Categorías
Al Alberto

“Ojos abiertos, oídos despiertos…”

Por Alberto Morales Gutiérrez

La frase del título, que hoy se aplica entre muchos otros, a temas tácticos de la guerra, a exposiciones artísticas o a blogs que muestran visiones alternativas; tuvo su origen en el eslogan de un noticiero de radio que ganó resonancia a mediados del siglo pasado en Colombia, creado por un periodista legendario y godo hasta los tuétanos: Mario Acosta.

Hacía referencia – me imagino – a la manera como se entendía el periodismo en el pasado. Esa vocación inquisitiva en la mirada de los hechos, para ver todos sus matices.

Ojos abiertos, oídos despiertos” apareció en mi memoria, leyendo un fascinante relato de Alberto Manguel sobre la invención de las gafas y lo que representó para el ejercicio de la lectura.

Refiere el enorme esfuerzo que se exigía a los ojos de los lectores y de los escribas en el medioevo, por la oscuridad de las habitaciones, sometidas a tener sus ventanas cerradas en el verano para protegerlas del calor y en el invierno para librarse de corrientes heladas. Habla también de los lectores y escritores que tuvieron problemas de visión a lo largo de la historia: Aristóteles, Lutero, Samuel Pepys, Samuel Johnson, Alexander Pope, Quevedo, Dante, Dorothy L Sayers, Yeats, Unamuno, Rabindranath Tagore, James Joyce, Borges – desde luego- para no citar sino unos pocos.

Aunque destaca que no hay certeza alguna sobre el nombre del creador de los lentes, menciona el hecho cierto ocurrido el 23 de febrero de 1306, cuando desde el púlpito de la iglesia de Santa María Novella de Florencia, Giordano de Rivalto predicó un sermón en el que recordaba a sus feligreses que la invención de los lentes había cumplido ya veinte años. Afirmó, además, que recién había hablado con su creador, pero no dijo su nombre.

La prédica entusiasmó a los investigadores del hecho histórico y algunos de ellos afirman que se trataba de un monje contemporáneo de Giordano, un tal Spina “de quien se dice que hacía gafas y enseñaba gratis el arte, a otros”. Encontraron también datos del Gremio de Cristaleros Venecianos quien, en el año 1301, publicó sus reglas y una de ellas se refería al procedimiento que debía seguir cualquiera “deseoso de hacer unos lentes para leer”.

Sorprendentemente, encontraron muchos años después una placa funeraria en la iglesia de Santa María Maggiore de Florencia en la que se lee: “Salvino degli Armati inventor de las gafas. Que Dios le perdone sus pecados. 1317”. Hay, de igual manera, quienes atribuyen su creación a Roger Bacon, y amparan su afirmación en un texto escrito por él en 1268 en el que explica en qué consiste la virtud de “examinar letras u objetos pequeños por medio de un cristal que tenga la forma de un segmento de esfera…”

No solo Manguel se ocupa de este tema. Es también fascinante el relato de Umberto Eco en “El Nombre de la Rosa”, cuando Guillermo de Baskerville le enseña a Nicola sus “Oculi de vitro cum capsula” y le explica las dificultades de su fabricación. La conversación que se desprende en ese instante sobre el significado de la ciencia es de antología.

Lo objetivo es que ya tiene la dimensión de un axioma el aforismo según el cual “el mundo es como cada quien lo mira”.

No existen dudas en el sentido de que este mundo de hoy, ofrece miradas diversas. Hay quienes creen que los avances tecnológicos y su visión del “desarrollo”, brindan el espectáculo gratificante de un “mundo feliz”. Es el club de los optimistas. Un grupo relativamente pequeño, claro. La inmensa mayoría de ellos trabajan en el sector financiero, presiden multinacionales, son apasionados de las nuevas tecnologías y el algoritmo les explica todo. Han desarrollado la capacidad de persuadir a mucha gente con su predicamento.

Pero hay, de otro lado, quienes sienten un gran agobio con la realidad que observan y descubren con horror lo que Michel Onfray denomina “el ejercicio del olvido” en el que se ha instalado la sociedad contemporánea. Un ejercicio del olvido que, hay que decirlo, ha construido y protagonizado e incentivado, el macho de la especie humana.

