.

Nada que ver Gustavo Petro con esos desmesurados fachos (y creo que cabe el término) que son Trump, Milei y Bukele (a quien quisiera ver tratando a los bandidos del poder, de El Salvador, con la misma dureza con que trata a los bandidos del pueblo); tampoco nada que ver con un iletrado bufón y corrupto, que posa de revolucionario, como Maduro. Petro es la antípoda de todos ellos: es un humanista bastante ilustrado que ha puesto su vida (como Pepe Mujica) al servicio de las causas sociales; es un amigo del pueblo, un genuino servidor de los pobres y humildes.
Que se equivoca a veces; que habla de descarbonizar la economía para proteger al mundo del cambio climático; que habla de un tal “país de la belleza” para posicionar a Colombia ante el mundo como destino turístico (y lo ha conseguido); que le espeta las verdades en la cara a los poderosos de Colombia y del mundo; que dice que Netanyahu es un genocida, y le deja de vender carbón a los criminales sionistas; que afirma, y es cierto, que la Amazonía es el pulmón del mundo y que Colombia es el centro entre América del Norte y América del Sur, y que tenemos la biodiversidad que no tiene Europa; que exagera, quizá, cuando dice que somos el corazón del mundo (y no el “corazón de las tinieblas” como USA y sus aliados sionistas)…no lo hace un político desmesurado, no de esa desmesura del mal. Éstos son otros. Acá, en Colombia, lo son todos esos políticos bandidos de la oposición que a falta de argumentos ciertos para desacreditar su gobierno y empantanar su labor, no cesan, en su desmesura, de vociferar y vomitar todo tipo de sandeces e injurias contra el único presidente honesto que hemos tenido en más de 200 años de vida republicana después de Bolívar y Nariño, y, también, desmesurados fariseos que posaban de honestos y progresistas y no pasan de ser unos inconmensurables envidiosos como Jorge Robledo que, en su desmesurado sectarismo, nunca vió la desmesura del robo a Bogotá (Carrusel de la Contratación) perpetrado por sus copartidarios del Polo Democrático, los hermanos Moreno Díaz (a quienes fotografie de niños) y que Petro si vió; Robledo, ahora, como el más devoto de los uribistas, amenaza (con la ultraderecha) hundir las reformas de Petro o derrotar la Consulta Popular.
Si de “políticos y desmesuras” se trata; de farsantes que hacen todo lo contrario a lo que predican o prometen; de indecentes, sin ética ni moral, que no son ejemplo de nada; de ladrones y rufianes que corrompen todo lo que los rodea ; de cínicos que mienten, roban y matan, a la vez que declaran con total desparpajo ser honorables ciudadanos al servicio de la patria, etc, etc…hay que hablar entonces de Álvaro Uribe Vélez que es peor que Trump, Milei, Bukele y Maduro, juntos; de ese arrogante oligarca de Vargas Lleras ; de ese inepto mariconcito de Pastrana; de esa apestosa rata gordinflona de Duque; y, de toda esa legión de desmesurados bandidos, criminales y hampones que han saqueado y anegado en sangre a Colombia entera. Todos ellos encarnan la desmesura de la cobardía y de la arrogancia frente a los débiles y humildes, y también, como no, la desmesura de la abyección frente a los poderosos. Petro, por el contrario, encarna la desmesura del compromiso honesto e inclaudicable con los campesinos, obreros, indígenas, comunidades afro y sectores populares, como lo demuestra su obra de gobierno que las mezquinas élites y sus compinches camuflados de progresistas (como Jorge Robledo) se empeñan en desconocer.
Las tales desmesuras de Petro, si es que lo son, son inofensivas y a nadie le hacen daño; las de Trump, Milei, Bukele, Maduro, Uribe y Netanyahu, para solo citar a estos nefastos jefes de Estado, son desmesuras que afectan gravemente a la población, y, principalmente, a la más vulnerable y desvalida. Son una desgracia para la humanidad.
Finalizo diciendo que me parece una “desmesurada” desmesura decir que Petro es un político “Gargantúa”, bocón, furioso, insaciable, brutalista, violento, soberbio, y un petulante poseído de un espíritu insolente que desafía a los dioses, porque no es exactamente así; quizá lo sea con aquellos poderosos que se creen dioses como Uribe y Vargas Lleras , y con toda esa catremanada de soberbias élites, como la Cabal y el Miguel Uribe, pero nunca jamás con los humildes y desposeídos, ni con los campesinos, obreros, indígenas , negros y clases populares…y eso de que “a esos desmesurados petulantes les va mal” es lo que los hampones del establecimiento y las rufianescas élites quieren, y también, como no, ese desmesurado farsante y envidioso que es Jorge Robledo, que no deja de ser un inconmensurable sectario del Moir.

