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La Cuba de Padura: lo que no pudo ser.

Por Alberto Morales Gutiérrez

Leonardo Padura terminó de escribir “Morir en la Arena” en el mes de mayo de 2025. Lo hizo en La Habana, exactamente en Mantilla, de Arroyo Naranjo, su barrio de siempre. Tan solo cinco meses después, cumplió 70 años… ¡una vida entera!

Nació para escribir sin duda alguna. Cometió su primera novela “Fiebre de caballos” cincuenta años atrás. Estudió literatura en la universidad y redactar ha sido su oficio desde siempre: reportajes, entrevistas, crónicas y, desde luego, novelas. Cada texto, cada trazo, cada palabra, ha sido un ejercicio feroz de aprendizaje, y no se ha permitido la más mínima tregua.

Su pasión por el thriller lo convirtió en experto. Maneja la arquitectura de la novela negra con evidente maestría. Mario Conde (su detective, su estrella) nació hace ya 35 años. Incluso “El hombre que amaba a los perros” uno de sus escritos emblemáticos es, querámoslo o no, otro thriller brillante que dilucida todos los entresijos de la muerte violenta de León Trotsky en Méjico. Un asesinato que fue concebido en Moscú, a 11.780 kilómetros de distancia.

Padura es un rebelde y tiene cojones. Esa Habana y esa Cuba que operan como telón de fondo de todo lo que ha escrito, se describen con una honestidad a prueba de balas, sin inclinarse con edulcorantes literarios ante los pies del poder.

Esta última novela me ha conmovido profundamente. Quiero compartir con usted el exquisito asombro de atestiguar la manera como un escritor crece, como su talento se expande y se depuran todas las técnicas, hasta llegar casi a la perfección en la construcción de la trama y de la urdimbre del relato; en el retrato integral de personajes profundamente humanos, repletos de luces y de sombras, como debe ser. Los diálogos y las descripciones se elevan a otro nivel. Leer “Morir en la Arena” (Tusquets 2025) se convirtió en un genuino goce pagano.

Es fascinante. Hay ahí un crimen, un parricidio ocurrido más de treinta años atrás. El asesino (te enteras muy rápido) ya cumple una condena. También te enteras rápido de lo que ocurrió (ocho golpes de martillo en el cráneo de la víctima). No pareciera que esta información, entregada de manera temprana, permitiera construir una trama enigmática capaz de atraparte. No hay un investigador dedicado a esclarecer el crimen ya cantado; no hay pistas qué seguir, no hay sospechosos que pudieran sugerir que se ha cometido una injusticia y, no obstante, de principio a fin, Padura da forma a un “thriller” extraordinario. Él sabe hacerlo con solvencia.

Pero esta novela va mucho más lejos. Es un relato con personajes nítidos e inolvidables a quienes terminamos conociendo, admirando, respetando. Nos enseña a verlos por encima de sus dolores y sus frustraciones, por encima de sus dudas; verlos en toda su dimensión humana, en todo su heroísmo existencial.

Entendemos, logramos entender como si fuera una revelación, el célebre aforismo de Ortega y Gasset: “yo soy yo y mis circunstancias”. Todos somos exactamente eso: nosotros y nuestras circunstancias.

En “Crimen y Castigo” Dostoyevski se sumerge largamente en las reflexiones de Raskolnikov para esclarecer lo que, considera, son las motivaciones íntimas de un criminal. La maldad se dibuja allí como un hecho contundente. Padura no lo hace así. Él logra una cosa impensable: Gini, Eugenio Bermúdez Páez, el parricida de esta novela, ese adolescente complejo y agresivo, ese adulto bravucón incorregible, ese parricida inexorable; se va convirtiendo ante nuestros ojos en un ser humano agobiado por su entorno familiar; un observador inteligente de todo aquello que lo rodea, capaz de los más grandes sacrificios, capaz de asumir culpas e incluso de desdibujarse ante los seres que ama para que ellos, a su vez, se salven. Contrario a Raskolnikov, Gini habla poco.

Su hermano Rodolfo, recién jubilado, ahogado en la rutina, oscuro, invisible y ejerciendo una vida miserable, que es lo que cualquiera puede ver en él a primera vista; es un hombre a quien el amor transfigura y engrandece, un sobreviviente de miles de batallas libradas a lo largo de su vida, un héroe inconcluso que, tal vez, pueda tener una segunda oportunidad sobre la tierra.

