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La falacia del voto útil

Por Alberto Morales Gutiérrez

La inmensa mayoría de los votantes en la primera vuelta de las elecciones en Colombia, sienten, piensan, creen, que si gana el candidato diferente al que ellos votaron, Colombia se va a precipitar por un abismo y ya nunca podrá salir de esas profundidades. Así, la lógica argumental de la pregunta construida por cada bando, es la lógica apocalíptica: “¿Vas a votar por la democracia o por la guerrilla? / ¿Vas a votar por la justicia social o por el fascismo?”

Cualquiera sea el candidato que gane, sus opositores están absolutamente convencidos de que el país que conocen, va a desaparecer. Desde ese raciocinio, tratan de persuadir a todos aquellos que no votaron por ninguno de esos dos candidatos finalistas, para que lo hagan en la segunda vuelta por el que ellos proponen.

Piensan que depende de esos votantes, que el país “se salve”. Uno de los argumentos que más esgrimen es: “háganlo por sus hijos, por sus nietos, háganlo por lo que más quieran”. Y entonces, aparece el argumento del voto útil como la urgencia vital de estas horas aciagas. Ellos, desde luego, están confundidos, porque lo cierto es que el triunfo o derrota de cualquiera de sus candidatos, jamás puede depender de quienes piensan diferente a lo que ellos y esos dos candidatos finalistas, piensan. 

El argumento final para justificar el voto útil es una manera de edulcorar el carácter inmoral de lo que proponen. Dicen que hay que ser pragmáticos (para salvar al país) y que por ello se debe votar por el “menos malo” que es, en este caso, el candidato de las preferencias de quien está convocando a votar por él.

Esta extraña invitación, en un escenario de democracia; es una convocatoria a que, quienes votaron diferente, contribuyan a degradar hasta el extremo, todo lo de pensamiento, lo de libertad, lo de ideología, lo de visión del mundo; que anida y debe anidar en la decisión política del voto.

No existe diferencia alguna entre quien vende el voto, lo compra, lo obliga, lo corrompe; y quien lo maquilla y le cambia la cara para hacerlo útil.

Así, toma forma específica el chiste de Groucho Marx: “estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Una frase que sintetiza la incoherencia, la ausencia de ideas, la hipocresía y la corrupción políticas. La verdad es que el voto útil hace que la decisión de votar pierda todo su significado.

Naturalizar su práctica ha contribuido de manera decisiva a envilecer la política y explica, en buena parte, la evidente desaparición de los partidos políticos. Cuando la política se transforma solo en una práctica electoral que, además, debe revestirse de pragmatismo: “hay que hacer todo lo que haya que hacer para ganar”, entonces ocurre que la ideología política, la ética política, la moral política, la práctica política, se convierten en una grosera colcha de retazos en la que cabe cualquier andrajo. 

El ejercicio del pensamiento ha sido sustituido por la emoción ciega. ¿Es De la Espriella un patán ignorante, un encubridor de delincuentes, un estafador?, ¡no importa!. ¿Es Cepeda un corifeo de Petro, que avala su disfuncionalidad, su egocentrismo, su protección desembozada de corruptos de siete suelas y  cultor del modelo neoliberal? ¡No!, ¡es un revolucionario!

Así, los partidarios del uno, gritan excitados: salve usted la patria, “¡por la razón o por la fuerza!; mientras los del otro responden con indignación: “¡hay quienes quieren ser gusanos para ser pisados!”. Todos ellos, sin distingo, quieren salvar a Colombia a como dé lugar. Incluso a garrotazo limpio

Los unos y los otros parecen desconocer el tortuoso camino recorrido por el voto, antes de que los mercaderes empezaran a hacer con él, lo que vienen haciendo.

¡Ah!, de sangre derramada, de combates, de ideas, de debates y suplicios; los que están asociados al surgimiento del voto y al derecho a ejercerlo. La dimensión conceptual del voto no merece el destino al que quieren reducirlo.

Las revoluciones burguesas contra el despotismo monárquico y feudal, abrieron paso a las democracias y rompieron esa idea absurda según la cual el gobernante, el rey, el déspota, había de llegar allí por decisión divina. Tales revoluciones en auge desde fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, instauraron el sufragio como el derecho político y constitucional a votar los cargos públicos. Son los ciudadanos quienes eligen a sus gobernantes. Solo ellos.

