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Ana y las turbamultas

Por Alberto Morales Gutiérrez

Leer los expedientes del juicio a Juana de Arco en el 1430-31 (¡hace casi 600 años!) es un ejercicio fascinante en el que se aprende mucho sobre el fanatismo, la lógica oscura del acusador, los entresijos de la política y el comportamiento irracional de las turbas.

Es francamente sorprendente la aguda inteligencia de Juana de Arco quien, con tan solo 19 años, exhibe en ese juicio la suma de condiciones que la convirtieron en una figura histórica: el carácter certero de sus respuestas, la coherencia absoluta de su pensamiento, su agilidad mental y su reciedumbre. De igual manera, se aprecia en esas actas la evidente torpeza e ignorancia de sus acusadores.

Una turba exacerbada que aplaudió la decisión del tribunal inquisidor, la vio morir en la hoguera. Su “delito”: herejía”. Fue tan absurdo el juicio que en 1456, la Iglesia católica la declaró inocente; la beatificó en 1909 y la erigió como santa en 1920.

Ninguno de los conspiradores y acusadores de Juana de Arco, ninguno de los participantes en esa turbamulta que aplaudió la hoguera y presenció el sacrificio, dejó este mundo con el más mínimo arrepentimiento. Todos estaban convencidos de que ese castigo ejemplar era merecido y que la mártir fue una hereje.

La turbamulta siempre, siempre, tiene una total certeza sobre su “verdad”.

Tampoco hubo arrepentimientos en esa otra turba que, también a instancias de los inquisidores, quemó en la hoguera al científico Miguel Servet en 1553 por no compartir la doctrina sobre la “santísima trinidad”.

Calvino, quien lo odiaba con intensidad, fue el promotor de esa tarea.

¡Ah de las turbas! Se las ha estudiado desde diferentes áreas del conocimiento y hay múltiples elementos concluyentes sobre su manera de comportarse.  Se las define como una multitud confusa, desordenada y numerosa, en la que la individualidad se diluye al masificarse. Se desencadena en la turbamulta una inercia grupal en la que la impulsividad, la inestabilidad y la sugestión se imponen. Está demostrado que, sumergidos en la turba, los individuos pierden toda capacidad de pensamiento, de reflexión y de juicio. Desaparece todo sentido de la responsabilidad personal. Eso explica por qué, sometidas al “contagio emocional”, las personas que en su vida cotidiana pueden ser pacíficas y decentes, terminan haciendo parte de una mente colectiva irascible, irracional, crédula, manipulable.

Las turbamultas llegan a niveles de superficialidad inenarrables y por ello son altamente volubles, transitan en fracciones de segundo, de la euforia a la indignación y a la violencia.  Mire usted lo que ocurre con las barras bravas del deporte, por ejemplo, para que no hablemos ni de religiones, ni de creencias políticas.

Es un comportamiento que se ha repetido de manera inexorable a través de milenios, aunque es cierto que han cambiado los escenarios. En el mundo de hoy, las plazas públicas son las redes y el fuego, los insultos. Hoy, solos frente a su teléfono, debidamente perfilados por el algoritmo, los fanáticos de la turba creen que cada uno está solo y está actuando por su cuenta. ¡Pobrecitos!

Un caso particularmente revelador, es la turbamulta que ha decidido sacrificar en la hoguera del silicio a una mujer extraordinaria: la periodista, Ana Cristina Restrepo. Es un linchamiento cuyos niveles de irracionalidad aniquilan todo rasgo de inteligencia.

Ana Cristina no le gusta a la turbamulta porque de manera persistente, con valentía e inteligencia, ella tiene el “vicio” de salirse de la fila, de pensar y de actuar contra la corriente. No comparte los “dogmas” de quienes consideran como verdades absolutas que, por ejemplo, todo líder social es un comunista o un guerrillero; que todos los maestros son subversivos; que las protestas son actos criminales; que todos los sindicatos son organizaciones delictivas; que los Derechos Humanos son un invento de los “mamertos”; que hablar del medio ambiente es una herejía; que en Colombia no existieron los falsos positivos; que Álvaro Uribe no ha cometido jamás ningún acto que infrinja la ley; que los Estados Unidos son el eje de la civilización occidental; que no hay sobre la faz de la tierra un cura que haya cometido algún acto de pedofilia; que los pobres son pobres porque quieren y que los únicos que están calificados para dirigir, gobernar y administrar al país son los hombres, claro, los “expertos” de los partidos   tradicionales, esos que jamás se han robado un peso y que representan todas las virtudes de las democracias modernas. Esos mismos.

