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Al Alberto

¡Nosotros, los buenos!

Por Alberto Morales Gutiérrez

Parece difícil de creer pero, el mundo, desde el principio de los tiempos, está habitado solo y exclusivamente por los buenos. A quien usted le pregunte, cualquiera sea su oficio, su nacionalidad, su posición social, su formación académica, su género; dirá sin pestañear que él o ella son buenos, de toda bondad.

En Colombia, ¡sí que somos buenos!

Los paramilitares somos los buenos, porque combatimos a los guerrilleros y al comunismo que, como todo el mundo lo sabe, son el demonio. Los guerrilleros, somos los buenos porque nos hemos levantado en armas contra la oligarquía que es la opresora. La oligarquía, los de los privilegios, los banqueros, los grandes empresarios, somos los buenos porque con nuestro esfuerzo generamos empleo y distribuimos la riqueza. Los políticos somos los buenos porque nuestra razón de ser es la defensa de la democracia. Los traquetos somos los buenos porque no somos traquetos sino comerciantes que vendemos a los EEUU lo que los gringos quieren comprar; trabajamos por el bien de nuestras familias y si nuestras familias están bien, el mundo está bien. Los militares somos los buenos porque defendemos al país. Los jueces somos los buenos porque administramos la justicia. Los gobernantes somos los buenos porque representamos la voluntad popular. Los curas somos los buenos porque somos agentes de la voluntad divina.

¡Nadie se salva de ser bueno!

El nuestro y todos los países del mundo son el territorio sagrado en el que habitan solo los buenos y nada más que los buenos. Ser bueno es lo que nos da patente de corso para ejercer sin complejos ni arrepentimientos, todo lo que haya que hacer en contra de los otros, los que no son buenos como nosotros. Está claro que esa otra gente, son los malos.

¿Qué explica y desencadena esta locura descomunal?

1.- La convicción de bondad que nos acompaña a todos, se origina en una condición que es exclusiva de nuestra especie, una condición que trasciende los conceptos de la inteligencia y del pensamiento, pues contrario a lo que se creía, esas dos condiciones no son patrimonio exclusivo del “homo sapiens”. Se trata de un hecho formidable: somos la única especie animal capaz de hacerse preguntas y, en consecuencia, la única especie capaz de buscar respuestas.

2.- La tragedia que anida en el prodigio de esa capacidad, constituye la segunda condición que, sin darnos cuenta, opera como nuestro talón de Aquiles: somos la única especie animal capaz de tener creencias. Y es una verdadera tragedia porque la segunda condición anula la primera. Esto quiere decir que una vez la creencia se instala en nosotros, dejamos de hacernos preguntas sobre el tema en el que creemos. Las creencias son nuestra verdad. Cada uno de nosotros es aquello en lo que cree.

3.- La tercera es que somos, de igual manera, la única especie animal que tiene imaginación.

Se trata de una función cognitiva esencial, cuyo papel es clave en todas las formas y manifestaciones de la vida mental. La imaginación habita en el pensamiento, comparte la mayoría de sus características y se ha concluido además que, sin imaginación, sería imposible que existiera el lenguaje. Imaginar es idear, ver incluso aquello que no existe.

Y entonces, las condiciones para esta locura de la bondad están servidas. Nuestras creencias, que son nuestras verdades, nos hacen imaginar que solo somos buenos los que profesamos la misma convicción y que esta convicción nos llena, nos inunda de virtudes que nos hacen muy especiales. Solo los militares que cumplimos con nuestro deber estamos preparados para ser los héroes de la patria; solo los paramilitares que combatimos a los comunistas estamos ungidos por el poder de la espada de nuestro Dios; solo los sacerdotes y pastores que predicamos la palabra del Señor, tenemos conciencia de nuestros pecados que, al ser conocidos por la divinidad, nos son perdonados, porque somos sus hijos más amados.

Sí, es una cosa delirante.

