Por Alberto Morales Gutiérrez
Tras 28 años de ausencia, Voltaire regresó a París en febrero de 1778. Fue un largo viaje desde Ferney, su residencia, en la frontera con Suiza. Falleció tres meses después, el 30 de mayo. Tenía entonces 83 años y murió inundado de gloria.
El viaje, de cinco días, era incómodo desde luego, pero él lo hizo a bordo de un carruaje especialmente diseñado, que contaba con una amplitud y unas comodidades inusuales para la época. Voltaire era un hombre rico, muy rico, y sabía darse algunos lujos excéntricos.
Ya casi a la entrada de la ciudad el carruaje se varó y el decidió bajarse y continuar el camino a pie. Los campesinos que se encontraban a la vera trabajando, se dieron cuenta rápidamente de quién era el caminante y la noticia se regó, de manera tal que el hombre terminó ingresando a la ciudad acompañado por una multitud que lo vitoreaba emocionada.
Estamos hablando del siglo XVII. La Revolución francesa estalló el 5 de mayo de 1989, tan solo 11 años después de la muerte de Voltaire.