No es cierto, nunca lo fue, que en la Grecia y la Roma antiguas existieran la democracia y el derecho al voto. Los senadores romanos que hacían parte de ese club privado al que solo accedían un puñado de privilegiados, eran quienes seleccionaban al emperador de entre ellos. Los ciudadanos romanos nada tenían que ver. La misma lógica de un cónclave de cardenales que se reúnen a elegir su Papa.

De hecho, aún en medio de las revoluciones triunfantes, la conceptualización del voto exigió más sangre, más dolores y nuevas revueltas. Ese derecho fue ejercido inicialmente solo por los hombres (el patriarcado no cedió un milímetro en esas épocas de transformaciones). Eran, además, hombres que debían tener capacidad económica y educación. El voto era elitista. Esas revoluciones no derrotaron el mundo de los privilegios.

Lo que hoy se conoce como el sufragio universal, el derecho que tiene todo ciudadano sin importar su género, su educación, sus condiciones económicas, a votar, a elegir y a ser elegido, fue estatuido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Antes, en 1893, Nueva Zelanda declaró el voto como un derecho que las mujeres podían ejercer. En nuestra América, fue Uruguay quien lo estatuyó en 1927. Las mujeres en Colombia solo pudieron hacerlo a partir de 1957. El acto legislativo fue aprobado en 1954.

En democracia, el voto es un poderoso mecanismo de participación ciudadana. Es un acto decididamente personal y por sobre todo, un acto de voluntad política. Es, en esencia, profundamente ideológico. El voto refleja una opinión personal sobre cómo quiere usted que sea su país, su región, su ciudad. Cómo interpreta su calidad de ciudadano, cuál es su idea de la vida en comunidad, su idea de la libertad, su idea del gobierno, su idea de los derechos y de los deberes. Entraña también una visión de futuro. La visión suya, desde luego.

Esa expresión de lo que usted piensa, explica la validez e importancia del voto en blanco, por ejemplo, porque implica que usted se traslada hasta el puesto de votación y ejerce su derecho ciudadano, aplicando todo el protocolo previsto por la ley; señalando en el tarjetón el espacio constitucionalmente previsto para votar en blanco. Ejerce, con ese acto, el derecho a expresar que ninguno de los candidatos representa lo que usted piensa, ni representa su idea de la ciudad, de la región o del país que quiere para usted y para los suyos. Nada que ver con el abstenerse de votar.

El voto útil, en cambio, no es nada distinto a una marrulla electorera. No está previsto en la Constitución, es un artilugio que solo le sirve a quien cree que la única idea válida en el ejercicio ciudadano, es ganar a como dé lugar. El voto útil instrumentaliza a quien cae en su trampa, impacta su identidad, lo convierte en el otro. El voto útil es, a no dudarlo, una falacia.

Pero hay una acotación adicional: el voto útil no está en capacidad, nadie está en capacidad, de detener la crisis de este país.

La crisis genera temor, es cierto. A nadie le gusta la crisis, pero ella es no solo un fenómeno dialéctico, sino que es inexorable. Esta crisis, que es una crisis ética por sobre todas las cosas, es una urgencia manifiesta. Solo la crisis creará las condiciones para el despertar ético, el despertar del pensamiento crítico, y para la reconstrucción social. La crisis no es parálisis, la crisis antecede a la transformación. Así han sido las crisis, desde el principio de los tiempos.

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34 respuestas a «La falacia del voto útil»

Hay que ver el bullying incesante, pertinaz, del que somos objeto quienes usamos manifestar la intención de votar en blanco. De idiotas en ignorantes son las tildes más bajitas que nos chanta la horda partidista.

Los argumentos más rocambolescos y disparatados se esgrimen para demeritar nuestra posición. Culpas futuras, tibiezas manifiestas y un desprecio venenoso.

Ante tanta estulticia, mejor callar delante de tanto demócrata y politólogo egresado de WhatsApp, porque, a posteriori, ni derecho a criticar tendremos cuando el respectivo mesías comience su demostración de más de lo mismo.

Los únicos que vamos a tener el derecho a abrogarse la manida frase “Hasta que la dignidad de vuelva costumbre” , como que vamos a ser los que elegimos que ningún elegible nos representa.