Los buenos, nosotros los buenos, somos inobjetables. Todo aquello que realizamos, en lo que pensamos, la manera como actuamos, es el actuar perfecto de los buenos. Y entonces perdemos el uso de la razón. Nosotros los petristas tenemos un líder cuya genialidad es reconocida internacionalmente, un estadista sabio entre todos los sabios, nunca se equivoca. Sus críticos son lo más cercanos a la estupidez, son fascistas, que no entienden la dimensión de su cultura extraordinaria y el hecho de que será por siempre el mejor presidente que ha tenido Colombia en toda su historia. Nosotros los uribistas tenemos un líder que ha sido víctima de una persecución constante de los malos, que inventan crímenes que él jamás cometió. Es nuestro presidente eterno, un prohombre, probo, impoluto. Ah, y nosotros, los patriotas, vemos en nuestro tigre a esa nueva estrella del firmamento político, que sí va a arreglar a este país; un hombre cuya capacidad para hacer que las cosas sucedan es desconcertante y cuya patria milagro ya se levanta como Lázaro y empieza a brillar.

Es entonces razonable que cada uno de nosotros, piense que las cosas deben funcionar como los buenos queremos: que todos debemos hablar como los buenos; saludar como los buenos, repetir los gestos de los buenos. También escoger los colores de los buenos, no discutir las verdades de los buenos, ni los planes de los buenos.

A los buenos jamás se nos pasa por la cabeza que estemos diciendo o haciendo algo incorrecto, faltando a la verdad o a la razón. Eso solo le ocurre a los otros, los malos.

No es un chiste.

Las convicciones de los buenos destrozan la razón. No puedo menos que pensar en el Movimiento Sandinista, en esa épica libertaria  que iluminó su causa. A nosotros los progresistas, los revolucionarios, que somos los buenos, jamás se nos pasó por la cabeza que el complejo ser humano que era Daniel Ortega, degenerara en la vergonzosa realidad que exhibe hoy. Un dictador tan perverso o más que los Somoza; que asume a Nicaragua como una hacienda de su propiedad y la de su familia, para su disfrute exclusivo. Un sátrapa que ha anunciado su decisión de convertirse en el gobernante eterno de su país y que esa es su última palabra. Pero lo más patético es que nosotros los revolucionarios, guardamos un silencio aterrador mientras Ortega se fue transmutando en lo que realmente era. Nos negamos a denunciar, a disentir, con el argumento de que  Ortega era de los “nuestros”. La misma razón que anima nuestro silencio con las barbaridades de Stalin. Nos parece que si lo hacemos ponemos en evidencia nuestra propia imperfección, la bondad de nuestra causa.

No hay ninguna diferencia entre nosotros los creyentes cristianos, que soportamos la fiebre depredadora de nuestros cardenales, obispos, pastores y curas pederastas y callamos para que no se afecte nuestro halo de bondad.

Ni qué hablar de nosotros los petristas, que cohonestamos con la corrupción de los nuestros y decidimos verla diferente a la corrupción de los malos, y con las alianzas de los nuestros que no eran diferentes a las alianzas de los malos, y a los irrespetos, incoherencias, desafueros de nuestro líder, que no eran diferentes a los irrespetos e incoherencias de los líderes de los malos.

Dejamos de hacernos preguntas, cancelamos el diálogo interior, transmutamos  el pensamiento crítico en una actitud reverencial. Nos perdimos en nuestra propia decadencia. Y entonces, gritamos a todos pulmón, para que nadie se equivoque, esa perorata que nos diferencia de ustedes, los malos: ¡los buenos somos más!

Hay que revelarse contra esta lógica demencial.

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35 respuestas a «¡Nosotros, los buenos!»

” Los buenos somos más” fue el resultado de una nefasta campaña publicitaria que se dió en Medellín por los años 80: ” Amor por Medellín”. Hasta los grupos de limpieza social se apropiaron de ella. Hemos sido ” cuna” de grandes cosas!

Hola Sandra. La recuerdo. Fue una campaña de la agencia Jaime Uribe y Asociados. Muchas gracias por leer y comentar.