Hola Edgar, enriqueces el listado de la desmesura política. Gracias por tu aporte. Tengo grandes dificultades para asimilar esa visión de un Petro como el único presidente honesto que hemos tenido en 200 años de vida republicana, pero es entendible dado el entusiasmo que te genera el personaje. Lo objetivo es que tu aporte sintetiza las tragedias de este país. Gracias

Gracias Alberto por su artículo, a veces siento desazón de que en este tipo de manifestaciones, se refleje tanto odio y tratos que no ayudan a la afabilidad del mundo… pero son opiniones y como tal, se respetan.

Quizá fui injusto en decir que “el único presidente honesto que hemos tenido después de Bolívar y Santander es Petro”. Ha habido otros, entre ellos, el Primer Presidente de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá, Andrés Venero de Leyva, un personaje íntegro que enfrentó solo ,y con total determinación, a esa horda de encomenderos, encabezados por ese criminal que fue Gonzalo Jiménez de Quesada, el Álvaro Uribe de la época, que maltrataban y explotaban inmisericordemente al pueblo indígena. También Juan José Nieto, y quizá uno o dos más hasta 1950. De 1950 hasta hoy, excepto Petro, todos han sido unos fieles servidores del establecimiento absolutamente deshonestos con el pueblo que los eligió. Y claro que “se siente desazón de que en este tipo de manifestaciones se refleje tanto odio y tratos que no ayudan a la afabilidad del mundo”, pero es que los malos tratos hacia los demás son contagiosos y, en mi caso particular, no puedo referirme en buenos términos a quienes, aparte de que han tratado bien mal al pueblo que los eligió, igual que sus súbditos, tratan tan mal al presidente en ejercicio: no lo bajan de guerrillero castrochavista, terrorista, criminal, homosexual, narcisista, bocón, furioso, brutalista, soberbio, petulante, demente, “político Gargantúa”, y mil sandeces más. Lo peor es que sus más virulentos enemigos como Jorge Robledo, JP Hernández, y las Catherines, se hicieron elegir con los votos de la izquierda progresista y hoy son unos fieles alfiles de la ultraderecha y del uribismo criminal.

Hola Edgar. Hay una conferencia de la escritora nigeriana Chimamanda Gnozi Adiche que se llama “la otra mirada”. Me ha parecido una pieza lúcida y contundente sobre la urgencia de acostumbrarnos a ampliar el espectro de nuestra mirada a los hechos, las personas, los personajes y las cosas de la vida diaria, pues a más amplio sea el escenario que observamos, más posibilidades tenemos de acertar. Lo digo por tu reconocimiento expreso al muy ilustre primer presidente de la Real Audiencia de Nueva Granada, don Andrés Diaz Venero de Leyva, el aristócrata español que fue enviado por el rey de España a que administrara justicia por estas tierras, cuya integridad y determinación ha estado en tela de juicio desde su llegada. Es cierto que abolió los servicios personales de los indios en las labores domésticas y limitó labores de explotación y conquista, pero no fue por bonhomía sino por instrucciones precisas de la corona que veía en tales determinaciones una solución para optimizar la rentabilidad de sus operaciones. Por el contrario, don Andrés se murió en España con la carga de acusaciones que lo comprometían entre otras cosas, con haber realizado en contubernio con su muy encumbrada esposa, doña María de Ondegardo y Zárate, en burdas gestiones de sobornos y, para que en este pa+is se aprendiera por los siglos de los siglos el tráfico de influencias y el abuso del poder, en acciones vergonzosas de favorecimiento a sus amigos. Un libelo estruendoso firmado por un tal Pedro Hernández de Arévalo contra el oidor Alonso de la Torre, fue atribuido al inmáculo de don Andrés Diaz Velero de Leyva. Son versiones de la historia Edgar. La mirada amplia muestra nuevas realidades. Un abrazo.