Para ellos, todo lo que Ana Cristina opina, todo lo que escribe y documenta, todo lo que piensa, es producto de su “estupidez”, su “ignorancia”, su condición de “mamerta”, de “comunista”. ¡Que la quemen!, ¡que se vaya!, ¡que no hable!

El mundo “decente” son ellos, los que respetan la ley y el orden, los que son verdaderos patriotas y están dispuestos a darlo todo por el bien del país y por su gloria. Saben cómo hacerlo: “¡plomo es lo que hay!”

No es la ceguera la que los orienta en sus “raciocinios”, es su condición de turbamulta. Quien profiere los insultos asume que es él quien los ha inventado, cuando realmente hace parte de un coro deplorable en el que todos dicen lo mismo.

Imagine usted que un comentarista de fútbol, observando un partido del mundial, dice ante el micrófono que el ritual de las barras noruegas, escenificando en las graderías y en la grama a los remeros vikingos, le hace recordar a las galeras españolas en las batallas navales del siglo XIII, y cómo azotaban  a sus remeros (esclavos musulmanes y delincuentes que pagaban sus condenas) para moverlas con agilidad en esas confrontaciones. Y que entonces la selección de fútbol española diga que ese periodista “ignorante” los está insultando porque ellos jamás han azotado a ningún musulmán; que no le pueden permitir que siga narrando fútbol y que, además, tampoco deben dejar entrar a los estadios a los y a las hinchas noruegas.

Ana Cristina dice que la pólvora de los triunfadores el domingo pasado le recordó los años 80, cuando los “traquetos” celebraban con “voladores” de luces multicolores, la felicidad de haber “coronado”, y entonces la turbamulta dice que los están insultando a ellos. Para la turbamulta, Antioquia jamás tuvo “traquetos“, jamás quemaron pólvora y los orígenes de “la alborada” paisa se pierden en la memoria de los tiempos, pues no tiene nada que ver con Pablo Escobar. En últimas, su “verdad” es que aquí, la pólvora no tiene por qué recordarnos nada.

Para ellos, en su enajenación colectiva, Antioquia es un “cielo chiquito”, libre de sombras y pecados. Aquí todo es perfecto. Ni siquiera existen los malos pensamientos. Hablan furiosos, actúan como fanáticos, pero son felices todos y todas, viviendo en un “estado de gracia” que ha de extenderse por la eternidad, porque como todo el mundo lo sabe, la única “verdad” es la de ellos.

Es evidente que frente a tanto derroche de estulticia, Ana Cristina jamás va a renunciar a seguir pensando.

En esta perspectiva, me pareció extraordinaria la síntesis que hace el profesor Jairo Buitrago, a propósito del tótem animal de la campaña de Abelardo de la Espriella: “El tigre no razona, el tigre caza y desgarra. Es la invitación formal a que los ciudadanos renuncien a su córtex cerebral y regresen al estadio de la horda salvaje”… en esas están.

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40 respuestas a «Ana y las turbamultas»

Buenos Días Alberto, excelente, pero te toca corregir lo de Galileo Galilei, él no fue quemado en la hoguera.

Wilmar, muchas, muchas gracias. El error fué garrafal. Ya la memoria empieza a hacer estragos. He hecho el cambio.

Esa turbamulta no existe solo por esas tierras, por los santanderes es mayoría con todo y voladores y plomo.
Hasta en los velorios se usan para marcar fama.
Amanecerá y veremos como se repite la historia y ellos mismos llorarán su destino.
Saludos y abrazos a Ana Cristina..!

Hola Eduardo. Las turbamultas llevan milenios haciendo estragos. Es cierto también que muchos de sus participantes han llorado su destino. Recuerdo en este instante que a Calvino lo quemó la misma turba que lo hizo con Servet…

Alberto un abrazo.