Entiendo el punto critico de cómo el sesgo de autojustificación y el dogmatismo conducen al tribalismo político y ético, del cual sufrimos mucho los colombianos.. Me queda el sabor al leer tan excelente articulo, la posibilidad del riesgo de relativismo: Al sostener que “todos se creen los buenos”, se corre el riesgo de igualar éticamente cualquier narrativa, un paramilitar, un político corrupto, un militante pacífico o un defensor de derechos, sin evaluar el impacto ni la evidencia objetiva de sus acciones.
Si se concluye que todos los discursos de bondad son autoengaños ideológicos para encubrir la corrupción o la violencia, podemos entonces asumir que la justicia, la virtud y la verdad no existen objetivamente. Si nadie es verdaderamente bueno y todas las causas morales son máscaras del poder, se corre el riesgo de caer en la apatía moral: “Nada vale la pena porque todos son iguales”.
Al exponer cómo los seguidores de diversas ideologías, revolucionarias, conservadoras, progresistas, toleran los atropellos de sus líderes, el lector puede concluir que la participación política o la búsqueda de reformas carecen de sentido. Esto genera cinismo ciudadano y el abandono de causas sociales y colectivas legítimas.

Hola Gerardo. Tienes razón al advertir sobre el riesgo.Asumí que la reiteración sobre la bondad de todo aquello en lo que creo, mostrada desde diferentes perspectivas, sería lo suficientemente didáctica como para evidenciar la locura que eso entraña. La relativización de la ética surge, a mi juicio, de la pérdida progresiva del dialogo interior, de negarnos a hacernos preguntas, de tragar entero, de no ejercer el pensamiento crítico. Habrá que insistir. Gracias.

Alberto, me gustó tu columna. Puedo agregar que hay al menos cuatro campos en los que nadie, nadie, acepta que no es “bueno”:
1. En ética. Todos somos ángeles, nadie acepta ser demonio.
2. Laboriosidad. Todos nos creemos excelentes trabajadores.
3. Inteligencia. Nadie acepta ser brutico o poco inteligente.
4. En la sexualidad. Nadie acepta que es mal polvo.

Teodoro, hola. Muchas gracias por pasar por aquí. Me parece que tus cuatro campos enriquecen el espectro de las bondades que asumimos como propias. Ha de haber muchos más.

Excelente escrito Alberto. Pero también estoy de acuerdo con Gerardo. Presentas las cosas como mirando desde el Olimpo. Finalmente el único bueno es Fajardo que no es bueno ni malo, es tibio. Un vicio de los llamados intelectuales es pararse en el podio y mirar hacia abajo, al mundo de los locos buenos y malos. También entonces tendrían su lugar correcto el mundo de los abstencionistas ( 45% está vez) para quien todo alrededor es podrido. Este vicio de colocarse por encima del bien y del mal es riesgoso. Por otra parte añado que la calificación de bueno y malo, de bien y mal es típicamente conveniente al cristianismo quien nos dejó una herencia horrible. La de justos y pecadores. Las religiones SI son el opio del ser humano.

Hola Hugo Hernán. No logré hacerme entender. Mi reflexión estaba orientada a sustentar la urgencia del pensamiento crítico y el diálogo interior, hacernos preguntas. No era una profesión de fe. Me agobio con tu interpretación, porque estoy a gran distancia del pensamiento de Fajardo. Tendré que insistir. Muchas gracias.

Las creencias son arraigps mentales no escogidos pero pueden variar con el tiempo y ñas experiencias buenas o malas; es decir como vengan y estes en el mundo preocupado por ser bueno a pesar de lo malo.

Corrección: dos palabras; arraogos (lo ancestral) y las…..
Teclados diminutos para no saber si es v o b la tecla empleada……

Hola Juan Eugenio. El diablillo”, le dicen en la industria editorial.

Alberto, cuando dices “ nuestra especie”.. 1.evidentemente que refieres a la especie colombiana,la cual sólo imita ó simula.
2.las creencias se consideran conocimiento en esta especie.
3. En esta extraña especie colombiana la “ imaginación” está ubicada 100% en los dominios de la fantasía lo cual pasa de construir imágenes= imaginacion. … al campo de la acción de esas imágenes para el acto de vida.
Con el caso de Daniel Ortega podemos ver con claridad el fenómeno divino en el que Un representante del aparato creador de las imágenes, el cura Ernesto Cardenal interpreta a su manera particular la “ liberación” que termina en lo que hoy vemos en Nicaragua.
Claro, eso siempre es el resultado natural del sistema, como lo es en el de colombia con la misma maquinaria tal como lo ilustras en esa
Actitud reverencial aprendida del sistema de imaginación.