Para “ampliar el espectro de hechos y personajes” y, específicamente, para “mostrar la otra mirada” en cuanto a quien fue Andrés Díaz Venero de Leyva a quien usted pinta, en definitiva, y con indudable y tendencioso sesgo, como un hampón que sobornaba, traficaba con influencia, abusaba del poder y carecía de bonhomía, debo remitirme, entonces, a nuestro brillante historiador Indalecio Liévano Aguirre que después de exhaustivas investigaciones en archivos de Colombia y España, en lo relacionado con el juicio a Venero, concluyó algo muy distinto a lo que usted asume como cierto. Las investigaciones de Indalecio están consignadas en su excelso y muy valorado libro (2 tomos): “Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia”. En síntesis es lo siguiente:
La Corona española sometía de tanto en tanto a sus altos funcionarios a un juicio de residencia para evaluar su gestión. Para ese efecto nombró a Juan de Maldonado, enemigo del injustamente ejecutado Juan de Montaño, y amigo de Gonzalo Jiménez de Quesada, como Oidor en Santafé de Bogotá. Jiménez de Quesada y sus amigos encomenderos aprovecharon ese nombramiento para atacar a Venero de Leyva con la formulación de 126 cargos con lo que pretendían despojarlo de su cargo como Presidente de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá. No le perdonaban a Venero su gestión en favor de los indios y haberle puesto freno a los abusos y descarada explotación que ejercían contra ellos. Los cargos fueron desmontados uno a uno por el mismo Venero con tal contundencia que el Oidor, Juan de Maldonado, no se atrevió a emitir un fallo y remitió el expediente al Consejo de Indias. Jiménez de Quesada, hipócrita e intrigante, se decantó por elogiar la labor de Venero a la vez que alimentaba rumores que comprometían a éste y su esposa en el robo de unas esmeraldas. Habida cuenta de que el Consejo de Indias, precedido por el licenciado Briceño y el fiscal Latorre como acusador, ambos enemigos de Venero de Leyva y amigos de Jiménez de Quesada, no halló méritos condenatorios, apareció entonces un tal Ramírez Gascón acusando a doña María de Ondegardo de apropiarse de 3 valiosas esmeraldas de un lote que se le había entregado a su marido, Venero de Leyva, para su tasación y determinación del quinto real. Éste presentó a varios testigos presenciales del hecho que declararon que doña María en ningún momento tomó piedra alguna y que , además, eran de muy mala calidad, razones éstas que obligaron a Gascón a retratarse. El juicio terminó absolviendo a Venero de Leyva que, además, fue nombrado Miembro Principal del Supremo Consejo de Indias.
No debemos olvidar que Jiménez de Quesada y su horda de encomenderos, hicieron ejecutar, vengativos, al Oidor, Juan de Montaño, porque éste hizo ejecutar al infame maltratador
de indios Pedro de Salcedo (único encomendero ejecutado). Así de difícil, y con estos antecedentes, fue la difícil labor que el Rey de España le encomendó a Venero de Leyva. Le tocó enfrentar solo a esos poderosos encomenderos liderados por el intrigante bandido y criminal Jiménez de Quesada (el Uribe del siglo XVl) y, contra viento y marea, los sometió y los obligó a acatar las leyes que la Corona había emitido en favor de los indios y que ellos decían altaneros : “se acata pero no se cumple”.
Negar o minimizar la tarea de Venero de Leyva , y tratarlo de “inmaculo”, lo que demuestra es una mala leche del autor de esta columna contra un hombre que le tocó enfrentar en la soledad de estas tierras tan lejanas de España a esa horda de criminales encomenderos al mando de ese abominable bandido de Jiménez de Quesada.
Lo que aconteció en esa Santafé de Bogotá hace casi 500 años es muy similar a lo que ahora se ve con el enfrentamiento entre Gustavo Petro y esa horda de bandidos del Centro Democrático liderados por Álvaro Uribe (el Jiménez Quesada de ahora).
Toda la dura labor de Petro para mejorar esta mierda de país es desconocida, ridiculizada o minimizada por esas detestables élites del establecimiento y sus abyectos aliados como Jorge Robledo que no se cansan de atacarlo por todos los flancos.