Juan hola. Muchas gracias por tu lectura y comentario. Sí, hay matoneo. Eso hace parte del libreto de quien asume su verdad como la única posible, la única aceptable.

Alberto estoy de acuerdo estamos en una crisis ética.
El voto en blanco es una opción válida.

Pacho, que bueno verte por aquí. Sí, una gravísima crisis ética. El pensamiento crítico es una necesidad, ¡un imperativo!. Muchas gracias por lee y comentar.

Esto de las elecciones saca de todos su mejor parte..!! El problema es que no nos detenemos a ver con claridad qué es “ lo mejor” para esa persona.
Detengamonos un momento y observemos lo que dice y quien lo dice porque para todos nosotros siempre resulta una gran sorpresa.
Eso que está afirmando nunca cuadra con lo que está viviendo porque lo que está viviendo lo estamos interpretando exactamente al contrario…
En el mal proceder viene inmerso su castigo..esperemos a ver sus caras cuando su propio candidato le joda la vida..!!

Hola Eduardo. Gracias siempre por pasar por aquí. Tu reflexión me remite a Ortega y Gasset: “cabalgamos en nuestras creencias”. El mundo es como cada quien lo ve.

“…las condiciones para el despertar ético, el despertar del pensamiento crítico, y para la reconstrucción social.”, tienen mayores posibilidades en un gobierno que por lo menos no lo impida.

Nada mejor que votar sin la presión de las circunstancias y con la serenidad de que perder no va a ser el fin. Pero en la actual coyuntura rememoro a Los Aliados de la segunda Guerra Mundial para definir mi voto por Cepeda.

Resumo, no sé si bien: Ningún candidato, no importa cuántos, va a recibir el apoyo de la totalidad de los votantes o aptos para votar, entonces para qué, cómo es nuestro caso, segunda vuelta o balotaje. ?
Con todo respeto, Dr Alberto, pero parece que a Ud nada le gusta y ‘ todo está mal hecho’, emulando al ese señor escritor y conferencista, ateo como Abelardo, de apellido Vallejo, ( no recuerdo su nombre en este momento) y que ni siquiera vive en Colombia.

Hola Olmedo. Muchas gracias por leer y comentar. No, no es el desprecio a la segunda vuelta lo que propone mi reflexión. Tampoco des cierto, Olmedo, que nada me guste. He escrito sobre novelas que me han conmovido, películas, filósofos, libros de ensayo, personas. Es cierto, sí, que la mayor parte de las veces, tengo una actitud crítica frente a muchos hechos y personajes. Lo hago con toda la intención. Siento que el pensamiento crítico es necesario, pienso que no debemos tragar entero. Pero también, siempre, he tenido una actitud de gran respeto por la diferencia y por lo que piensan los otros. Tu observación es respetuosa y así la asumo. Un abrao.

Estoy completamente de acuerdo con el Sr Olmedo Gutiérrez, común en esta sociedad tan arribistas y acomodadas . No sé piensa en el bien común sino en el individualismo

Hola Beatri. Muchas gracias por pasar por aquí, por leer y por comentar. No creo que toda actitud crítica sea una ausencia de pensamiento en el bien común. La historia de la rebeldía es la historia de la defensa de los intereses colectivos. Te reitero mi gratitud por tu interés.

Don Alberto, entonces, cuál sería el camino a seguir por los candidatos que ‘clasifican’ para una segunda vuelta si no pueden recurrir a tratar de convencer a los que se abstienen de votar o votan en ‘blanco’. Porque si no pueden buscar más adeptos a sus propuestas, entonces para que el balotaje.

Hola Olmedo. Creo que cada campaña debe hacer lo que considere. Creo que si no es una campaña en la que quien reflexiona no ha participado, debe dejar que esa campaña actúe en consonancia con su visión del mundo. Así, todos hemos visto campañas que recurren a muchas prácticas, muchas de las cuales no son éticas. Hay campañas que para ganar, compran votos, compran consciencias, buscan artilugios. También podrían hacer un gran esfuero en explicar la consistencia de sus ideas y propuestas, para hacerse entender por nuevos grupos de ciudadanos. En lo que tiene que ver con mi reflexión en la columna, he tratado de explicar que el concepto del voto útil, además de ser una propuesta no ética, va en contravia de lo que filosófica y conceptualmente significa el voto en la democracia, como expresión de lo que el elector piensa. Al optar por el voto útil, el elector decide por algo que, en su primer voto, no compartía. Es solo eso Olmedo, reivindicar la ética porque, en las elecciones en todo el mundo, los candidatos pueden ganar o pueden perder.