Ese hombre ancestral que aprendió a saber que existe y a saber que va a morir, en una adopción justa del tiempo de sabiduría cósmica, se ha instalado en la creencia absurda de que, merced al uso de los más sofisticados artilugios tecnológicos, será capaz de conquistar la eternidad.

Ese hombre que aprendió a saber que sabe soñar, a saber que sabe pensar en el futuro; se perdió en la debacle del tiempo acelerado que, contrario a lo que él ingenuamente piensa, “no desemboca en una aceleración infinita, sino en una abolición del tiempo”.

Ese hombre que aprendió a saber que tiene un sentido de la identidad, se sumergió en “un teatro de sombras” y adoptó la virtualidad como su nuevo mundo, para olvidar la posibilidad de existir.

Ese hombre que aprendió a saber prever las consecuencias de sus acciones no sabe ya sino sobre el instante presente, y a ese instante le apuesta su vida.

Ese hombre que aprendió a saber sobre su capacidad de elegir entre diversas alternativas de acción, ha renunciado a pensar y se ha convertido en un autómata de la idea dominante.

Ese hombre que aprendió a saber que podía emitir juicios de valor, ha perdido el juicio y se encuentra en un estado de inmovilidad paralizada. Ha decidido apartar su vida de lo vivo, ha convertido el desdén en su estado natural.

El saber, la sabiduría, no es ya lo que define al hombre. De manera paulatina, constante, inmisericorde, el hombre se ha encargado de asesinarla.

Es oportuno y relevante el llamado de Michel Onfray. Debemos: “…identificar a los depredadores para protegerse de ellos; recusar todo pensamiento mágico; descubrir el mecanismo del propio reloj biológico; vivir según los ciclos paganos del tiempo circular…cesar de estar en el mundo viviendo fuera del mundo”

Los abuelos nos lo hacían más comprensible cuando nos convocaban a “no tragar entero”.

Compartir

12 respuestas a «“Ojos abiertos, oídos despiertos…”»

La primera gran señal de este momento aparece en la ironía de tener que demostrarle a un robot que no somos un robot…
La humanidad llegó a un bucle como de filtración centrípeta en donde el uso de los sentidos nos salvan de quedar atrapados y comprimidos en el eje amalgamado de las mayorías del mundo de Huxley…

Hola Eduardo. Muchas gracias por leer. Has utilizado un ejemplo más que pertinente, en donde se refleja lo que ocurre con los seres humanos hoy. Hemos resignado en el silicio todo lo que hacemos y lo que somos…

También, cuando se pretende ” no tragar entero”, se cae en el terreno de ser un supuesto “crítico desconfiado”, sin saber que se inicia otro juego en un campo más peligroso y de suyo aprovechado por el poder: el de saberse “distinto”, que no es otra cosa que la trampa que el ego te tiende a no ser como los demás… siéndolo.

Hola Juan Fernando. Gracias por tu lectura. Haces un aporte importante. El ego desencadena también actitudes. Las personas que se “asumen” diferentes y actúan con esa pose, son fáciles de detectar.

“No trague entero mijo” me decía mi abuelita vaya sabiduría en una sola frase, como falta hoy en día donde mal llamados medios tiene programas de llamados famosos, influencers y mas peroratas que solo traen basura y que lamentablemente los jóvenes y los carentes de mentes se los tragan y aplican enteros

Hola Jesús. Muchas gracias por tu comentario y lectura. La estrategia es derrotar el pensamiento.

Tiene razón don Alberto, en su respuesta en la que cita la estrategia es derrotar el pensamiento, los algoritmos en las redes sociales nos embrutecieron y con todo lo que publican los influencers quedamos en total oscuridad. Gracias por sus escritos….

saludo. creo que el nombre de acosta era tocayo tuyo. Alberto acosta dejo huella por lo fascho y notorio y entiendo que mucho trabajó en todelar….

Hola Francisco. Muchas gracias por leer. A decir verdad, Mario Acosta y Alberto Acosta eran primos. Empezaron a trabajar juntos en RCN siendo muy jóvenes y los dos dejaron su impronta en el periodismo colombiano. El noticiero de la frase fue una iniciativa de Mario pero en él tambien trabaj´su primo Albeto. Era un noticiero de televisión. Muchas gracias por tu aporte.

Y dentro de la tristeza del saber una juventud no inspirada, pero si muy manipulada, encontramos pensantes como vos-otros. GRACIAS!!!!

Los comentarios están cerrados.