Según entendí con lo de las “Turbamultas” y el contexto del ensayo, estabas describiendo a la “Primera linea”!.
Me encanto como separaste a variables de cortex y logica cognitiva lo que debe estar pensando un estudiante de la “U”, cuando estando becado por los impuestos que subsidian los que más producen, lee una tesis del año 1.400 y empieza a quemar el pupitre.

Los verdaderos “pogres”, son los que vibran cuando pueden entender que la democracia si es el poder del pueblo. En la narrativa barata de los izquierdosos de bmw y ferragamo, parece que se les olvido que a Lenin lo acompañaba una elite revolucionaria que es la que siempre le va un “piquito” mejor que a todos.
Una embajada sin hablar el idioma, degenerando una situación de representación cultural y comercial a un interprete con otra cultura…..
Los izquierdosos son una lumbrera que berracos tan inteligentes, pero se les olvida que para ir a la playa hay que llevar bestido de baño y no jeans.
Si quiere vivir en un Estado micky mouse vayase pa Disney. Levantase a trabajar asi sea para decir que Marx era un putas, cuando toda la vida fue un mantenido, o siga creyendo que la racionalidad occidental la creo Chavez como dijo el cantante.

El “Cielito lindo” de los de la primera fila es dañar todo por que si, coger un martillo y dañar el sistema de transporte que sirve.
Pintar las paredes de todo, quedarse 35 años en los “U”, “llevando el mensaje de cambio”.

Quedo muy bacana la foto de la periodista, podría ser modelo de una marca de jeans de barrio o internacional, que analice que tipo de celebración se imagina!. Que buen tinto!.

Pd: La pobreza mental no se cura con pomadas ojo!.

Hola El Mismo. Me gusta mucho verte de nuevo por aquí. No, la verdad es que no estaba describiendo a la primera línea. Mi idea era reflexionar sobre la manera como en el escenario de las contradicciones, prospera la tendencia a la distorsión. Una cosa fue lo que dijo la periodista Ana Cristina Restrepo y otra cosa lo que las turbas de las redes que piensan de manera diferente “interpretaron”. Tengo una fantasía: ¿Qué habrá que hacer para que cuando alguien dice, hace o escribe algo que no compartimos, seamos capaces de referirnos expresamente al tema aludido y de sustentar nuestras posiciones con honestidad intelectual, con argumentos, para que la palabra “deliberación” adquiera un verdadero sentido? Qué pena con vos. Amanecí “enfermo de solemnidad”.

Me sorprende la facilidad de algunos personajes para acomodar la interpretación a su conveniencia!!!
Leerlo hizo mi mejor carcajada de hoy!!!!!

Hola Maria Eugenia. Muchas gracias por tu lectura y comentario. La verdad, nos falta por recorrer un largo camino en este proceso de aprender a deliberar, a abordar discusiones desde las diferencias.

Entiendo que eso se llama “falacia del hombre de paja”, el oponente distorsiona o exagera su argumento original para que sea ridículo y fácil de atacar con los guiones con los que ha sido adoctrinado y que repite como loro.

Gerardo hola. Te reitero mi gratitud. La palabra “paja” con todos sus contenidos diversos, se ajusta de manera perfecta a ese estilo discursivo.

A Galileo no lo quemaron, lo anularon ,que fué peor.
Ah! La santa madre iglesia.
A juicios de valor que nos debe.

Hola Richi. ¡Qué metida de pata! afirmé, exhibiendo una gran ignorancia, que Galileo Galilei había sido condenado a la hoguera. Si no es por Wilmar, quedo como un falsificador de la historia.Abrao!

Alberto, excelente defensa de una mujer integra, analitica, con sentido del humor y sobretodo,valiente.

Hola Ana Cristina, muy bueno verte por aquí. Muchas gracias por leer y comentar.

Excelente refliexión don Morales, tristemente en eso se ha sumido el país una horda de “buenos colombianos” que van a apagar un incendio que no existe y para ello eligen un Bombero que fue de los que inicio el fuego y ha avivado la llama, que triste, gracias por el bálsamo de memoria y el pensamiento critico que tanta falta hace en estos días.

Samueeeel, ¡que bueno verte por aquí!. Muchas gracias por tu comentario.