Alberto excelente análisis el que haces en tu columna, una crisis ética la que vivimos y que espero conlleve a una transformación que dé lugar a una nueva construcción social. Muy valiosa tu columna

Durante los últimos tres domingos he intentado publicar comentarios desde mi celular y no me lo ha permitido, dice Not acceptable… yo muy triste pues no entiendo como los que fungen como autoridad, permiten que un aspirante se inscribe con muchas cédulas falsas y no lo saquen de tajo por tramposo. Mi país se caracteriza por dejar gobernar a quien se roba una reelección. hoy tenemos a un gringo que se arrastrará y cumplirá su lealtad al del norte. Hace cuatro años participó un candidato que tenía un pie en la cárcel y luego allí terminó. Que dolor y angustia la que siento por los que se escudan en el voto en blanco, no son convicciones es odio contra lo que se dice contrario a ellos entonces como el grillo que votó por los insecticidas y cuando los fumigaron a todos….tenga… que Dios salve a mi patria

Hola Helena, gracias por leer y comentar. Entiendo tu angustia. La percepción que tienes de De la Espriella (que creo además, es cierta. El tipo es un patán detestable) reafirma las convicciones que te hacen ver en el otro candidato la alternativa cierta. Como el escenario no ofrece una ventaja significativa a ninguno de los dos candidatos, como no hay un triunfo asegurado, entonces consideras que quienes no votaron por el patán, pero tampoco por el otro finalista, deberían o están obligados moralmente, éticamente, a votar por ese otro finalista. Asumes que su decisión de votar en blanco, es decir, expresar con su voto que ninguno de los dos candidatos en contienda los representa, es un acto de odio, incluso de ignorancia por no entender. Yo insisto en que nuestro deber ciudadano es votar por aquello en lo que creemos. Tu lo vas a hacer por tus convicciones, los que creen que el patán es la solución, tienen esa convicción y tú no los instas a que hagan lo contrario. Me parece entonces que resignar en los votantes en blanco todo el peso de lo que va a ocurrir, negarles la inteligencia y despreciar sus convicciones es, por lo menos, un acto discriminatorio y carente de justicia. Creo que demócratas como tú, personas inteligentes como tú, no se merecen incursionar en los médanos del sectarismo. Un abrao. Valoro siempre tu lectura y tus comentarios.

Don Alberto, puede que no odien los tibios, pero el momento es crucial. Nosotros somos la generación que aupamos doscientos años de infamias y eso me duele. Miren los vecinos de ultraderecha, no es lo que quiero para mi país… pero la suerte está echada…

Es cierto Helena, estamos viviendo una situación crítica. Soy de quienes piensan que es una crisis inevitable. Será, desde esa situación de crisis que seremos capaces de encontrar soluciones colectivas.

Colombia tiene historia y no la odemos dejar atras quienes y como han goibernado este pais? el voto en blanco ayuda? NOOOO se debe tomar partido y hacerlo informado leyendo y decidir, no conozco prot¿yectos qiue salgan adelante con un “Hay yo no se”

Hola Jesús, gracias por pasar por aquí, gracias por leer y por comentar. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que ni el nuestro, ni ningún paìs del mundo, ninguna sociedad, tiene la posibilidad de salir adelante, si las gentes que los integran tienen una actitud pasiva y se refugian en la frase “hay, yo no se”. La que no comparto es tu idea de que la decisión del elector del voto en blanco es una decisión carente de información, de lectura, de reflexión. No lo creo porque se trata además de una decisión compleja que exige, por el contrario mucha evaluación, coherencia y consistencia en el pensamiento. Un abrao Jesús Heraldo, en lo que a mi respecta, el disenso, el que no estemos de acuerdo en torno a este tema específico y que ello lo expresemos sin violencia, debe asumirse como una virtud de la inteligencia.

“La neutralidad en tiempos de crisis no es neutralidad, es complicidad”

“Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”

Desmond Tutu

El 21 de junio en Colombia se elige la política de la vida o la política de la muerte.