Hola Eduardo. La verdad, estaba haciendo referencia a la especie animal humana. Y me parece certera tu apreciación en el sentido de que la gente confunde creencia co conocimiento. Grave.

Alberto. Quiero añadir un solo pensamiento más. Tal vez un camino es “el análisis concreto frente a situación concreta” por ejemplo: Colombia e una sociedad injusta. El abismo entre los que tienen futuro y los que no lo tienen es inmenso. Si queremos democracia está brecha hay que ir cerrándola aunque sabemos que tardará años, pero no hay otra. Las acciones, no de los buenos, sino de los que están decididos por hacer algo para que esa injusticia vaya solucionandose, presentan propuestas. La pregunta es : de qué lado estoy y concretamente qué hago para contribuir. En esta vida colombiana, querido Alberto, hay que untarse, y hay que equivocarse.

Hola Hugo. Muchas gracias por tu lectura y comentario. El espíritu de mi reflexión apunta a un aspecto nodal de tu reflexión. “Hay que equivocarse”. Si somos capaces de detenernos a aprender de nuestras equivocaciones, si aceptamos que pueden haber errores, inconsistencias en aquello en lo que creemos, entonces estamos ejerciendo el pensamiento crítico. Lo doloroso es observar que, obsesionados con nuestras “verdades”, aniquilamos la posibilidad de hacernos preguntas. Un abrao.

Lo contradictorio en la izquierda, es que se acepta de buena gana que, en la Derecha se andan todos los males de la sociedad, sin embargo, es de reconocer que nos falta capacidad de autocritica, mejor, de pensamiento crítico. Dentro de nuestros principios está rechazar el culto a la personalidad y es lo primero que uno observa en las experiencias revolucionarias del mundo, hoy a Petro, lo consideramos impoluto y un líder supremo. En la derrota sufrida con el tigre, nos negamos a mirarnos hacia adentro y preguntarnos cuáles fueron nuestros errores y fallas en el proceso, al punto, de que hicimos alianzas con corruptos y personajes oscuros por el simple hecho de que la coyuntura política así lo exigía, y en vez de apoyarnos en el marxismo acogimos a Maquiavelo. Nuestros líderes de izquierda aún miran la sociedad con la lente del siglo pasado y hacemos análisis y pronósticos basados en dogmas retrógrados, asumiendo qué las masas, así lo aceptarán, en plena era digital.

Hola Efe, se requiere valor para mirarse, evaluarse. Bali e inteligencia. Ese es un requerimiento del diálogo interior. Gracias por pasar por aquí.

Don Alberto. Eso de ‘buenos’ y ‘malos’ es tan subjetivo que ‘todo depende del color del cristal con se mira’. No todos los ‘malos’ tienen el mismo grado de ‘maldad’ y no todos los ‘buenos’ tienen el mismo grado de ‘bondad’.

Claro Olmedo. Pero no es esa la reflexión que propongo el texto. Planteo que la autopercepción que cada uno de nosotros tiene sobre la bondad de lo que piensa y hace, amenaza el ejercicio del pensamiento crítico. Asumimos que los malos son los que piensan y actúan diferente a nosotros.

Somos ángeles y demonios al mismo tiempo. El poeta Darío Jaramillo Agudelo hablaba de “ese otro que también me habita”. Sin embargo la dosificación de lo uno y lo otro no es la misma en todo mundo. Y Stevenson ya nos expuso en su extraordinaria novela psicológica “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde” el fenómeno de la “personalidad escindida”.
En mi caso particular quienes me conocen me perciben como una persona noble, amorosa, y solidaria, mientras este en mis cabales; pero cuando me tomo los aguardientes (mi pócima transformadora) mutó a una especie de abominable Mr. Hyde y me torno violento, irascible y bestial. Por supuesto que por muy bestial y abominable que me torne jamás podré ser un detestable ser como Trump, Netanyahu, Uribe o Abelardo. Son estos tipejos, y sus seguidores, a quienes no puedo sino encasillar dentro de lo más perverso del género humano.
En cuanto a aquellos izquierdistas que se empecinan en defender a personajes tan siniestros como Stalin y Daniel Ortega jamás los podré percibir como personas sensatas; son unos estúpidos que se empeñan en defender lo indefendible. He sido un feroz crítico de ambos desde hace muchos años y me importa un carajo que los imbéciles que los defienden me tilden de “reaccionario” y “derechista”.
A alguien que vota por un ominoso sionista que está de acuerdo con el genocidio en Gaza; que quema gatos vivos; que es estafador de estafadores; que envileció la justicia en asocio con jueces y magistrados venales; que promete “destripar” a la izquierda; y, en fin, que le importa un carajo arrasar con la naturaleza y la vida con el fracking…jamás lo podré percibir como bueno, es una detestable escoria.