Las turbamultas van y vienen como cuando a esos sátrapas y truanes no les gusta que no los idolatremos. Vivi una experiencia similar y esa no tiene porque hacerme que mi ego sea el que hable; pese a existir castigos y persecución por políticos de todas las corrientes que se ven y creen dioses humanados que viven en cielito lindo. Muchos jueces olvidan su razón de ser arbitros objetivos en situaciones conflictivas como las turbamultas……

Juan Eugenio, muchas gracias por leer y comentar. Este fenómeno de las redes y la irresponsabilidad que campea en su uso merece una reflexión y una acción profunda desde el punto de vista institucuonal.

Al fin te diste cuenta Alberto!
No era con votos en blanco ni con medianías. La cuestión es que estamos regresando a vivir las mismas etapas de la ” Regeneración “, aquella generada como reacción a la energía sociopolítica de Uribe Uribe y Gaitán con sus dos respectivas guerras civiles. Ahora está en nuestras manos evitar la tercera, puesto que a nadie conviene, menos a los amos del poder, aunque si se descuidan los dueños actuales del mundo les pasan por encima y acabamos como el Congo: un lodazal de minas y campos de concentración puesto que no hay margen de espera: Ya entraron a Venezuela por el petróleo, sigue Colombia y en octubre, Brasil. Perú es cuestión de días, Argentina, Bolivia y Chile, ya están listos.
Al menos ya nos dimos cuenta. ¿Es mejor abrirnos de paticas para que no nos duela mucho?
Saludos a la colega por la “metidita,de pata”
Un abrazo

Hola Juan Fernando, gracias por tu lectura y participación. La verdad es que no soy capa de ver en la intervención de Ana Cristina ninguna metida de pata. No dudo tampoco del carácter reaccionario del gobierno de De la Esperiella ni tampoco dudo de mi voto en blanco, hecho con absoluta convicción. No asumo culpabilidad alguna en la derrota de Cepeda. Tampoco creo que el Pacto Histórico fuera una salvación. Lo he sustentado. Un abrazo

Se estaba demorando mucho la turbamulta en encender la pira para quemar cualquier idea amenazante. Ana Cristina Restrepo no sólo es una mujer valiente sino todo un símbolo de integridad, ética y profesionalismo

Hola Martha. Es precisamente por lo que Ana Cristina es y representa, que la turbamulta se activa con especial virulencia. Abraoteeeee
.

Admiro el periodismo independiente, inteligente y responsable. Es fuerte la reacción de la turbamulta, afortunadamente hay lugar para el análisis crítico frente a estas reacciones que den su lugar al periodismo que encara con valentía su visón independiente. Que no falten en ninguna sociedad estas voces claras

Me desatraso comentando sobre el anterior artículo sobre la “Crisis”

Hola todos
Antes de leer este artículo, leí el último sobre el escándalo con Ana Cristina Restrepo e hice mi comentario al respecto sobre la llamada “crisis” que no es otra cosa que la posibilidad de volver a un pasado de guerras civiles que se repiten donde el afán de sofocar las amenazas por la tenencia de la tierra, la dignidad y la autonomia, vuelven a jugar sus fuerzas.
La penetracion cultural imperialista (suena como a primíparo de universidad pública) es tan intensa que hasta el mismo pueblo, al no poder ser gringo, quiere ser mexicano de ahí la permisividad para que el amo entre y haga lo que quiera con el país: desde el fraude electoral, hasta el apoderamiento de todos nuestros recursos para al fin dejarnos con el Halloween y el Blackfriday…

A doña Ana Cristina le están ‘aplicando la misma medicina’ que al excandidato Iván Cepeda, por ‘atreverse’ a recordarles, a los paisas, su pasado.

Hola Olmedo. La turbamulta es la herramienta para azotar a quienes no piensan como ellos. Abrazo agradecido!

Con Ana Cristina Restrepo pienso que los que se creen gente de bien y se sienten ofendidos han sido los mismos que pudieron redactar una carta asquerosa cuando Alejandro Gaviria intentó lanzarse a la candidatura presidencial, es lo más virulento que he visto, tanto como la teoría del voto fusil. Aún no me repongo del robo de la elecciones y sólo atino a concluir: hasta que nos volvieron Venezuela; pero la de post-Maduro.