Hola Héctor Ivan. Muchas gracias por leer y participar. Me parece interesante tu alusión a la neutralidad como una manera de definir la posición de quienes hemos decidido votar en blanco. Creo que tienes una gran confusión. La neutralidad es abstenerse de participar. No meterse en el debate. El voto en blanco participa. Dice que ninguna de las dos posiciones en conflicto lo representa. Expresa su decisión de negarse a entender que hay una parte buena y una parte mala en ese conflicto. Considera que las dos partes no proponen ni el paìs, ni la relaciones, ni las ideas, ni los abordajes, ni la serenidad, ni la ética que el país necesita y merece. No asume que haya una parte salvadora y otra maléfica. Dice de manera clara que es necesario tener otra mirada. El 21 los del voto en blanco iremos a votar, señalaremos en el tarjetón la casilla en blanco que, como es evidente, es un voto legítimo, una posición legítima. Me niego a ser instrumentaliado, a ser útil a cualquier causa que no sea la mía y la de quienes niegan la existencia de dioses o de políticas infalibles. Creo que debes ejercer tu voto con convicción y lo respeto. Ojalá se cumplan todos tus sueños.,

Como se esfuerzan en disimular el facho que llevamos dentro! A veces nos provoca destripar y quemar! No soportamos a los negros, ni a los motonetos, ni al taxista que no pone direccionales, o al costeñito prepotente, ni a veces a nosotros mismos; y más ahora cuando nos ponen a escoger entre un paraquito perfumado y un “guerrillero”; todo un dilema muy de acuerdo con la evolución política del país, un constructo mediático pertinaz y mil veces cansóny degradante.
Nos salva, eso sí, el estudio concienzudo y el conocimiento de la historia y el imaginario del colombiano, además de toda una realidad de precariedad que se ha tratado de remediar con medidas que han sido efectivas para rescatar de la pobreza a mas de dos millones de compatriotas que de otra manera perecerian.
Así, ese al que la oposición llama guerrillero y bandido, representa la ecuanimidad y una 7actitud inteligente ante la historia actual del país. Un voto en blanco es poner el Destripador en la presidencia
Los que van a votar en blanco quisieran hacerlo por Abelardo, al fin y al cabo no les importa ni fu ni fa, solo la vergüenza de sentirse como un traidor a un verdadero sentido de patria.

Hola Juan Fernando. Gracias por leer y comentar. Hay un factor común en casi todos los objetores del voto en blanco, que se encuentran en las filas de las dos campañas actuales. Tanto los seguidores de Abelardo como los seguidores de Cepeda, consideran que el voto en blanco favorece a su contrincante. Es una preocupación entendible dado el virtual empate entre uno y otro candidato. Nadie tiene seguridad alguna de triunfar. Pero esa convicción de favorecimiento es decididamente irracional. Creo que tú entregas la “prueba reina”. Desde tu predicamento, quienes vamos a votar en blanco “quisiéramos hacerlo por Abelardo”. Desde luego no es ese mi caso y he tratado de sustentarlo, pero me asalta una reflexión. Si aquellos que van a votar en blanco quisieran hacerlo por Abelardo, ¿por qué no lo hacen directamente por Abelardo?. No veo creíble que lo hagan por la vergüena de no sentirse como traidores. Con todo respeto, veo tu diatriba un tanto desflorada… Un saludo. Ojalá el resultado final de las elecciones te satisfaga.

Hola Alberto. Estás abogando por otro voto útil (no sé a quien, pero si al que gane): el voto en blanco. Me recuerda un texto de Brech: hoy vinieron por un comunista pero yo no soy comunista. Vinieron por un gitano y un homosexual. Pero no soy nada de eso. Tranquilo. Ayer vinieron por un socialdemócrata pero yo no tengo partido. No tengo nada que ver con eso. Están tocando. Vinieron por mí, y ya no hay nadie.