Hola Edgar. Muy bueno verte por aquí. Si, ese entramado de yo y super Yo; ego y alter-ego; conciencia y sub-conciencia, es complejo de verdad, pero demuestra que en cada uno de nosotros habitan dos. Uno de ellos boicotea el diálogo interior, boicotea la inteligencia, boicotea el pensamiento crítico. Tenemos que derrotarlo.

Completamente de acuerdo con Ud Don Alberto. Su planteamiento que “Asumimos que los malos son los que piensan y actúan diferente a nosotros”, es “una verdad de a puño”

Como avanza el ser humano en ser integralmente un ser vivo quevtenga derecho a compartir con el resto de la naturaleza yreconozca los derechos de los otros humanos

Hola Luz M. Creo que el gran reto es el reconocimiento respetuoso de las diferencias. Ahí empieza y termina todo.

A pesar de haber sido el primer martillazo con golpes a la loca, lleno de improvisaciones y bisoñadas, este gobierno sera una impronta muy dificil de olvidar puesto que cambió el modo de pensar y la actitud ante el país. Pero:

¡EXIGIMOS CLARIDAD!

El presidente Petro está en mora de aclararle al país, más al país político que lo ha apoyado, todo el problema con Juliana Guerrero y las otras jovencitas que se metieron en la intimidad del gobierno exhibiendo un poder al parecer basado en un influjo seductor compartido por el mandatario y su primer ministro Benedetti.
¿Qué pasó ahí? Títulos falsos, intrigas palaciegas, tráfico de influencias para lograr contratos con convenientes secretos de fiesta y alcoba?
¿Será que al final se nos enloqueció Gustavo y no resistió el calor de unos senos y una piel canela susurrándole al oído dulces cuitas de amor… y Armando riéndose?
!No hay derecho terminar así un gobierno! Además con la alharaca escandalosa de una mujer que fue su mano derecha y ahora termina demandada al parecer para que no siga “hablando tanto”. Otra cosa: ¿Hasta donde será tanta la sinceridad de Carrillo al afirmar que Angie lo calumniaba tildándolo de ladrón y que ésta al mismo tiempo aprovechaba su poder para enriquecerse y comprar apartamentos en barrios elegantes?Este problemita que nos enfría el ánimo y nos hace pensar en vagamunderías y otras posibles procacidades se tiene que aclarar, también las andanzas palaciegas de Verónica, y no por escudriñar pormenores matrimoniales, pero si como elemental respeto a un país que lo nombró presidente para confiar en una gestión, que además de administrar un pensamiento social, debe estar sustentada por un mínimo de sentido común y respeto.
¿Cuales fueron los merecimientos de Juliana Guerrero para ser viceministra de juventudes o miembro de una junta directiva universitaria? o de una jovencita como Laura Sarabia para ser canciller o embajadora en Inglaterra? Además ¿Cuáles han sido los logros de su gestión? Al principio creímos en la posibilidad de que muchachos de las nuevas generaciones tuvieran un papel interesante en el gobierno ¿Pero qué se logró? ¿Sólo escándalos, robos y un posible asesinato de un militar cercano a la charada con una niñera y una maleta llena de dólares? ¿O una primera dama volantona y bailadora sin más contenido?
Claro que existe la posibilidad de que todo esto obedezca en gran parte a un montaje mediático del cipayage que dirige los medios. Pero necesitamos, es más, exigimos, que todo se devele y conozcamos la intimidad, y tal vez los buenos réditos que para estos (as) protagonistas al final del gobierno, se producen.

Hola Juan Fernando. Haces preguntas pertinentes. Gracias por leer e interrogar.

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