Nora (de quien he quedado perdidamente enamorado) es una mujer valerosa cuya resignación aparente no es capaz de desdibujar su belleza, su coraje, y su irreductible vocación de combatiente.

Pablo “el Salvaje”, ese negro inmenso y feo, ingeniero nuclear graduado en Moscú a quien su talento le prometía todo, termina siendo un jardinero y guía turístico cuya miseria no tiene el poder de arrebatarle la dignidad, ni de arruinar la luz de sus palabras.

Y hay también un psiquiatra y su mujer, la doctora Hilda, y hay un aprendiz de brujo y un escritor y unas abuelas y abuelos, y unas hijas y unas madres arrinconadas por las circunstancias de esa Cuba estertórea, pero que no se dejan vencer. Aunque suene cismático, tengo la certeza de que todos y todas ellas son protagonistas.

Como es apenas obvio, hay también ron y hay buen sexo.

Esa Cuba y esa Habana que se constituyen, a su vez, en el gran escenario; en las calles por donde todos ellos transitan; en el paisaje que les grita a diario la consistencia de la desesperanza es, de igual manera, la Cuba y La Habana que les brinda el mismo aire que todos respiran y que día a día les dice que hay que la luchar por la vida, y que esa lucha bien vale la pena ser luchada.  

Algunos de ellos viven en la pobreza extrema y otros en la abundancia, y todos ellos son amigos. Y hablan bien, son lectores, reflexivos, inteligentes, cultos, divertidos a veces, sarcásticos, también cáusticos.

La novela nos remonta al principio de los tiempos de la revolución, los pioneros, las juventudes comunistas, las oportunidades servidas para quienes exhibieran una fe infinita, y también la manera como el más mínimo acto de rebeldía contra los postulados del poder, podía y pudo, arruinar muchas de sus vidas.

Y a través de esas historias y de sus protagonistas, Padura se recrea con el análisis geopolítico, y nos lleva a Angola y a Berlín, a los discursos en los que el paraíso parecía al alcance de la mano y también al derrumbe de ese sueño, y nos enteramos de la inequidad en la patria socialista; la corrupción estatal; la vida de los privilegiados. No lo dice, pero lo deja ver: el carácter inexorable del derrumbe. La imposibilidad de que la Cuba de hoy pueda sostenerse. ¿El bloqueo?, sí, el bloqueo más la corrupción, el despotismo y el desgobierno.

Y alcanzamos a entender con nitidez el significado de la diáspora. El proceso, desde las épocas remotas de los “marianitos”, hasta el imperativo de irse para poder sobrevivir. Es absolutamente imposible en la Cuba de hoy, que una familia exista sin el dinero de los familiares y amigos que están por fuera. 

Para que no se afane en aplaudir el fracaso cubano, es bueno recordar que en Colombia la situación no es muy lejana a esa realidad. Las remesas en nuestro país ascendieron en el año 2025 a los 13.250 millones de dólares. De hecho, ya representan una suma superior al valor de las exportaciones de petróleo.

Y todo este entramado de hechos, personajes, historias, condiciones exógenas, inequidades, desafueros, frustraciones, audacias, logros y esperanzas; transitan en esta novela de manera fluida, impecable, armoniosa, natural y talentosa, como si fuera la cosa más normal del mundo. Y no, no todo está perdido. Aún en este momento, mientras escribo, resuena en mi memoria un diálogo que está por ahí, por la página 192 de las 521 de ese texto. “Así que no jodas más y haz como Lázaro, coño: levántate y anda.” Eso es, exactamente, lo que hay que hacer todos los días.

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16 respuestas a «La Cuba de Padura: lo que no pudo ser.»

Para entender a un autor resulta de gran ayuda tener algunas nociones básicas de termodinámica y la forma similar en la que trabajan las fuerzas de expansion y contracción en el sufrimiento y la percepción de nosotros mismos dentro del torbellino de la vida…
Precisamente hoy me comuniqué con un gran amigo que vive en Israel para saber como estaba la cosa por esos lados
Y su respuesta entre bromas y risas fué que las únicas asustadas eran las mujeres de la comunidad religiosa marroquí…!!
De modo que cada relato nace en función del ángulo de aproximación respecto del torbellino que se aproxima
Y comparar a Colombia con cuba me parece un poco exagerado..