Hola Helena. Es probable. Las turbamultas se integran con personas que tienen la misma visión del mundo y el mismo sistema de creencias. Gracias por leer.

La mentalidad de turbamulta nos activa una reflexion acerca de procesar la información y nos pone a competir dos formas radicalmente distintas de percibir el mundo: una basada en un “molde mental” previo y otra basada en “abrir las ventanas” a ver qué hay afuera, por más que incomode.
Vamos a desmenuzarla de forma sencilla, separando a estos dos personajes filosóficos.
1. El “Hombre de Fe”: Ver el mundo a través de un filtro
Cuando hablamos de “hombres de fe” en este contexto, no nos referimos únicamente a la religión. Aplica para cualquier dogma cerrado: política radical, teorías conspirativas o ideologías de las que nadie te puede sacar.
La fundamentación cognitiva de esto es lo que en psicología llamamos sesgo de confirmación y disonancia cognitiva. El cerebro de esta persona ya tiene un plano completo de cómo funciona el universo. Si llega información nueva que encaja con su creencia, la deja pasar feliz de la vida. Pero si llega información que contradice su fe, ocurre un cortocircuito. Su mente, de forma inconsciente, prefiere ignorar, distorsionar o tachar de “falsa” esa información antes de romper su molde. Solo perciben lo que sus creencias les dan permiso de ver.
Ejemplo: Imagina a alguien que cree ciegamente que “el mercado libre siempre se autorregula perfectamente y nunca falla”. Si de repente hay una crisis económica brutal que demuestra que hacía falta regulación, el hombre de fe no va a dudar de su teoría; va a culpar a un complot externo, a los gobernantes de turno o a que “no era verdadero mercado libre”. Su creencia le impide ver la falla del sistema

Gerardo, de nuevo muchas gracias. Este tema del sesgo de confirmación es decididamente aleccionador.

2. El “Hombre de Conciencia”: Ajustar el mapa según el terreno
El “hombre de conciencia” opera al revés. No tiene un mapa fijo del tesoro; tiene una brújula llamada discernimiento crítico. Su superpoder es la capacidad de procesar la información de manera cruda, analizando los datos, la evidencia y los hechos, sin importar si el resultado le gusta o no.
La fundamentación aquí es la flexibilidad cognitiva y el pensamiento científico. Este individuo entiende que la realidad es cambiante y compleja. Si la evidencia le demuestra que estaba equivocado, no se le cae el mundo; simplemente actualiza su mente. No necesita “creer”, necesita comprender.
Ejemplo: Piensa en un médico o científico durante una pandemia. Al principio, basándose en la información disponible, cree que el virus se transmite solo por tocar superficies y recomienda guantes. Meses después, los datos demuestran que el contagio es por el aire (aerosoles). El hombre de conciencia tira los guantes a la basura y se pone cubrebocas. Cambió su conducta porque procesó la nueva información de forma crítica, sin apegarse a lo que dijo al principio.
En resumen: ¿Filtro o Lente Limpio?
Al final del día, la diferencia es cómo manejan la incertidumbre:
El hombre de fe prefiere la seguridad de una creencia rígida (aunque la realidad la esté golpeando).
El hombre de conciencia prefiere la incomodidad de dudar y analizar, sabiendo que es la única forma de acercarse a la verdad objetiva.

Gerardo, hola. Muchas, muchas gracias por esta reflexión. Dudar es, ciertamente, muy incómodo, pero absolutamente necesario. Karl Popper siempre tuvo la razón cuando afirmó que la verdadera enemiga de la verdad no es la mentira, sin la certeza. Las turbamultas están inundadas de certezas

Hola Alberto. Un muy buen escrito. Creo que otro tópico relacionado pero fatal es la cada vez más poderosa y perversa “turbamulta digital” . ¡Temible!
El señor “el mismo” ya puede sacar el bate. Tiene permiso de su patrón.

Hugo, hola. Gracias por leer y comentar. Las digitales son las turbas mas exacerbadas.

Que bueno sería, que a los malos gobernantes, les pasara lo que a Roberspierre en Francia en la época del terror.

Hola Jaime. Si este deseo es intenso y es masivo, puede hacerse realidad. Abrazo

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