Hugo, muchas gracias por pasar por aquí y por opinar. Creo, con convicción, que el voto en blanco no es sujeto de negociación alguna, pues representa la quinta esencia del voto soberano. Representa la voluntad única y exclusiva de quien, con esa posición, ejerce el derecho al voto. El voto en blanco no se vende, no se canjea, no produce dividendos. El voto en blanco, contrario a lo expresado por otros lectores, no es lo mismo que la neutralidad, no, el voto en blanco representa una posición clara: los dos condidatos en conflicto no nos representan. Aprecio que los compañeros que se indignan con el voto en blanco no hacen en sus arguimentaciones, ninguna referencia a la ética, a la moral, a los principios, a la filosofía del voto. Todos nos convocan es a sumarle nuestro voto a su candidato, toda la invitación es a votar por su candidato porque, a su juicio, es el que salvará la patria. A mí no se me ha ocurrido ni se me ocurrirá, invitar a mis amigos, conocidos y a los desconocidos, a que voten en blanco. Pero bueno. Muchos de ustedes no me han entendido. Ya más, no puedo hacer…les perdono.

Creo que son los fajardianos quienes ahora votarán en blanco a pesar de la sugerencia de su jefe que llamaba al respeto y la tranquilidad para dejar todo igual. Lo mismo hace Abelardo pero dicho en forma burda, sin tapujos, como a muchos les gusta, de frente y a la lata. De la Espriella es la exageración pertinente con el fin de estimular el fachito que todos llevamos adentro y que atenuamos con el conocimiento y con los deliquios de la conciencia de clase, por eso sacó más de diez millones de votos y Fajardo solo uno, con la misma propuesta edulcorada.
En resumen: Fajardo y Abelardo son lo mismo pero con el disimulo necesario y pertinente.
El sionismo ordena mi querido Alberto.

Hola Juan Fernando. No sé. Me parece que la construcción de tu silogismo “Fajardo/Abelardo son lo mismo” es más que forada. No estoy en contra del humor, ni del sarcasmo, ambos requieren mucha inteligencia. No comparto, desde luego, la visión y el actuar político de Fajardo y mucho menos el de Abelardo, pero cuando hay mucha carga, mucho de sectarismo y poco de reflexión, tanto el humor, como el sarcasmo, como el silogismo, se desbaratan. Lo digo con todo el afecto.

Hola Alberto. Escribo tarde este comentario y es posible que no lo lea nadie. A 6 días de haber escrito tu columna, Alberto, decidí nuevamente leerla. La he leído 4 veces. Y claro que es respetable votar por cualquiera de los dos candidatos como votar en blanco. Tampoco dudo que tu decisión sea fruto de haberlo pensado. Faltaba mas. Te respeto mucho. Pero déjame decirte que no he encontrado en tu escrito ni un solo argumento concreto para el momento concreto. Todo filosofía existencial y ejemplos ajenos al caso. +Yo tengo claro que siempre votare por quien se comprometa al menos con cinco asuntos: La necesidad urgente de ir aminorando el abismo-otros le dicen brecha-entre los que tienen nada o poco y los consorcios que se llenan los bolsillos. 2.- que cada día se cumplan y respeten más los acuerdos de paz. 3.- que se cumplan y sigan respetando cada vez más las leyes de igualdad de genero (no a la violencia real contra las mujeres, no a la violencia a comunidades del LGTV+). 4.- defensa del derecho de las mujeres a ser dueñas de su propio cuerpo. Habría muchos más puntos pero me consuelo con esos. Por eso me es imposible votar en blanco con la excusa de que sus propuestas no me convencen. Por otro lado no puedo decir que no estoy enterado de la propuesta que hay detrás del uno de los candidatos. Y lo que hay es un proyecto fascista, de exterminio de oponentes, el un proyecto de corte internacional que pretende que la ilegalidad llegue al poder y desde allí cortar toda oposición: prensa, instituciones, congreso, cámara, altas cortes, que no obedezcan y no aprueben sus pretensiones. Es el mismo proyecto de gringo, argentino, ecuatoriano, chileno, boliviano y ahora peruano, apoyado en toda forma por la derecha extrema europea y el sionismo israelita. No puedo decir que no estoy enterado y por eso me es imposible votar en blanco. Un saludo.

Hugo Hernán, muchas gracias por tu lectura y comentario. Respeto mucho tu abordaje del tema. Esta semana conocí un texto de la periodista Jimena Puyo explicando su voto en blanco y sentí envidia con su inteligencia argumental. Tienes razón, mi explicación es muy conceptual (tengo ese vicio) debí ser mas concreto y centrado.

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