Hola Eduardo, muchas gracias por leer y comentar. No dudo que el mundo es como cada quien lo mira. Bueno, lo que estaba comparando era el significado y dimensión de las remesas. Me puse a pensar que en estas cosas de la literatura, la exageración, a veces, deviene en virtud. Abrazo.

Alberto: me encanta tu análisis/reseña de la más reciente novela de Padura. Es una vista global y precisa, escrita con agallas, inteligencia y buen tino. Gracias plenas. Abrazos totales. Ec

Esteban Carlos hola. Muy agradecido, muy agradecido muy agradecido…como decía el cantante. Abrazote

Gracias Alberto admiro la fortalrza del autor y su experticia literaria para crear un un triler. No cualquiera logra enviar al coño a otros de esa magistral forma. Por mi parte la tendré en cuenta en mi lecturas pendientes. Comparar paises; es acertadísimo cuando los hechos y las cifras lo demuestran un vez más. Guardadas las diferencias; las tiranías aspiran siempre ha ocupar paises y explotar sus riquezas a como de lugar. Con golpes de toda calibre.

HombreMorales, gracias por la cátedra y de paso sembrar las ganas enormes de leer ese “Thriller”.
Solo quisiera recordar que la producción de Petróleo cayó en este gobierno casi en un 200%, sin remesas.
Sin embargo, que vivia Cuba, carajo!!!!

Alberto, buen análisis literario. Comparar países es muy exigente y requiere un gran análisis histórico, sistémico y de profundidad geopolítica. Durante más de 60 años, Estados Unidos ha mantenido un amplio régimen de restricciones económicas, comerciales y financieras contra Cuba, la política de sanciones unilaterales más prolongada en las relaciones exteriores estadounidenses, acompañado de cientos de intentos terroristas por parte del hegemón americano, para desestabilizar el gobierno. Y aun así, hoy superviven con soberanía y dignidad. En mi perspectiva, cuando escucho o leo comparaciones ligeras entre países, salta a la vista, el sesgo ideológico. Eso pasa cuando se analiza la situación cubana desde la mentalidad de Miami y su “héroe” Marcos Rubio. ( Investiguen a Rubio y se llevaran sorpresas)

Gerardo hola. Agradezco mucho tu lectura y comentario. Sí, el bloqueo ha sido una infamia. Como lo decía a Eduardo, mi referencia al volumen de las remesas que existe en estos dos países (no son los únicos desde luego) refleja una realidad. Tal vez por todo lo que viví en la adolescencia y en la universidad, Cuba reverbera allá, en lo profundo de los ideales libertarios. Su situación se me hace tanto más dolorosa precisamente por todo lo que representó. Soy incapaz de construir un pedestal en torno a la gestión de la dirigencia cubana, pues la corrupción y la inequidad (la vida y estilo de vida de los funcionarios de alto rango) no se compadece con la tragedia que están viviendo las gentes del común. Cuba es una gran frustración. Abrazo.

Hola Alberto. Tengo en mi mesa el libro a la espera de mi lectura. Por eso me es imposible opinar y leo tu columna muy a las carreras porque puedes quitarme el sabor de las sorpresas que me dará la lectura. Toda referencia a Cuba que no tenga en cuenta los dos lados de la moneda -uno es EEUU- me resulta falso. Es cierto – pero sólo en parte- que cada cuál ve las cosas de acuerdo a su lente, pero una posible objetividad siempre es posible. Y eso está presentado con una frase: “cada situación en su contexto”. Un abrazo.

Hola Hugo. Gracias por tu comentario y lectura. Tomaste hoy la mejor decisión. No dudo que vas a disfrutar ese texto, te lo vas a saborear. Abrazo

La ineficiencia del régimen socialista se evidencia en Cuba y otras experiencias, por lo que no hay disculpa que valga; ¡se cayó la mamá URSS por sí sola y teniendo al mundo a sus pies!¡No se va a caer la hija! Pero la labor de Padura en ser testigo de su sociedad, sin ataduras y con los güevos bien puestos, es una muestra de que La Literatura, con todos sus recovecos, es la primera y la última en representar la verdad.

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