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¿En dónde está la bolita?

Por Alberto Morales Gutiérrez

Las elecciones de hoy domingo son el escenario ideal para hablar del tema de las probabilidades. Tal vez como nunca, las expectativas de los electores de hoy están repletas de dudas, especulaciones e incertidumbres. Las encuestas, las matemáticas, los algoritmos, se tornaron en una “panacea incierta. Nadie puede estar seguro de absolutamente nada.

En el año 2007, Nassim Taleb, quien nació en 1960 en Líbano y es un economista reconocido, escribió un libro que tuvo cierta resonancia en importantes sectores de opinión en todo el mundo. Se llama “El Cisne Negro” y hace en él una reflexión sobre “el impacto de lo altamente improbable”.

La denominación del libro se origina en el hecho de que, a lo largo de los siglos, el color blanco de los cisnes era axiomático, hasta cuando en el año 1697, hace apenas 329 años, el mundo supo del navegante y explorador holandés Willem de Vlamingh, quien, caminando por entre los médanos de la Australia occidental, descubrió un valle formidable repleto de cisnes negros que nadaban impertérritos en un lago majestuoso, mientras se acicalaban exhibiendo la plasticidad de sus largos cuellos, y se sumergían con negra elegancia, buscando sus alimentos.

Fue, desde luego, un hecho inesperado, un hecho de gran impacto y que no era predecible, pues el color blanco de los cisnes fue una característica que prevaleció por miles y miles de años. Es solo a posteriori que puede descubrirse la razón de su existencia.

El cisne negro es, además, una poderosa metáfora que advierte de la trampa de la resignación que amenaza a ese tipo de conocimiento, al que llegamos solo a través de la observación. Pone en duda también la certeza estadística. La verdad es que cualquier cosa que ocurra con mucha regularidad, no ofrece la garantía de que ocurrirá así por siempre.

Más que divertida, la anécdota del denominado “Pavo de Russell”, también referida en el libro, es particularmente dramática. Se trata del pavo que, desde cuando nace, es instalado en una zona de comodidad inenarrable, en donde las condiciones son excepcionales y recibe en abundancia, sobre todo, la comida.. Ese pavo hace un análisis de la vida que ha vivido y para él es impensable que esa vida cambie. Desconoce que está siendo engordado para ser digerido el Día de Acción de Gracias. Ese es su destino ineluctable. Un destino que no pareciera encajar con los placeres que la vida le está brindando.

En el escenario electoral de nuestro país y, en la perspectiva de los aportes de “El Cisne Negro”, aparecen en el análisis, unas variables que se hacen presentes de manera destacada, en las narrativas de todos los frentes políticos confrontados.

Educadas en la lógica de la “causalidad”, todas las narrativas políticas de las organizaciones y personas enfrentadas, incurren en lo que Nassim Taleb denomina “la falacia narrativa”. Es la tendencia a inventar, forzar la existencia de una “causa” que le dé la explicación necesaria a lo que ocurre con nuestras predicciones y con los actos de nuestros contrarios. Nos engañamos forzando un “vínculo lógico” que nos permita concluir a nuestro favor, y en contra de lo que piensa el otro.

La otra herramienta de la narrativa política electoral es “la evidencia silenciosa”. Es también un autoengaño. Se trata de concentrarse en el análisis de los hechos, sobre todo en los que protagonizan nuestros contradictores, solo en una parte muy pequeña que nos interesa, una parte que “demuestra” nuestra hipótesis, nuestra crítica. Y, sobre la base de lo que tal parte minúscula nos brinda, predecimos “con certeza” todo lo que va a ocurrir.

Pero, la verdad es que por encima de lo que consideran los “genios” del análisis político, los “expertos” en la mecánica del voto y en las decisiones del elector; los “gurús” del resultado electoral; los estadísticos, los superdotados en el “like”, los malabaristas del algoritmo; la verdad, verdad, es que cualquier cosa puede suceder.

Son tan abundantes, tan inteligentes, tan poderosas las técnicas del engaño, las herramientas de persuasión, la actividad de las bodegas, las formas de inducir; los dineros que se mueven; la desaparición de la ética y la moral; la injerencia internacional, los mecanismos de la IA, la subyugación ejercida por las redes, la contaminación informativa, que cualquier cosa puede suceder.

No olvido, para no citar sino tres ejemplos, el carácter explosivo e impensable de los resultados del plebiscito por la paz de 2016 en Colombia; lo impredecible del resultado del Brexit en la gran Bretaña en el 2019; el impensable triunfo de Donald Trump en 2016; que demuestran la entronización de lo impredecible en la confrontación electoral.

No deja de ser emocionante el axioma cuántico de las probabilidades impensables: se hundió el RMS Titanic, un prodigio desarrollado por la “White Star Line” y que fue definido como una obra maestra de la ingeniería y un “barco insumergible”. De hecho, era tal la dimensión de su falacia narrativa, que solo fue dotado de 20 botes salvavidas, como elementos decorativos y que de nada servirían a 2.200 pasajeros que movilizaba. Un hundimiento era sencillamente impensable.

También era impensable que, armado solo de una honda, David lograra derrotar a Goliat.

La Batalla de Gaugamela en el 335 a.C, elevó a Alejandro Magno a alturas inimaginables, pues en condiciones muy adversas y con tan solo 45.00 hombres, derrotó a los persas, comandados por Darío III que contaba con 250.000 combatientes.

En el 1694, en la batalla de Hodów, tan solo 400 soldados lituanos se enfrentaron a 40.000 tártaros invasores y lograron derrotarlos.

El reino de las certezas ya no existe. Los predicadores de lo inevitable se han quedado sin discurso; la seguridad absoluta y la convicción total, también han sido derrotadas. La incertidumbre es la nueva verdad revelada.

Acaba de fallecer Edgar Morin, el creador de la teoría del “Pensamiento C0mplejo”. Él refiere a la realidad como un tejido en el que se superponen múltiples tejidos. Convocó siempre a que no hagamos lo que todos hacemos: reducirnos a lo que estamos viendo, concluir a partir de información mínima. A eso lo llama “inteligencia ciega”. Jamás podemos descartar el carácter azaroso del universo que habitamos, ni perder de vista la interconexión. “todo tiene que ver con todo”.

Wislawa Saymbroska, (1923-2012) la escritora e intelectual polaca, de inteligencia sobresaliente, escribió un largo poema al número Pí que es, en el fondo, una profunda reflexión sobre las matemáticas. Este verso del poema tiene la dimensión de una catedral:


“La serpiente más larga de la tierra
Suma equis metros y se acaba.
Y lo mismo las serpientes míticas,
Aunque tardan más…”

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