Hola Edgar. Aunque tengo reservas con Willian Ospina, no dudo de su inteligencia, de su erudición y coincido, las más de las veces, con muchos de sus juicios y opiniones. Escribió Ospina, a propósito de un homenaje a Estalisnao Zuleta, que uno de los males de nuestro país es la “actitud sacramental” con las que nos acostumbrarnos a leer a los clásicos o a los grandes pensadores del mundo. Los leemos como leyendo una biblia, asumiendo en ellos una sabiduría total, una verdad total e incontrovertible. Tal aberración -dice Ospina- transita por el comportamiento de la derecha y de la izquierda. ¡Hay que vernos a nosotros en la universidad citando al camarada Marx!
Por el contrario, los lectores europeos se acostumbraron a leer a sus ídolos con independencia. Eran capaces de ponerlos en tela de juicio, de dudar, de controvertirlos. Creo que el mismo problema sufrimos con la manera como asimilamos a nuestros dirigentes. Los revestimos con todas las virtudes posibles, con todas las perfecciones. los idolatramos.
Tengo que agradecerte el interés en demostrar las virtudes de don Andrés Días y su ilustre esposa, y el aporte sobre los escritos del respetado doctor Indalecio. Desconocía los datos que has entregado, que también son valiosos. La idea que tenía con la respuesta que expuse a tu comentario anterior era un llamado a ampliar siempre la mirada. No olvido una frase que expone la derecha de manera recurrente en sus discursos incendiarios: “¡los buenos somos más!”. Esa hipótesis cristiana de asumir la perfección en lo que pienso y la perfección de los seres que amo, me parece tenebrosa. Eso es lo que he querido expresarte en estos días. Eso y nada más. Un abrazo.P.D. Estoy buscando el significado de una palabra que leí o escuché hace muchos años y no he podido encontrarla: “tartánico” es la palabra.

Me parece acertado este último comentario, soy igual que usted, un lector de William Ospina aunque lamento mucho su posición política (prefería a un Óscar Iván Zuluaga que a Santos, y a Rodolfo Hernández que a Petro) muy en concordancia con el uribismo que otros, como el imbécil de Abad Faciolince, a quien si no respeto, también asume; es, este último,
un apestoso farsante de derecha. Muy de acuerdo también con Estanislao Zuleta, no soy incondicional de nada ni de nadie…y, como buen desdeñoso, y un tanto anárquico y caótico que también soy, no idolatro a nadie. En mis tiempos de la universidad me mantuve muy distante de todos y nunca acepte el marxismo como dogma de fe, soy bastante iconoclasta sin dejar de reconocer el gran aporte que personajes como Marx, Estanislao, e incluso William Ospina y usted, hacen al pensamiento crítico. Muchas gracias por las columnas.

Gracias Edgar por ahorrarnos esfuerzos para seguir respondiendo y respondiendo… ya me canso mucho, me fatigo para lograr un poquito de conciencia en mis interlocutores. Gracias en verdad.
Cuando vuelo sobre el Bajo Cauca y miro las huellas de la minería ilegal como bombardeo, o cuando pienso en los damnificados del edificio Space, o en las viudas arruinadas por Interbolsa, o cuando recuerdo a Duque persiguiendo con una jeringa gigante a Fernando Ruiz, se me estruja el estómago y unas náuseas insoportables me asaltan; también cuando veo a Uribe hincado ante el altar o miro la foto de un muchacho con síndrome de Down disfrazadito de guerrillero con las botas nuevas al revés…
Ah… qué cansancio tan berraco.

Y también muchas gracias de mi parte a Juan Fernando Uribe D. por sus lúcidos y bien sustentados comentarios y, muy especialmente, por su escrito “El país de Abad Faciolince” que todo mundo me ha enviado y con cuyo contenido me identifico cien por ciento.

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